La Habana - Cuba
La Historia del Gran Andarín
Don Felix Carvajal Soto
Si hubo un personaje que puede juntar una infinidad de adjetivos en la
historia del maratón y del ultramaratón ese es este pequeño corredor
cubano a quien le apodaban "el Andarín" y el que fuera quien
abriera las puertas del deporte de su país al mundo entero.
Fue reconocido por su capacidad, por su dureza, por su fiereza y por
lograr hacer realidad sus sueños a pesar de su pobreza extrema y la
ignoracia de los conductores de su pais para con los deportistas, en esa
epoca no existía la Secretaria de Deportes.
Nació el 18 de marzo de 1875 en La Habana.
De la modestísima casa que
ocupaba su familia en Águila entre San Lázaro y el mar, fueron a parar a
San Antonio de los Baños en busca de mejores horizontes porque no tenían
ni para pagar el alquiler.
Desde niño realizó los oficios más humildes
y allá en los predios del Ariguanabo, trabajó como barbero.
Allí,
también, sus primeros logros atléticos
Su
preferencia por las largas marchas le llevó a entrenar de forma
autodidacta a pesar de la precaria situación económica en que vivía,
pero su vida era avanzar para ser el primero y tenía condiciones
naturales para lograr el triunfo.
Pero además fue un patriota que
participó en diferentes labores revolucionarias y tuvo necesidad de
salir del país por su apoyo a la lucha independentista.
Poco tiempo
después volvió a la patria como integrante de una expedición y se
incorporó al Ejército Libertador donde se convirtió en un ágil
correo mambí que cumplió con eficacia las misiones encargadas. ¡Cúanta
felicidad poner sus piernas y la velocidad para llevar mensajes y
observar al enemigo sin despertar su curiosidad!
Cuando concluyó la
Guerra de 1895 volvió a hacer su aparición en La Habana
con demostraciones de su velocidad por los más disímiles puntos
citadinos y se le empezó a conocer como Andarín Carvajal, muy
pocos o quizás ninguna de las personas que observaron su paso por
la capital tuvo presente que su nombre propio era Félix.
Un hecho inesperado cambió la sosegada existencia
de Félix en el mes de noviembre de 1883, ocasión en la que llegó
al pueblo el trotamundos español Mariano Bierza, quien realizó
varias demostraciones por los alrededores y lanzó el consabido reto
a todos los hombres presentes.
Ni corto ni perezoso, el ídolo local recogió el
guante tirado y acordaron poner manos a la obra al día siguiente,
justo a las siete de la mañana.
La casi totalidad de los habitantes
de la Villa del Ariguanabo estaba pendiente del acontecimiento y a
la hora fijada arrancaron los corredores.
Bierza, completamente extenuado, abandonó la
carrera alrededor de las cinco de la tarde, mientras Carvajal se
detuvo a las siete de la noche.
La multitud paseó en hombros al
triunfador y así surgió el primer monarca cubano en una lid de
corte internacional.
Mientras los entusiastas seguidores del cubano no
cesaban de reconocer el meritorio éxito, otro suceso alteró la
alegría reinante, cuando Juan Manuel Castañón, director de El
Rápido, un periodicucho poblano, señaló al día siguiente en
trasnochado comentario: "Ese zángano nombrado Carvajal está
bueno, no para correr las calles del pueblo, sino para
barrerlas".
Armado de un pisajo -especie de fusta de cuero-, El
Andarín llegó a la redacción y, sin mediar palabras, golpeó
varias veces al ofensor. El juicio no alcanzó mayor importancia,
porque todo el pueblo, incluido el propio juez, rechazaban la
afrenta pública.
En el caso específico de El Andarín no es posible
señalar que fuera un atleta excepcional ni mucho menos, porque
sencillamente era un hombre humilde, muy espontáneo, a quien los
capitalinos de su época lo vieron trotar cada día por las calles,
con soltura, mientras hacía sonar constantemente un silbato para
llamar la atención.
