El rinconcito de los corazones
(un lugar para expresar libremente los sentimientos)
 
En diciembre de 2001 escuché por primera vez la voz de Víctor a cientos de kilómetros de Mar del Plata. Y fue gracias a su programa "Corriendo con Víctor" y luego a través de su revista "El Corredor" que tuve conocimiento de su existencia.
Dios, -quién sabe por qué razón-, la vida y esa creciente admiración por el dueño de esa voz que me indicaba que se trataba de un ser especial, fueron acortando las distancias hasta convertirme en su amiga en estos últimos años.
Quizás muchos simplemente lo conocieron por ser compañeros de atletismo,  lectores de su revista o colegas. Pero muchos otros hemos tenido la alegría de llegar a ser amigos.
Su amistad fue un regalo de Dios. Siempre me brindó su cariño y apoyo en los momentos más difíciles, aún a días de su fallecimiento. Siempre me alentó a seguir adelante con su frecuente "Arriba el ánimo!. No te me quedes en el fina!" .Creyó en mí y me hizo creer en mi misma valorandome y aceptándome como soy. Causé su emoción por un relato que escribí y que fue punto de encuentro para una sensibilidad que compartíamos y que mereció el honor de tener su lugar en el "Rinconcito de los Corredores" al igual que el relato de mi primera carrera y un ensayo de mi tío en el que ambos sentíamos reflejada nuestra forma de sentir. Gracias a él y a una promesa que le había hecho, descubrí lo lindo que es correr y la sensación de libertad que produce. Tuve la oportunidad de compartir con él muchas de las carreras que organizó y no faltó la ocasión en que, a modo de broma,  me daba un gran abrazo y me hacía trotar unas cuadras por la calle diciéndome "Ahora sí estás Corriendo con Víctor". Fue además quien me llenó de entusiasmo y animó a aprender a bailar el Tango, indicándome de esta forma el camino a seguir en tiempos difíciles  que él logró superar gracias al descubrimiento de esta nueva pasión y a los muchos nuevos amigos tangueros que le dieron todo su cariño y con quienes compartió momentos muy felices.
Su alegría de vivir, su buen humor, su bondad siempre estaban presentes aún en los momentos más duros. A veces actuaba como un niño grande que parecía no tener conciencia de la gravedad de las situaciones ni las consecuencias de su "juego", picardías y fantasías por las que se dejaba llevar. Parecía querer devorarse la vida apresuradamente en estos últimos tiempos dejando a un lado su habitual prudencia. Y si alguna vez cometió un error y lastimó a alguien fue sin querer porque era un hombre sin maldad. Su inteligencia la usaba para hacer el bien y no el mal.
Siempre fue honesto y respetuoso con todos y decía su verdad. Pero también hacía del silencio una virtud cuando no podía decir algo que no sentía y cuando sabía que con sus palabras podía herir inútilmente. Era pacifista por naturaleza pero valiente y decidido a la hora de defender sus afectos y sus principios. Era un hombre íntegro. Como hombre simple, disfrutaba de la vida, de sus amigos, de todo lo que hacía porque todo lo hacía con pasión, poniéndole energía, siendo una persona positiva y entusiasta. Y pasábamos horas intercambiando ideas para sus proyectos y sueños que tenía por cumplir. Quiero pensar que ahora los está cumpliendo. Que ha vuelto a correr y bailar. Que ha vuelto a encontrarse con aquellos afectos que extrañaba sin consuelo.
Recibía a todo el mundo con una sonrisa, un apretón de manos, un beso o un fuerte abrazo.Y si podía ayudar a alguien, lo hacía sin dudarlo.
Conocer a su familia, -de la cual Víctor siempre me habló con mucho cariño-, me confirmó que era  su fuente de afecto y contención, en especial su madre. Víctor sentía un gran amor por cada uno de ellos y eran piezas fundamentales en su vida.
La primera imagen que tuve de él cuando lo conocí fue la de un hombre humilde Y paradójicamente su humildad lo hacía ser un gran hombre. Un verdadero ejemplo de tenacidad y fortaleza y fuente de inspiración para muchos.
En su gran corazón de atleta cabíamos todos. Carismático como pocos, era su don especial que hacía que todo el mundo lo quisiera.
Como buen amigo, compartió conmigo por igual momentos buenos y malos, tristezas y alegrías. Y quizás presintiendo que no debía desperdiciar las oportunidades de hacerlo, trataba siempre de acompañarlo a pesar de la distancia. Gracias a ello viví momentos inolvidables. Nunca olvidaré la emoción y felicidad que sintió el día en que Eve Navone le anunció la realización de la carrera "Corriendo con Víctor" y mucho menos cuando vió a tanta gente en Camet reunida para ayudarlo y acompañarlo. Ni el día en que le leí la nota de Rubén Aguilera "Ayudemos a Víctor" mientras lloraba desbordado por la emoción. Quizás ese día descubrió que si bien siempre se había entrenado duramente para alcanzar sus metas en el atletismo, esta vez había alcanzado una meta que no todos alcanzan: la de llegar a ser simplemente una buena persona.
En su editorial de diciembre de 2006 citaba las palabras de Bertolt Brecht: " Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles". Sin lugar a dudas, Víctor Hugo Maraude se convirtió en un hombre imprescindible. No sólo genéricamente para la humanidad, sino para cada uno de los que lo conoció íntimamente y aprendió a quererlo. Tal como le dije en esa oportunidad, "Los imprescindibles son los afectos". Y Víctor se convirtió en una persona imprescindible en mi vida al igual que en la vida de muchos. Difícil es pensar en una vida sin Víctor, sin sus mails, ni mensajes, ni llamados ni con la posibilidad de volver a verlo. Pero estoy segura que en el rinconcito de los corazones de cada uno de los que lo conocimos seguirá existiendo y alentándonos a seguir adelante. Quiero pensar que cuando vuelva a juntar fuerzas para volver a correr, una ráfaga de viento me sorprenderá por detrás y empujará para seguir adelante y una vez más sentiré que "Ahora sí estoy Corriendo con Víctor" y que desde donde esté me sigue alentando y cuidando.
La última palabra que me dijo Víctor fue "Gracias",  pero soy yo quien le está agradecida.  Gracias Víctor por ser mi amigo. Te quiero mucho.
Diana.
 
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