Cordoba - Córdoba
Un cordobés por el mundo
Por Gonzalo Patricio Frias


026-05-2008 // Octava entrega
ULTRAMARATONA BRAZIL 135 MILLAS: CORRIENDO EN EL PARAÍSO.
VIII ENTREGA: MARCHANDO CON CARLOS DÍAS Y ERISVALDO PAULINO-ALUCINANDO CON LOS ÁRBOLES.
  

Cuando mi esposa me dejó en solitario en la cómoda habitación de un hotel en la Ciudad de Inconfidentes, debo admitir que la tentación del confort me invadió totalmente. Ya había superado el meridiano de la prueba ( alrededor de 120 kilómetros), pero todavía restaban 100 kilómetros más y la sumatoria del cansancio, la falta de descanso y el endurecimiento de los músculos ( ya a esa altura con una tremenda cantidad acumulada no sólo de distancia sino también de ácido láctico) terminaban de darle forma a un peligroso cóctel que anunciaba la posibilidad del abandono de la competencia.  

En esos momento, cuando mi mente jugaba con los límites a los que había arribado mi cuerpo, un golpe en la puerta de la habitación preanuncia el destino de mi carrera: Es Erisvaldo Paulino, uno de los peregrinos que toman parte de esta prueba quien con voz firme me dice que debo continuar y que para ello me apoyaré en él y en su compañero ejecutor de grandes epopeyas atléticas: Carlos Días, autor de la hazaña de unir a pié todo Brasil de norte a sur totalizando la friolera de 9000 kilómetros. 

La táctica es sencilla: Hay que marchar toda la noche sin parar, es decir caminar por espacio de, por lo menos 12 horas. Para ello, no debemos separarnos: en la ruta, por el paso de los autos, siempre en fila india, pero ya en plena montaña podemos ir caminado en una misma línea. Carlos y Erisvaldo tienen un ritmo más fuerte que quien suscribe, pero con el correr de las horas me animo a acelerar el paso de la caminata y hasta incluso superarlos ubicándome a la cabeza del trio. Finalmente, termino por desprenderme y comienzo a alejarme de ellos. 

Paralelamente, una duda surge en mí: lo correcto es esperarlos y así evitar perderme o, por el contrario, aumentar el ritmo de la marcha y terminar de  alejarme? Opto por lo segundo. Esto hace que camine unas cuantas horas más en medio de la noche y en la más completa soledad: ningún signo de vida, ningún movimiento de autos ni de personas . Hasta que aterrizo  en el medio de un campo con la única muestra de vida en ese momento de la competencia: Son vacas y cebúes  que me observan atentamente. Es más: debo pasar por el medio de todos ellos. 

Esta situación me hace pensar si estaré perdido, sensación que aumenta cuando no veo ninguna señal de mis compañeros de marcha quienes, supuestamente, vienen andando detrás mío.  La noche se hace interminable, ningún sonido, total quietud, total silencio, total  oscuridad. Hasta que comienza a amanecer y con las primeras van a acompañarme personajes imaginarios que se van gestando mediante la transformación de las sombras de los árboles: adquieren formas humanas para seguirme a cada paso, sin tregua, sin permitirle descanso a mi atormentada mente.  Me asustan porque los veo, pero al mismo tiempo sé que no son reales. Todavía puedo distinguir lo que es real y lo que no lo es. Quiero que desaparezcan, quiero que ya los enanos no emerjan más del follaje y que los troncos de los árboles no conviertan sus siluetas en extraños perseguidores…….

CONTINUARÁ…

 

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