Un día se le ocurrió
la idea de participar en la carrera de maratón en las olimpiadas
que se celebraron en San Luis, Missouri, EE.UU en 1904.
Pero como
por aquellas fechas no existía en Cuba la Dirección de Deportes y
Carvajal no disponía de recursos para hacer el viaje, ideó un
pintoresco medio de recaudar el dinero que necesitaba.
Se presentaba en los
parques y comenzaba a correr sin parar hasta que se juntaba mucha
gente a observar lo que hacía; entonces se detenía, pedía la
colaboración y "pasaba el sombrero". De esta manera
Carvajal logró reunir el dinero para viajar a EE.UU.
Se embarcó para Nueva
Orleans donde las diversiones, las damas y los timadores pronto lo
dejaron sin dinero. Entonces emprendió el viaje de 700 millas
a pie hasta San Luis.
Mucha gente lo ayudó durante su largo y
solitario recorrido y cuando llegó al lugar de los juegos, medio
muerto de hambre y sed, la delegación norteamericana de campo y
pista le organizó una gran fiesta y una suculenta comida y le
prometió ayuda. El viaje habia durado casi diez días sin descanso y logró
alimentarse, gracias a la ayuda de bondadosas personas hasta llegar
al estadio pocas horas antes de comenzar la prueba.
Carvajal, aunque era un
caminante infatigable, nunca había participado en competencias de
este tipo ni tenido un entrenador.
Cuando se presentó a la meta de
salida, llevaba camisa de mangas largas, pantalones largos y zapatos
altos de los usados por los carteros.
La gente que presenciaba
el evento se reía de su ridícula vestimenta.
Uno de los
atletas participantes le recortó las patas al pantalón y las
mangas a la camisa para darle cierto aspecto de competidor.
Justo el 30 de agosto, a las dos en punto de la
tarde, bajo un sol asfixiante, sonó el disparo en la línea de
arrancada y un total de 31 corredores tomaron la largada. Félix
Carvajal no tenía las más mínima noción del recorrido e incluso
desconocía la técnica, pues por primera vez participaba en un
certamen oficial.
Los datos publicados sobre la carrera revelan que El
Andarín, tras cubrir alrededor de 29 kilómetros, marchaba delante
y era tan amplia la ventaja que se dio el lujo de detenerse para
comer manzanas.
Reincorporado a la competencia, luego de avanzar
varios centenares de metros, sintió fuertes dolores de estómago y
al detener el ritmo perdió valiosos minutos y tal vez la gran
oportunidad de conquistar cualquiera de las tres medallas.
Finalmente, 14 atletas cruzaron la meta y el cubano Félix Carvajal
Soto ocupó la cuarta posición.
Cuenta una publicación de
la época: "La lástima y la burla lo golpearon al principio. Después, el fue
quien golpeó. Se mantuvo al frente de la carrera hasta el kilómetro 35.
Sin embargo, su más potente contrincante le cortó el paso... Un manzano.
Dos, tres, cuatro frutas. Verdes y todo, para adentro. Eso ocurrió en el
kilómetro 29 de un maratón calificado como el más terrible de la
historia del certamen y de cualquier otra batalla de esta clase: siete
colinas, tramos sin pavimentar o de pura piedra, mucho polvo, 32 grados
centígrados de temperatura, carencia de agua...Los citados Nieto y
Fuentes han escrito sobre ello: "... al extremo de que en un corredor
de California, William García, que abandonó la carrera vomitando sangre,
la ingestión del polvo fue de tal magnitud que le provocó una erosión
en la membrana interior del estómago, que le condujo a la muerte...
" Entonces, a media hora de la medalla de oro, el abdomen del cubano:
volcán. La colitis lo sacó del camino una y otra vez. |
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Ojos, cristales
rotos; las piernas, desobedientes. Le pasaron cuatro adversarios. En
realidad, ocupa el cuarto peldaño, porque el primero en entrar, el campeón
de la especialidad en USA cuando aquello, Fred Lordz, se había montado en
el carro de un amigo y así recorrió buena parte de la distancia. Fue
descalificado. Únicamente superaron al de la mayor de las Antillas, tres
oponentes locales: Tom Hicks con tiempo de 3 horas, 28 minutos y 53
segundos, seguido de Albert Corey (3:34:52) y Arthur Newton (3:47:33 ). A
pocos minutos de un premio de bronce cruzó la meta el habanero."
