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Día
21 de Enero de 2.008. Estoy desandando los primeros kilómetros de
esta extraordinaria aventura que promete emociones a granel,
bordeando los límites físicos y, al mismo tiempo, provocando la
sensación de estar desandando lugares edénicos, dueños de una
belleza singular: los morros de la Sierra de la Mantiqueira tienen
ese encanto que fascina mis sentidos porque me “obligan” a
observarlos casi permanentemente aún cuando recorro lugares de difícil
tránsito que requieren una gran atención en cuanto a los caminos
que vamos pisando. Pero es inevitable el “contemplar” semejante
belleza: montañas totalmente alfombradas de un verde intenso que
indica una vegetación vigorosa saturada de clorofila. Ese verde es
el principal indicativo de un alto porcentaje de humedad. La lluvia
que nos acompañó en la largada en Pozos de Caldas, ahora, a medida
que pasan las horas, se intensifica transformándose en lluvia
intensa y, luego, torrencial. En el caso de quien suscribe, esta
factor climático siempre ejerció efectos benéficos, es como que me vigorizara, me refrescara
y, al mismo tiempo, me “levantara”. Estoy en el grupo de los
“más lentos” que es bastante numeroso: el Sahariano Rodrigo
Cerqueira y el norteamericano Jason Obirek son dos de ellos, están
haciendo la carrera delante de mí, los veo en distintas partes del
camino, pero no puedo alcanzarlos por su ritmo más veloz hasta que
finalmente deciden parar para ser asistidos por el vehículo de la
organización por cuanto los pies del corredor americano comienzan a
sentir el rigor del camino y la distancia con la aparición de
ampollas. Esta circunstancia hace que los supere a ambos y, a partir
de allí, comienzo a incrementar el ritmo, a veces trotando, a veces
caminando y, cuando la tenue lluvia se transforma en tormenta
tropical, aumento aún más la velocidad. Me siento muy fuerte y
“empujado” por el agua. Pero no me daba cuenta que quien hasta este tramo de la ultramaratón se
mostraba como una “aliada” mía finalmente me traicionaría con
sus impiadosos efectos consistentes en dolorosas y molestas ampollas.
Mientras
tanto, en el grupo de elite, ya se trababan en dura pelea grandes
figuras de la ultramaratón como el ganador de la primera edición
de esta carrera: Aureo Adriano;
el recordista de la Vuelta a Florianópolis de 150 kilómetros,
Jaime Rocha; José
Adilson ( Ligerinho); Sydney Luis Rocha y el internacional Sebastiao
Da Guia, entre otros. Cualquiera puede ganar porque todos muestran
un gran nivel y preparación y porque semejante carrera, tan larga
vuelve impredecible el nombre del vencedor.
CONTINUARÁ.
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