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Tandil - Buenos Aires
Osvaldo Suárez, gloria del atletismo argentino
Repaso de una trayectoria plagada de éxitos y sinsabores
07-03-2007 // En
este país exitista y naturalmente futbolero, tal vez, Osvaldo Suárez no
recoja a diario andando por la calle el reconocimiento que se merece,
aunque los avezados en la materia lo reconfortan continuamente con su
admiración. Este formidable atleta es el último gran exponente argentino
entre los maratonistas, con todo lo que eso implica poseyendo nuestro país
dos campeones olímpicos, y hace unos días y por buen obrar de la
Secretaría de Deporte de la Nación fue homenajeado en vida, como se
debería hacer siempre, al fundarse la nueva pista atlética del Cenard
con su nombre.
A los 73 años, presenció orgulloso como si fuera en una posta, un
"testigo" más para su carrera llena de pergaminos. El 12 veces
campeón sudamericano, 4 títulos y 2 subcampeonatos panamericanos, 5
veces campeón iberoamericano y ganador de 3 San Silvestre consecutivas,
por citar las pruebas más preponderantes, dialogó con El Eco de Tandil.
-Linda pista la nueva, ¿le hubiera gustado correr aquí, no?
-¡Seguro! Sólo dos veces me tocó competir sobre sintético, mis marcas
fueron todas en carbonilla, acá imagino podía haberlas bajado varios
segundos. La verdad que es un lindo homenaje el que me han hecho con esto.
-Cuánto le costó superar el tormento por la prohibición para competir
en aquellos Juegos de Melbourne en 1956?
-Muchísimo, fue un golpe terrible. Psicológico sobre todo, durante
muchos años tuve pesadillas por ese tema.
-¿Bajo qué rótulo específicamente lo suspendieron luego del golpe
militar al gobierno de Perón en el 55?
-Investigación. La excusa fue una comisión investigadora. Pero la
conocida realidad fue que me prohibieron porque me destaqué en la época
del peronismo. Como a tantos otros, el caso de Jorge Batiz o el equipo de
básquet campeón mundial. Al principio decían que no iba a ir nadie
porque no había plata, cinco días antes alguien en el Comité Olímpico
sostuvo que tenían que mandar sí o sí a alguno así no suspendían al
país de la competencia, entonces dijeron ¿quién va? En forma unánime
me escogieron, luego ampliaron el cupo y viajaríamos ocho deportistas, al
final, faltando cinco días para salir me mandan un telegrama que decía
presentarse en Comisión Investigadora Número 5, etcétera. Lo consulté
con un abogado y me aconsejó que lo que diga luego lo lea muy bien y no
le deje espacios en blanco porque me querían perjudicar. Cuando fui me
tuvieron tres horas y me trataron muy mal, "¡te fuiste acomodado a México!",
"¡¿cuántos coches te trajiste?¡", me gritaba el milico y yo
le explicaba, "no, señor yo tengo el récord sudamericano y fui dos
veces campeón panamericano, mi deporte es amateur", antes no nos
dejaban poner nada en la remera, sólo el número. Yo gané tres San
Silvestre consecutivas y no me dieron un mango. Luego de toda la ceremonia
me dijeron "no podés salir del país, te vamos a investigar".
Me perdí de viajar y resulta que ganó un argelino nacionalizado francés
de 40 años, Alain Mimoun (2:25.00) con 2 minutos más del tiempo que yo
estaba presentando. Me quitaron la posibilidad de ser campeón olímpico.
Y además, pasados los Juegos no me levantaban la sanción, fui a pelearla
en la Federación: "Ustedes tienen la obligación de averiguar porqué
me suspendieron, yo soy federado", les reclamé. Mientras tanto me
entrenaba como nunca, con mucha bronca y sabía que muchos querían bajar
el récord sudamericano de 2 millas (3218 metros), que lo tenía un
entrerriano, Raúl Ibarra. Les anticipé que yo lo rompería en 9 minutos
y entusiasmados le enviaron una carta al Comité y como nunca la
respondieron volví a competir, logré una nueva marca con 8:57, salí en
todos los diarios, esperando que me digan algo... nunca más tuve
noticias. Me faltaba la medalla dorada nomás. La frutilla del postre, me
perjudicaron enormemente.
-¿Y cuatro años después, a Roma 60, ya fue con otra edad e incluso tuvo
un percance con el agua?
