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Ouarzazate - Marruecos
MARATÓN DES SABLES (XXI EDICIÓN)
MIS CRÓNICAS (Por Gonzalo Patricio Frías, finisher en esta edición
2.006)
X Parte
5º Y PENÚLTIMA
ETAPA: JEBEL EL MIRAÏER/ KOURCI DIAL ZAÏD ( 42 KMS.)
Cuando llegué a la jaima
luego de tan tremenda experiencia en la etapa non stop de 60 kilómetros,
mi pensamiento era uno sólo: “Basta, punto final, mañana no largo, los
voy a boicotear a los organizadores no largando como protesta a tan
tremenda e inhumana carrera”. Pero cuando ingreso a la tienda y comienzo
a dialogar con mis compañeros, todo se transforma, mis pensamientos
tienen un giro de 180º. Me sorprendo cuando me cuentan que varios de
ellos, como yo, han trastabillado en la fina arena sahariana en los
crueles últimos 4 kilómetros de dunas, incluso uno de los ibéricos,
Jorge Yébenes, que luego sería mi compañero de habitación en el hotel
en Ouarzazate, ha “caminado descalzo por el mar de arena” aprovechando
la frialdad de la noche porque sus pies de tan edematizados y ampollados
ya estaban a punto de estallar atrapados en sus zapatillas.
La táctica de haber
completado la jornada non stop en 16 horas, es decir prácticamente la
mitad del tiempo límite ( de 34 horas), me ha permitido tomar un largo
descanso durante todo un día. Con mis hermanos de jaima aprovechamos el
momento para no hacer otra cosa que presenciar el interminable desfile de
maratonistas que van arribando a cada minuto a la meta, pero somos
privilegiados espectadores de otro desfile: el de las “víctimas” de
las ampollas hacia la carpa sanitaria. Esta imagen es dantesca: el paso de
atletas cojeando y hasta “con muletas” ( y no les exagero) nos hacen
recordar imágenes más bien propias de un campo de refugiados de guerra.
Y se hace de día,
intento calzarme las zapatillas y fallo, no puedo, me autoengaño diciéndome
que el problema está en
tanta arena que ha ingresado al calzado. Este dato es cierto, pero no es
la única causa por la que mis pies no pueden deslizarse holgadamente por
el interior de las zapatillas. El edema, las ampollas, la uña floja y,
efectivamente, la fina arena que todo lo puede forman un cóctel tremendo
que ha puesto en jaque a más de un avezado corredor.
Mi consejero Alex
Foresti tuvo un momento de suma lucidez cuando me anunció en una de
nuestras tantas conversaciones antes del evento: “el Sahara todos los días
te depara algo nuevo, distinto, sorpresivo”. En este caso, lo ilógico
fue pasar de jornadas bestiales de calor húmedo, incluida la etapa más
larga, a un día con temperatura casi normal, para los estándares que se
manejan en el desierto más extenso del planeta. Increíble!: estaba
corriendo hasta con una campera puesta en pleno día, con un viento que
era una panacea en comparación de las infernales olas de calor que
soplaron otrora. Y los kilómetros se iban consumiendo, incluso a paso de
trote y carrera, con las energías inimaginablemente intactas, para
arribar a la meta holgadamente respecto al tiempo límite. En ese momento,
comienzo a paladear lentamente el sabor de la hazana. “Estoy cerca, muy
cerca” me repito una y otra vez. Los rostros de mis compañeros españoles
dicen exactamente lo mismo. Nos miramos y ya sabemos lo que estamos
pensando y sintiendo; todos compartimos una misma imagen muy próxima: ¡
la meta!.......
CONTINUARÁ EL RELATO
DE LA ÚLTIMA ENTREGA CON LA IMPRESIONANTE LLEGADA DE TODOS LOS
“SOBREVIVIENTES SAHARIANOS”.
De
Córdoba a Marruecos
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Parte
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Novena
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