Sevilla - España
Estudio sobre genética
Nace el atleta de laboratorio
14-06-2006 // En 1998, H. Lee Sweeney, jefe del departamento de Fisiología
de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pennsylvania
(Filadelfia, Estados Unidos),
publicó un estudio sobre cómo la terapia génica podía aumentar la
masa muscular en ratones. Un hallazgo que no pasó desapercibido a la
comunidad científica... ni a los buscadores de marcas imposibles. El
propio Sweeney reconocía en el artículo «Gene Doping», aparecido en
la revista «Scientific American» en 2004, que este tratamiento podría
reparar la fuerza muscular perdida por la edad o la enfermedad. «Pero
hay atletas de élite que lo perciben como un medio para mejorar su
rendimiento. Nada entra en el torrente sanguíneo, por lo que los
controles antidopaje no podrían detectar sustancias prohibidas en exámenes
de orina o de sangre». Mientras se cierran algunas puertas al fraude,
se abren otras. Y muy tentadoras.
El crecimiento y la reparación muscular
se realizan a través de señales químicas controladas por genes
(secuencias de ADN que constituyen las unidades funcionales para la
transmisión de los caracteres hereditarios). Una vez conocido el mapa
genético del ser humano, es posible aislar los genes relacionados con
el rendimiento deportivo y clonarlos con el fin de obtener miles de
copias. Para trasladarlos al organismo se «empaquetan» en una molécula
portadora conocida como vector (que puede ser un virus, un retrovirus o
un plásmido o cromosoma artificial), que viaja hacia el «órgano diana»,
el lugar donde debe actuar (célula muscular, por ejemplo). Allí
ejecuta sus órdenes: liberar determinadas sustancias, como hormona del
crecimiento para aumentar la masa muscular o eritropoyetina (EPO) para
disparar la capacidad aeróbica -ver gráfico-. Por ejemplo: un ciclista
que quisiera aumentar su masa muscular para mejorar en el sprint podría
sustituir el entrenamiento con pesas y las series de velocidad por una
«vacuna genética»; la química actuaría sobre un músculo
determinado sin añadir peso a otras partes del cuerpo.
Un menú casi indescifrable
La terapia génica y la EPO amenazan con
viajar en el mismo tren, de una manera más sofisticada e indetectable.
«Está en desarrollo», afirma el profesor Gérard Dine, de l´Ecole
Centrale de París y del Instituto de Medicina del Deporte de Troyes
(Francia). «Existen ya dispositivos de liberación de EPO
experimentales, aunque la transferencia muscular directa sólo ha sido
realizada en animales». Los tratamientos celulares y génicos ya
empiezan a formar parte de este cada vez más indescifrable menú médico-deportivo.
«El dominio de las células madre adultas es un hecho gracias a la
biotecnología. Numerosos tejidos son accesibles mediante terapia
celular. En el campo deportivo, el cartílago ha sido el primer tejido
afectado. La terapia génica muscular es una realidad experimental en
animales, con varias aplicaciones, desde mejorar la potencia muscular al
aumento de la producción de fibras. El control antidopaje con la orina,
en estas condiciones, es obsoleto. El control biológico sanguíneo
puede presentar numerosas lagunas. Y todo ello nos llevaría a necesitar
biopsias musculares para seguir en la carrera del control».
«¿Juegos Olímpicos de Pekín? Tal vez
sea demasiado pronto, pero tarde o temprano ocurrirá», alerta
Francisco José Berral, director del departamento de Deporte e Informática
de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). «Argumentos científicos
hay, y el potencial de estos tratamientos es increíble. En el deporte
de alto rendimiento va a ser posible menoscabar lesiones. Pero, ¿qué
ocurriría si a un utilitario le pusiéramos un motor de Fórmula 1? ¿Le
aguantaría la estructura, o habría fracturas a causa del estrés? Cada
persona tiene una constitución física específica. Crearíamos
monstruos, atletas artificiales. En el dopaje genético destinado a
aumentar la producción de glóbulos rojos -encargados de transportar oxígeno
a las células-, se multiplicarían los casos de muerte súbita por
problemas de densidad sanguínea».
Jordi Segura, director del Laboratorio de
Control Antidopaje del Instituto Municipal de Investigación Médica de
Barcelona (el otro laboratorio de referencia en España está en Madrid
y depende del Consejo Superior de Deportes), cree que hay hipótesis
futuristas (el diseño del deportista desde la cuna) y otras más
cercanas, la introducción del gen en el tejido del cuerpo, descrita más
arriba. «Mientras la terapia génica no esté médicamente implantada,
y eso no ocurrirá antes de dos o tres años, probablemente no habrá
aplicaciones en el dopaje. Pero cuando los ensayos clínicos den buenos
resultados la implementación práctica será muy sencilla», comenta.
El doctor Segura pone también el foco sobre los efectos secundarios de
estas prácticas. «En Francia se logró curar a niños que padecían
inmunodeficiencia combinada severa -los conocidos como «niños burbuja»-,
pero varios de ellos desarrollaron leucemia. ¿Por qué? Los científicos
aún no tienen una explicación convincente».
Anticiparse es clave
Las alarmas han saltado en la Agencia
Mundial Antidopaje, con sede en Montreal, que en 2004 impulsó un código
ético de cara a los Juegos Olímpicos de Atenas. Su director general,
David Howman, dijo a ABC que «la manipulación genética aún no ha
sido aplicada en el deporte, que nosotros sepamos, pero algún día se
usará y confío en que encontremos un camino para detectarla». En
cooperación con la industria farmacéutica y con laboratorios de
investigación, como los del Instituto Municipal de Investigación Médica
y del Parque de Investigación Biomédica de Barcelona, la Agencia está
tratando de desarrollar un test para detectar este nuevo tipo de dopaje.
Es este momento se tramita en el Congreso
una severa ley antidopaje. La reciente «operación Atrio» indica que
en España vamos por el buen camino. «El problema existirá siempre,
pero el margen de maniobra será menor», concluye el doctor Jordi
Segura. Eso esperan quienes luchan contra el fraude.
Fuente : www.abc.es
|