-Claro, nosotros nos fuimos con anticipación a Italia y en los
entrenamientos diarios, corría y después de los 25 kilómetros, más o
menos, como hacia un calor terrible de 40 grados, notaba que me
deshidrataba. Le fui a preguntar al médico y me dijo que de ninguna
manera tome agua porque me iba a hacer mal, pero yo notaba que algunos
rivales tomaban. "Te vamos a hacer unas pastillas a base de sal y vas
a ver que andarás bien", todos los días iba a buscar las pastillas
y nunca estaban, llegó la hora de la carrera y largamos. Aguanté hasta
los 35 kilómetros pero ya a esa altura si bien me encontraba bien físicamente
me estaba muriendo de sed, no aguantaba más, entonces me paré y no pude
contenerme y me tomé como dos litros de golpe. Cuando largué de nuevo me
agarré una puntada y fui intercalando trote con caminata, hasta que un
ciclista uruguayo me dijo: "Suárez vas en la posición 25 y te
faltan 4 kilómetros". Ahí se me pasó la puntada y largué con
todo, pasé 16 tipos y terminé noveno, ahí nomás del octavo. Fue una
verdadera lástima porque si hubiera tomado agua antes peleaba los
primeros puestos. Hoy en día se sabe que hay que tomar agua antes de
largar y sobre todo en un día de calor.
-¿Y cómo fue ganar tres veces seguidas la San Silvestre?
-Yo el año anterior a mi primer título, en 1957, cometí una burrada y
salí segundo. Allá hay una gran subida en la carrera de 800 metros y me
agarré con un ruso y nos pasamos como veinte veces, cuando terminó el
tramo veo que el ruso desapareció pero yo quedé fusilado, la verdad que
terminé de casualidad. Luego mi entrenador me dijo que nunca hay que
hacer cambio de ritmo con otro en subida porque gastás el triple de
fuerza. Cuando faltaban 500 metros, que era mi fuerte, me pasó un portugués
y no pude hacer nada. Posteriormente con esa experiencia la gané tres
veces. Tengo otra anécdota del última año (1960) en que la gano, me
faltaba poco para llegar y yo sabía que al segundo, un alemán, le había
sacado 150 metros, pero de golpe siento una sombra que me perseguía y le
meto pata con todo y resulta que era un periodista que quería tener la
exclusividad y me perseguía con la radio portátil, era de la Red O´Globo
y resulta que yo no quería ni mirar para atrás para no perder tiempo. En
Brasil le dan más importancia que acá al deporte. Cuando yo llegaba
acaparaba toda la atención, salía todos los días en el diario, "o
campeão chegou", "campeão na praia" ("llegó el
campeón", "el campeón en la playa"). ¡Y cómo me
trataban! Me pasó de tomar taxis o ir a cenar a un restaurant y me decían
"campeão acá no paga". Y acá (en Argentina) casi te diría
que me querían cobrar doble...
-¿Compitió alguna vez en Tandil?
-Sí, una vez sola fui a correr, gané una carrera del club Ramón
Santamarina antes del año 60. Recuerdo que mi rival era el
"Negrito" Bedoya, muy bueno, porque yo salía muy fuerte y
enseguida los dejaba a todos atrás, pero éste me siguió mucho. Y la última
vez que anduve por allá fue en el año 2005, fui a ver una carrera nueva
organizada por la Universidad. Recuerdo que me trató muy bien el señor
Rubén Chambrillón y el dueño del restaurant de arriba del Parque.
-¿Y de nuestra Elisa Cobanea que me pude decir?
-Que hace años es la mejor en calle, pero desgraciadamente ya es grande.
-¿Por qué no surgen nuevos valores jóvenes?
-Francamente pienso que estamos haciendo todo mal en cuanto a la
organización de la competencia. Por ejemplo, uno va en enero a España,
que es un país parecido al nuestro por su idiosincrasia, y le dan el
organigrama de todo un año de actividad, mientras que aquí se han
llegado a realizar cinco torneos internacionales el mismo día en
distintos sitios del país, desperdigando esfuerzos. Hoy la mayoría de
los fondistas provienen de la pobreza, y eso es bueno para el deporte si
se lo canaliza bien. Porque, como a mí también me pasó, uno tiene ese
fuego sagrado del querer mejorar. Parecido al caso de los africanos.
Recuerdo a Abebe Bikila, ganador en Roma, trabajaba de mensajero, iba de
tribu en tribu llevando recados en el desierto, descalzo, como corría la
maratón.
Osvaldo Suárez se dedicó a la enseñanza de lo que más sabe, habla con
orgullo paternal de sus alumnos y asegura que con solo ver trotar a un
chico podría pronosticar cuál será su especialidad. Durante 25 años
trabajó en una escuela de Villa Domínico, tuvo dos discípulos olímpicos
y actualmente es instructor en el Cenard. Allí comenzó a trabajar con el
mandato de Hugo Porta, se interrumpió su labor con el paso de Marcelo
Garrafo ("nunca supe por qué"), pero volvió por pedido de
Perfumo y se mantuvo con Morresi. Pudo colgarse una medalla como "El
Ñandú de las Pampas" Zabala, Delfo Cabrera o Reinaldo Gorno. El
destino le negó ese asterisco, pero quienes lo conocen saben que es
moralmente un verdadero campeón olímpico.
LUIS "PEPO" IBARRA para Eco digital de Tandil
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