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La paradoja del corazón que corre
El ejercicio vigoroso puede precipitar un infarto, pero también alarga
la vida.
04-06-2007
// Cuando oímos decir que alguien ha sufrido o un infarto o una muerte
cardiaca repentina mientras corría pensamos que correr puede ser
peligroso para el corazón. Pero, ¿es cierto? La respuesta es un tanto
paradójica. Mientras una persona corre -sobre todo alguien con una
enfermedad cardiaca subyacente- tiene más probabilidades de morir que
cuando camina o descansa. Durante un ejercicio enérgico, el corazón
puede desarrollar un ritmo irregular, la tensión sanguínea puede
aumentar hasta niveles peligrosos y puede desprenderse la placa de una
arteria parcialmente obstruida e impedir el flujo sanguíneo. Pero, en
general, las personas que corren regularmente, incluidas las que
presentan importantes factores de riesgo de sufrir una afección
cardiaca, tienen menos probabilidades de sufrir un infarto a largo plazo
que si no lo hicieran.
Hace siglos, solía
creerse que el corazón estaba limitado a cierta cantidad de latidos y
que quienes lo aceleraban demasiado morían jóvenes. Ahora sabemos
mucho más. El corazón es un músculo y por tanto ejercitarlo lo hace más
fuerte y no necesita esforzarse tanto para cumplir su función. A eso se
le llama "acondicionar" el corazón mediante una actividad física
moderadamente vigorosa. Se logra practicando ejercicio de tal modo que
el ritmo cardiaco no exceda el grado apropiado para la edad. Un corazón
bien acondicionado puede bombear en 50 latidos la misma cantidad de
sangre que el corazón de una persona sedentaria bombea en 75. Además,
durante el descanso, un ritmo cardiaco bien acondicionado es más lento.
Los principales
factores de riesgo para las arterias son el colesterol elevado, la
hipertensión, la diabetes y el estrés. Lo bueno de hacer ejercicio físico
de forma regular es que contrarresta cada uno de ellos y además aumenta
la concentración sanguínea de colesterol HDL, que ayuda a limpiar las
arterias de depósitos de ateroma.
Los factores de riesgo
que el ejercicio no puede alterar son la herencia familiar y la edad. Si
se tiene un historial familiar de cardiopatía prematura (infartos en
parientes de primer grado de consanguinidad antes de los 65 años) o se
está en una edad mediana o avanzada pero se ha llevado una vida
sedentaria durante años, es recomendable someterse a un examen médico
exhaustivo antes de comenzar a correr regularmente. Porque, en estos
casos, pueden sufrir un infarto mientras corre.
Eso fue lo que le
ocurrió a James F. Fixx, que falleció de un infarto mientras corría
el 20 de julio de 1984. Como autor de The complete book of running, Fixx
era un símbolo internacional de la revolución del jogging. También
tenía un historial familiar de cardiopatía; su padre murió de infarto
a los 43 años y él mismo había experimentado síntomas cardiacos
durante las semanas previas a su muerte, unos indicios de uno o más
infartos leves que ignoró.
La autopsia reveló
que, a pesar de ser físicamente activo, Fixx padecía una enfermedad
arterial coronaria avanzada: una arteria presentaba una obstrucción del
99%, otra del 80% y una tercera del 70%: en suma, el suyo era un infarto
anunciado.
Durante casi todos los
maratones, uno o más corredores se desploman a causa de un ataque al
corazón, y algunos fallecen. El calor y la deshidratación a menudo actúan
como factores agravantes. En un estudio realizado en 1987 sobre infartos
y muertes súbitas en corredores de maratón, el 81% de las víctimas
habían ignorado los síntomas de advertencia.
Para prevenir este tipo
de accidentes, hay que establecer un programa de entrenamiento sensato
mucho antes de la carrera. Todos los músculos, y no sólo el corazón,
deben estar en condiciones de someterse al esfuerzo. Y hay que correr o
caminar al ritmo adecuado a la situación de cada uno, teniendo en
cuenta que el maratón, en su versión más competitiva, es una carrera
sólo apta para atletas jóvenes de élite.
En todo caso hay que
beber agua para mantener buena hidratación, y bebidas deportivas si se
suda mucho o el ejercicio se prolonga durante más de dos horas. Sufrir
malestar o dolor en la cintura durante el ejercicio físico puede ser un
síntoma de insuficiencia coronaria. Otras veces el infarto se anuncia
con palpitaciones, dolor en el lado izquierdo, presión o malestar en el
pecho, mareos, falta de aire y náuseas.
Es cierto, pues, que
hacer ejercicio vigoroso representa un riesgo cardiaco, pero también lo
es que los corredores viven más tiempo. La gente con una cardiopatía
avanzada corre el riesgo de morir repentinamente, practique ejercicio o
no. Pero, aunque el ejercicio enérgico puede precipitar un infarto
durante un entrenamiento y en la hora siguiente, realizar actividad física
regularmente es un importante elemento de prevención de la muerte
cardiaca súbita.
Por ejemplo, un estudio
realizado en Seattle (EE UU) entre todas las personas que fallecieron
repentinamente en un año demostró que quienes presentaban una
cardiopatía no detectada tenían más posibilidades de morir mientras
practicaban ejercicio, pero que reducían su riesgo total de muerte súbita
si hacían ejercicio con regularidad. En otras palabras, si quienes
padecen cardiopatías evitaran todo ejercicio, su riesgo total de muerte
repentina aumentaría, y no al revés.
Según han descubierto
algunos estudios, correr prolonga la vida a largo plazo. En total, cada
hora que pasamos practicando ejercicio (hasta 30 horas a la semana)
aumenta en dos horas la esperanza de vida de una persona, según el
Harvard Alumni Study, que ha realizado un seguimiento de las muertes
entre 17.000 hombres durante más de dos décadas.
Incluso quienes no han
empezado a practicar ejercicio hasta alcanzada la mediana edad presentan
un riesgo el 23% inferior de muerte durante unos 20 años. Las
actividades de resistencia, como correr, montar en bicicleta, hacer
largos en una piscina, practicar marcha atlética o esquí de fondo
aportan mayores beneficios y alargan la esperanza de vida, en comparación
con la de un teleadicto.