Una vez de vuelta en Cuba El Andarín habanero se acompañaba
por un silbato para anunciar su llegada y con pantalón corto y
medias gruesas era seguido por grandes y chicos por la ciudad, se
propuso acudir de nuevo a una Olimpiada y nuevamente acudió al
pueblo y llegó a la ciudad de Atenas en Grecia, pero cuando llegó el
maratón ya se había corrido tres días antes.
Logró al menos realizar algunas
demostraciones en Gracia, Italia y otras ciudades de Europa.
Pero la
miseria no lo abandonó.
El público cubano continuó su fidelidad ante las andanzas de
Carvajal con su silbato, pero la situación económica no era buena
para la población y sus demostraciones no siempre alcanzaban
algunas monedas.
El gran velocista de largas distancias se vio
obligado a convertirse en hombre sándwich, es decir anunciante que
caminaba en medio de dos cartones para caminar mientras anunciaban
un producto por unos centavos, aunque siempre se hizo acompañar con
su silbato, en los momentos cuando que vivía en una minúscula
casita debajo del puente de La Lisa. Hoy muchos caminan por las
mismas calles que lo acogieron con mucho cariño, espacialmente en
estos días de verano que La Habana Vieja es una gran masa de
personas por doquier gracias al estímulo del Plan de los Andares
estimulada por la Oficina del Historiador de la Ciudad.
La
denominación de la agradable muestra cultural para acerarnos a la
magia de la ciudad, nos trae a la memoria a Félix Carvajal, quien
con toda seguridad habría sentido alegría por la original
propuesta de nuestros días

La vida de Félix Carvajal transcurrió a su manera.
Siempre vivió solo y, por consiguiente, no dejó herederos. Gustaba
de contar historias, muchas de ellas imaginadas, pues jamás aportó
pruebas fehacientes. Durante largos años batalló por el
reconocimiento a la condición de veterano de la Guerra de
Independencia para cobrar la reducida pensión, pero nadie le hizo
caso. Lo único que logró conseguir, recién cumplidos los 70 años
de edad, fue una plaza como ordenanza en el Ministerio de Defensa.
Los vaivenes de El Andarín por los distintos
barrios habaneros hicieron historia. Cada año, a partir de 1915,
cumplió faenas dominicales en los carnavales hasta el punto de
darle 20 vueltas al circuito comprendido desde el parque Maceo hasta
las calles Monte y Prado.
Un diálogo con el infatigable Félix: "Vivo muy
mal y estoy empeñado hasta los ojos. Lo que me compensa es el trato
de esta gente del Ministerio de Defensa, la compañía de mis dos
vecinos, Panchito y Mario, en la casucha debajo del puente de La
Lisa, y el crédito que tengo con el chino Luis, el dueño de la
fonda de Consulado entre Neptuno y Virtudes. Este amigo me presta
dinero. Yo gano 60 pesos mensuales, pago 10 por el alquiler y el
resto lo invierto en el pasaje, lavado de la ropa y pagarle a Luis
por la comida".
Cuenta el reportero, quien compartía un sencillo
desayuno con El Andarín, que el cafetín estaba lleno de
parroquianos. Todos lo conocían y se sentían obligados a
participar en la conversación. Cada cual guardaba un recuerdo de su
infancia relacionada con este hombre. Muchos corrieron detrás de él
hasta rendirse, guiados por el incansable silbato.
"De pronto -apunta-, en medio de la charla, El
Andarín se levantó del asiento y encaminó los pasos hacia la
calle. Las miradas ansiosas de los presentes siguieron su figura
para conocer la causa de la abrupta reacción. Era una hermosa
mulata que atravesaba la calle con la intención de llegar a la
acera moviendo las caderas en plenitud de sandunga. Félix grita a
viva voz: Caballeros, miren eso, lo que lleva esa negra vale un
millón de pesos. Esa es la vida, muchachos".
