Ouarzazate - Marruecos
MARATÓN DES SABLES ( XXI EDICIÓN)
MIS CRÓNICAS ( Por Gonzalo Patricio Frías, finisher en esta edición
2.006)
V Parte
Día 10-04-06. 2º ETAPA ( LA
ADAPTACIÓN)
Amanece en pleno desierto del Sahara. Es el día de la 2º etapa. Y me he
despertado como nuevo, como si nada hubiese sucedido el día anterior.
Increíblemente, ha quedado atrás esa sensación de agotamiento tras
completar la etapa inicial de la prueba.
Es que los mails recibidos al anochecer han creado en mí y mis
compañeros de jaima un efecto mágico que ha actuado como catalizador y
sedativo para encarar la primer noche post competencia. Las palabras de
nuestros seres queridos son curativas frente al dolor físico y
psicológico y, en mi caso, particularmente las de mi esposa. La lejanía
me ayuda a comprender cuánto la quiero a punto tal de tomar el único
teléfono que hay en todo el campamento y, al escuchar su voz, irrumpir en
un llanto cual si fuera un niño sensible a cualquier estímulo.
Esta vez, el recorrido será de 35
kilómetros uniendo Rich Merzoug con Ma`Der El Kebir.
Mi táctica será igual de especulativa que en la primera etapa, pero,
además esta vez no me "engancharé al ritmo de nadie" sino que
haré una carrera muy particular.
Acometemos en primer lugar un espectacular desfiladero, enfrentando una
larga pendiente que nos demandará varios minutos recorrerla.
El paisaje es imponente, prácticamente debemos marchar en fila india para
aventar cualquier riesgo de caer por el filo del precipicio. Al estar
arribando al primer puesto de control sucede mi segundo encuentro con la
fauna del lugar ( el primero lo tuve con la garrapata gigante en la
jaima). ¡ Increíble! Un reptil pasa serpenteando por delante de mis pies
como si los corredores no existiéramos. Incluso, debo pegarle el grito de
alerta a un corredor francés que viene detrás de mí para evitar que sus
pies distraídos pisen semejante ejemplar del desierto con las
consecuencias que ello puede traer aparejado.
Luego, en el meridiano de la etapa nos depara otro paisaje alucinante: las
primeras dunas de un tamaño importante, tan importante como para cansar
al corredor mejor preparado para las trepadas. Mantengo un ritmo de marcha
cómodo que, incluso, me permite llegar con bastante holgura respecto del
límite de tiempo exigido para esta parte de la competencia.
Quizá la clave haya estado en tomarme muy pocos minutos para descansar en
cada uno de los puestos de control lo que me permitió tener mayor margen
para continuar una marcha relativamente tranquila.
Faltando
unos kilómetros, ya se avista la meta, la cruzo y cuando me instalo en mi
tienda, mi confianza crece: no siento el agobio de la primera
jornada.
Evidentemente, mi cuerpo se está adaptando aceleradamente a las
inclemencias del desierto. Esa confianza crece más aún cuando me entero
que la combinación fatal de calor y humedad ha provocado estragos en 60
corredores que, ya en la 2º etapa, han debido abandonar.
Y pensar que en la edición 2.005 se produjo un total de 35
abandonos.
Ahora, no habiendo ni siquiera atravesado la mitad de competencia,
llevábamos registrado alrededor del doble de deserciones.
Mi gran consejero, Alex Foresti, finisher de la edición 2.003 y
especialista en pruebas del desierto, tenía mucha razón cuando me dijo:
"el Sahara todos los días te depara una nueva sorpresa". Ahora,
esa sorpresa era la irrupción de un porcentaje importante de humedad en
un lugar que se caracteriza por ser todo lo contrario.
De este modo, en oposición a lo que casi siempre sucede en la noche, la
temperatura no bajaba en picada y se mantenía el clima templado bien
avanzada la jornada. Por eso, con mi hermano de jaima, Alberto "el
montañista" Iglesisas, decidimos dormir fuera de la tienda a plena
luz de la luna y con las estrellas del Sahara como único techo.
Qué mejor sueño reparador que ese para prepararnos a enfrentar la
tercera etapa que estaría plagada de fuertes e intensas experiencias,
algunas de las cuales comenzarían a jugar, cual si fuera un peligroso
experimento, con el umbral de mis límites físicos y psicológicos.
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