Londres - Inglaterra
La tradición Olímpica de la protesta
Un informe de la BBC
Las
protestas y los boicots son prácticamente otro deporte olímpico
De
hecho, es raro que unas olimpíadas se celebren sin controversia.
"Los juegos son un blanco fácil
para los boicots", me dijo Tony Bijkerk, secretario general de la
Sociedad Internacional de Historiadores de las Olimpíadas (ISOH, por sus
siglas en inglés).
"No estoy de acuerdo con los boicots
porque afectan más que nada a los atletas. Pero cada cuatro años los
juegos constituyen un podio internacional para las protestas, y no es
mucho lo que el movimiento olímpico puede hacer para evitarlo", añadió.
Cuando Barcelona acogió sus exitosos
Juegos Olímpicos en 1992, era lar primera vez desde la cita de Roma 1960
que no había boicot.
Se trataba de aquellos días en que la
Guerra Fría ya había terminado, y otro motivo de boicot, el apartheid,
también desaparecía en Sudáfrica.
Tradición
Esta oportunidad para que
Pekín muestre cómo China se incorpora al mundo moderno también ha dado
a muchos la oportunidad de retornar a lo que es, en realidad, la larga
tradición olímpica de protestar.
Los juegos
de Pekín ya han vuelto a revivir una larga tradición.
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En 1908, atletas irlandeses boicotearon los juego de Londres para reclamar
al Reino Unido la independencia de Irlanda.
Además, hubo alguna tensión cuando el
atleta que llevaba la bandera de Estados Unidos no quiso hacer la
reverencia protocolaria al rey Eduardo VII.
"Esta bandera no se inclina a ningún
rey terrenal", dijo el capitán del equipo estadounidense, y la
tradición ha continuado hasta hoy por lo que habrá que ver qué sucede
cuando Londres sea la sede olímpica en 2012.
En 1932 hubo un anticipo de lo que se
avecinaría poco después cuando en Los Ángeles un atleta italiano hizo
el saludo fascista en el podio.
Berlín
1936
Los juegos berlineses de
1936, concedidos a Alemania antes de que Adolfo Hitler llegara al poder,
"se tendrían que llevar la medalla de oro a los más
controvertidos" según el vicepresidente de la ISOH, David
Wallechinsky.
Los nazis inundaron los juegos de
propaganda y hubo llamados al boicot, el cual algunos atletas judíos
llevaron a cabo.
Estados Unidos asistió a los juegos
luego de que Avery Brundage, presidente de su Comité Olímpico, rechazara
las peticiones de no acudir.
La ironía es que esas olimpíadas son
recordadas por los triunfos del atleta negro estadounidense Jesse Owens,
quien ganó cuatro medallas de oro bajo las mismas narices de Hitler.
A propósito, el relevo de la antorcha olímpica
fue una idea de los organizadores de los juegos de Berlín con un propósito
de auto glorificación. Está por ver si esa práctica sobrevive a las
olimpíadas de Pekín.
Guerra
Fría
Después de la interrupción de la Segunda Guerra Mundial, los juegos se
reanudaron pero comenzó, entonces, la Guerra Fría.
En Helsinki en 1952 los deportistas de la URSS se mantuvieron del lado
soviético de la frontera y sólo cruzaron a Finlandia para competir.
En 1968
John Carlos alzó el puño en reivindicación racial en las
olimpíadas de México.
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En 1956, la crisis de Medio Oriente se hizo sentir cuando Egipto, Irak y
el Líbano no fueron a Melbourne en protesta por la invasión de Suez por
parte del Reino Unido y Francia.
A su vez, Holanda, España y Suiza se
negaron a participar por la intervención de la Unión Soviética para
poner fin a la Revolución Húngara.
Luego, en Tokio en 1964 hubo boicots de
Indonesia y Corea del Norte por disputas sobre la competición de sus
atletas en juegos en países rivales, y a Sudáfrica se le prohibió
participar debido a su política racial.
A los juegos de México de 1968 algunos
países amenazaron con no asistir si competía la Unión Soviética, que
había invadido Checoslovaquia.
Pero esos juegos estuvieron marcados por
dos protestas. Poco antes del inicio de las olimpíadas, el ejército dio
muerte a un número indeterminado de personas al disparar contra los
estudiantes y manifestantes congregados en la Plaza de las Tres Culturas,
en lo que se conoce como la Matanza de Tlatelolco.
Además, los deportistas estadounidenses
Tommie Smith y John Carlos alzaron el puño enfundado en un guante negro
como símbolo de reivindicación racial. Aunque fueron expulsados de los
juegos, su gesto tuvo gran repercusión.
Múnich
1972
En lo que fueron unos juegos desastrosos, la protesta derivó en violencia
en 1972, en Munich, cuando pistoleros palestinos asesinaron a atletas
israelíes, y tomaron a otros como rehenes. Tras una interrupción de un día,
los juegos continuaron su curso.
La repercusión de la política en las
olimpíadas continuó cuando 26 países africanos y caribeños boicotearon
la cita de Montreal en 1976 porque Nueva Zelanda, cuyo equipo de rugby jugó
en Sudáfrica, fue autorizada a competir en Canadá.
Montreal inició otro frente de
controversia: el costo de las olimpíadas, tema que fue controvertido en
Atenas y lo está siendo en los preparativos de la cita de Londres.
Grandes
boicots
El mayor de los boicots ocurrió en 1980 cuando 62 países encabezados por
Estados Unidos decidieron no participar en los juegos de Moscú luego de
la invasión soviética a Afganistán.
Ahora,
Carlos protesta portando "la antorcha de los derechos
humanos".
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En respuesta, la URSS encabezó un boicot de sus aliados a las olimpíadas
de Los Ángeles en 1984.
La crisis tocó fondo. La política casi
logra imponerse sobre el olimpismo.
En Seúl, en 1988, hubo una recuperación,
y la protesta de Corea del Norte al no ser país co-anfitrión sólo
mantuvo alejados de las olimpíadas a Cuba y Etiopía.
La recuperación fue enorme en Barcelona
y aunque en Atlanta, en 1996 estalló una bomba, esos juegos estuvieron
casi libres de protestas.
La cita de Sydney en 2000 es calificada
como una de las más exitosas de la historia. La de Atenas, pese a las
controversias por su alto costo, pasó sin sobresaltos.
Los Juegos de Pekín ya han vuelto a
revivir la tradición de la protesta.
Los de Londres difícilmente estarán
inmunes.
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