Bagdad - Iraq
Entre balas y pasadas en pista
Una verdadera heroina del deporte
17-04-2008 // La velocista
iraquí Dana Abdul-Razzaq ha eludido balas para dedicarse a su amor por
correr, en su determinación por llegar a ser la única mujer de su país
en participar de las Olimpiadas de Pekín.
Pocos atletas se han topado con los obstáculos
que Abdul-Razzaq, de 21 años, ha superado para llegar a Pekín, desde las
balas de un francotirador a la penuria de las instalaciones de
entrenamiento adecuadas y la oposición religiosa y cultural que padecen
las mujeres atletas.
"Me encanta correr, tengo la
persistencia de seguir practicando y soy ambiciosa a pesar de todos los
problemas a los que me enfrento", comentó a Reuters en el
desmoronado estadio Shaab de Bagdad.
En octubre pasado, Abdul-Razzaq entrenaba
con el preparador Yousif Abdul-Rahman en la pista ovalada Jadriya del
centro de Bagdad, previo a los juegos árabes, cuando un francotirador
abrió fuego cerca del lugar.
"Evadía las balas como en una película
de acción", recordó Abdul-Rahman.
"Se agachó para eludir una bala que
dio en un árbol", agregó.
Los recuerdos de Abdul-Razzaq sobre el
incidente son un poco menos heroicos.
"Cuando acabó me desmayé",
comentó.
"Volví a mis prácticas media hora
más tarde, pero usamos el otro lado del campo de juego", añadió.
En otra ocasión, hombres armados
abrieron fuego mientras ambos regresaban a sus hogares desde el
entrenamiento a través de Saidiya, uno de los distritos más peligrosos
del sur de Bagdad.
"Mi entrenador me dijo que me
agachara y él condujo a mucha velocidad. Yo lloraba pero sobreviví,
gracias a Dios. No les conté a mis padres al respecto", recordó
Abdul-Razzaq.
La violencia se ha vuelto parte de la
vida cotidiana para los iraquíes. Miles han muerto en enfrentamientos
entre la mayoría chiíta y la minoría sunita musulmana desde que la
invasión encabezada por Estados Unidos derrocó a Saddam Hussein hace
cinco años.
Sus esfuerzos han sido premiados con un
pasaje a Pekín, cortesía de uno de los cinco puestos
"comodines" dados a Irak por el Comité Olímpico Internacional,
ahorrándole el problema de calificar directamente.
La velocista competirá en las pruebas de
100 y 200 metros, un sueño hecho realidad después de haber comenzado a
correr hace sólo seis años cuando asistía a la escuela secundaria.
Desde entonces, ha ganado más de una docena de medallas en cometencias árabes
y asiáticas.
"Estoy muy feliz porque siento que
el fruto de todo mi arduo trabajo son las Olimpiadas", comentó.
LIMITACIONES
El año pasado, el Comité Olímpico Iraquí dijo que desde 2003 habían
muerto 104 atletas, entrenadores, administradores y árbitros.
El número de funcionarios olímpicos
desaparecidos se mantiene en 22, incluyendo el entonces director del Comité
Olímpico quien fue secuestrado junto a otras personas en julio de 2006.
El paradero de todos aún se desconoce.
El contingente olímpico de Irak todavía
no ha sido completado pero la unión de atletismo enviará a Abdul-Razzaq
y a otro atleta tras recibir dos invitaciones.
Abdul-Razzaq entrena dos veces al día,
seis días a la semana, cada sesión dura tres o cuatro horas. Las
instalaciones son básicas, por no decir más.
Vestida modestamente en un conjunto
deportivo negro y blanco, comienza cada sesión con estiramientos y entra
en calor con un suave trote bajo la mirada observadora de su entrenador
Abdul-Rahman.
El agua se filtra por sobre el borde de
la pista de atletismo del estadio Shaab que data de la era previa a
Hussein, mientras su prometido -quien pidió no ser identificado- corre
junto a ella.
Mástiles vacíos y tribunas de concreto
resquebrajado bordean el campo, mientras otros atletas olímpicos en
potencia realizan entrenamiento de carreras cortas.
"Es el único estadio apto para
practicar, es mejor que nada", dijo Abdul-Razzaq.
Las instalaciones en el campo Jadriya son
incluso peores, la superficie quedó arruinada por los vehículos
militares estadounidenses todo terreno que pasaron durante la invasión.
Abdul-Razzaq irá a Pekín sin el tipo de
apoyo que reciben otros atletas de parte de su legión de doctores,
nutricionistas, masajistas y otros especialistas proporcionados por sus
federaciones nacionales deportivas.
"Se supone que debería tener un
masajista, sufro de espasmos musculares cada día. Un doctor debería
darme un programa nutritivo específico. Me siento mareada ahora dado lo
arduo de mi entrenamiento y porque no sigo una dieta específica",
comentó.
Las autoridades iraquíes de atletismo no
han puesto gimnasios a su disposición, de modo que la velocista a menudo
paga de su propio bolsillo para usar gimnasios públicos para los
entrenamientos con pesas que necesita.
"Estoy limitada por todos
lados", dice ella.
La velocista recibió ofertas de
programas de entrenamiento afuera de Irak, pero las rechazó porque su unión
de atletismo no permitiría que su entrenador la acompañe. Sin embargo,
esperan poder viajar y entrenar juntos antes de que comiencen las
Olimpiadas en agosto.
Su familia la alienta a seguir adelante
-su padre era un ciclista nacional y su hermano un físico culturista-
pero hay muchos en el religiosamente conservador Irak que piensan que la
joven no debería competir.
"Hay personas que apoyan el deporte
pero están las tradiciones y las costumbres que dicen que viajar y correr
es difícil para una mujer, que debería quedarse en casa", dijo
Abdul-Razzaq.
"No estoy haciendo nada mal o haram
(algo prohibido para los musulmanes)", comentó.
El entrenador Abdul-Rahman está a su
lado a cada paso del camino, ayudándola a superar los peligros y
dificultados de ser una atleta en Irak.
"No puedo decir que ganará una
medalla en las Olimpiadas, es difícil, pero al menos estamos desarrollándonos",
afirmó.
"Podemos acercarnos a los otros, o
romper el récord iraquí. Esto se consideraría un logro", añadió
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