Ouarzazate - Marruecos
MARATÓN DES SABLES (XXI EDICIÓN)
MIS CRÓNICAS (Por Gonzalo Patricio Frías, finisher en esta edición
2.006)
VII Parte
Continuación 3º etapa (EL DOLOR).
Etapa para el suplicio. Promediando la misma, una espectacular montaña me
espera. Lo abrupto de sus laderas
es sencillamente indescriptible a punto tal que una parte de ellas debo
acometerla doblado en cuclillas con las rodillas flexionadas al máximo y
totalmente inclinado hacia delante para que el gran peso de la mochila no
juegue con la fuerza de gravedad y me empuje hacia atrás.
Los pulmones parece que me van a estallar en cualquier momento por lo que
el intento de ascender sin detenerme resulta imposible. Paro, tomo una
gran bocanada de aire ( bien caliente) y sigo.
Al final del consiguiente descenso de la terrible cuesta nos espera un
puesto de control. Estoy "muy enojado" con la organización por
semejante rigor a punto tal que a la colaboradora española le digo,
textualmente y en tono irónico "que sorpresita nos tenían
aguardando".
Me detengo unos minutos a hidratarme y, sentado desde un filo, aprecio la
bestial subida que acabo de vencer.
Sigo, sin saber que me dirijo a los dos peores momentos de la etapa: el
primero es atravesar el lecho de un lago seco, sector donde se concentra
la mayor temperatura, más aún que en las arenas de las dunas.
La sucesión de atletas sentados en medio de la nada, totalmente
resignados por su (terrible) suerte se convierte en un interminable
desfile de figuras que mis ojos pasan revista una y otra vez,
incesantemente.
Aguardan bajo el inclemente sol a ser rescatados por los vehículos 4 X 4
de la organización. Es que ya han lanzado las bengalas anunciando la
irreversible derrota a manos de la deshidratación ( el consumo de varias
bolsas de suero así lo certifica).
Luego, al final de la etapa, nos enteraríamos que, en ese pasaje de la
carrera, la sensación térmica trepó hasta "51º" producto de
un invitado inesperado en la casa del señor desierto: la humedad,
elemento éste que colocaría en un peligroso jaque a la organización por
la cantidad récord de abandonos ( alrededor de 150) que registraba ya
esta edición de la carrera "más dura del mundo".
Qué locura! Estar en la prueba de mayor dificultad en el planeta y, como
si fuera poco, en la peor de todas sus ediciones. Y para muestra valgan
dos botones: un severo cuadro de hipertermia que colocaría a un corredor
irlandés en un peligroso estado de coma y una traqueotomía practicada a
otra corredora hablan por sí solos.
Pero el suplicio mayor estaba por llegar:
la uña floja del dedo gordo en mi pié izquierdo comienza a torturarme
cual si fuese un aguijón a cada paso que doy. Mi cojera cada vez es más
acentuada y mi tiempo límite más acotado. Sólo dispongo de algo más de
diez minutos para arribar a meta antes del tiempo límite para la etapa.
Veo la llegada distante y creo que no lo logro; debo hacer entonces un
esfuerzo sobrehumano para dejar de lado el calvario de la uña y aumentar
el ritmo para concluir la etapa. Jamás en la vida debí sufrir tan
intensamente una prueba para poder arribar a meta. La uña está destrozada
y "aún me esperan etapas como la non stop de alrededor de 60
kilómetros y una maratón entera de 42 kilómetros". Esta carrera es
un acto demencial!........
CONTINUARÁ LA CRÓNICA DE LA
INTERMINABLE 4º ETAPA.
De Córdoba a Marruecos
Primera Parte
Segunda
Parte
Tercera
Parte
Cuarta
Parte
Quinta
parte
Sexta
Parte
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