Rodeado por una pequeña cría de gallinas, dos
perros flacuchos y sus eternos carnales, Panchito y Mario,
octogenarios igual que él, Félix Carvajal Soto no vio el amanecer
del 27 de enero de 1949. La noticia provocó discretos, pero
respetuosos titulares en las páginas deportivas.
No podía ser de otra forma, porque El Andarín jamás
tuvo el reconocimiento oficial que mereció.
Para que se encuentren con nuevas
motivaciones en sus Andares, les ofrecemos el poema que escribió
Juan Gualberto a los 22 años en 1876. Su título Mis Placeres:
Yo soy de los que pasan todo un día,
Ya en cuadro, ya en estatua contemplando,
Y luego van gozosos, tareareando
Una dulce melodía.
Para llenar mi pecho de alegría,
Basta un Corot, sus vacas pastoreando,
De Lamartine un pensamiento blando,
De Rembrant La Lección de Anatomía.
El vulgo no comprende mis placeres,
Más la opinión del mundo importa poco,
Si el alma solitaria y quieta.
Así es que dejo a necios pareceres
Calificar, de imbéciles o de loco
Mi corazón de artista y de poeta.
En el Diario La Razón de Argentina José Martí
publicó el l5 de abril de l888
Los andarines , con los ojos vidriados o a medio cerrar , dan vuelta
sobre vuelta , encorvados , chupados, pegada a la piel del vientre el
esternón, con las medias blancas salidas por debajo del gabán, como dos
huesos.
Más de treinta premios obtuvo en lidia deportiva, entre ellos una copa
de plata al ocupar el tercer escalón en el Primer Maratón del Missouri
Athtlétic Club, escenificado en San Luis, el 6 de mayo de 1905 a 40 kilómetros.
Su tiempo de 3:44 solo fue inferior al de los norteamericanos Joe Forshaw
y (3:15: 58) y Sydnet Hatch ( 3:37). Al fallecer, aquellos galardones que
tanto amaba desaparecieron misteriosamente de la estación de policía
donde fueron situados. Brillante hoja de servicios, incrementada por su fértil
imaginación, y la urgencia de abrazar fama y reconocimientos mayores que
le apoyaran en su lucha contra su fiel amiga, la miseria .
Llegó tarde a los llamados Juegos Olímpicos Intermedios, de Atenas
1906 y se decía que compitió por esa etapa triunfalmente en varias
ciudades europeas: amén de la mencionada , Santander, San Sebastián,
Madrid, Barcelona, Burdeos, Saint Nazaire, París, Marsella, Génova, Milán,
Pavia, Monza, Roma... En su tierra natal, abrazó proezas como la carrera
en que doblegó al estadounidense Shelton lll vueltas por 65 en 5 horas,
alrededor de los terrenos de pelota de Carlos III en marzo de 1907 o las 4
375 vueltas a la Manzana de Gómez durante 6 días y 6 noches, alimentándose
exclusivamente de jugo de naranjas en l928, y los 2 300 kilómetros
recorridos desde Guane hasta Santiago de Cuba vía Carretera Central desde
el primero de enero hasta el 23 de septiembre de 1930.
En enero de 1949, la última presentación: show en el gran estadio del
Cerro, cuando, después de acompañar, a pesar de una hernia, al argentino
Guerrero en una circunvalación a la capital cubana, se lanzó al terreno
y le dio algunas vueltas. Los aficionados, de pie, lo aplaudieron varios
minutos . El día 21 de ese propio mes sucumbiría, víctima de un infarto
al corazón, luego de una disputa con un haitiano a quien hizo correr,
Carvajal con machete en la diestra, debido a una vaca que entró en la
pequeña huerta que éste mantenía para sobrevivir junto a su casucha en
el barrio marginal de Llega y Pon, en La Lisa.
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