LOS HERMANOS IBARRA
Raúl Ibarra
Raúl y Ubaldo fueron dos entrerrianos que a pesar de su pobreza y desajustes alimentarios, mostraron que tenian capacidad como para ser grandes a nivel internacional.
Raúl por sus actuaciones destacadas fue un ídolo y tenian fama de cosechar amistades con solo su presencia ya que le sobraba simpatia, pero los que conocieron su historia saben que de no ser por Ubaldo, Raúl tal vez no hubiera logrado nada.
Eran pertenecientes a una familia humilde de raigambre entrerriana, ambos nacieron en Paraná y llevaron desde chicos una vida sana.
Oscar Martinez, un por entonces conocido ciclista entrerriano y cultor de la gimnasia respiratoria, condujo a varios niños por el camino de la cultura de la salud y entre ellos llevó a Raúl y Ubaldo.
Les enseñaba su gimnasia. La actividad física desarrollada por ellos en sus tiernos años colaboró para que los hermanos crecieran en condiciones aptas para la práctica del deporte y para su siguiente consagración.
Un amigo de ellos Francisco Francetti se destacaba en pruebas de fondo y los Ibarra lo acompañaban frecuentemente en sus entrenamientos. Estos se llevaban a cabo en logares poco iluminados de Paraná por lo que los hermanos, que eran los cronometristas de Francetti, portaban una vela para poder cumplir con su misión.
Pero pronto sintieron la necesidad de abandonar su condición de auxiliares y decidieron imitar a su amigo, superandolo al poco tiempo de comenzar a entrenar juntos.
Más tarde Ubaldo Y Raúl se tomaron muy en serio esta actividad y comenzarón a entrenar por su cuenta en la plaza principal.
Como el inconveniente que se les había presentado era el no tener un cronómetro, en el café de la esquina tenian un reloj grande en la puerta el cuál utilizaron para sus entrenamientos, en quince dias habían bajado en ocho minutos la distancia seleccionada para entrenar.
Paraná los vió destacarse cuando empezaron con la practica activa en competencias, luego fue Santa Fe la ciudad que contempló como Ubaldo le ganaba al hijo pródigo de esa ciudad Nery Aguiar quien venia de ganar el trofeo Luisi en Buenos Aires.
Los dirigentes del Club Honor y Patria llamaron a Raúl y lo hicieron correr con sus colores, vino a la Ciudad de La Plata y le ganó a Otto Recklau sobre 3.000 metros. 
Luego fue a vivir a la famosa Villa Desocupación de Puerto Nuevo en donde pasó hambre hasta que José Stauf lo llevó al campo de deportes de la CHADE.
La secuela de estas circunstancias vividas en la villa fueron malas actuaciones en los 5.000 metros.
Más tarde el recordado Francisco Mura lo anotó para su Deportivo Andino y no tardó en ganar el Criterio Apertura.
Luego de esto consiguió trabajo y fue en esa ocasión cuando nombró a su hermano mayor (le llevaba un año) subrayando que era superior a el, don Francisco Mura le pidió a Ubaldo que le mande un entrenamiento por correo hasta que considere conveniente indicarle que viniera a participar a Buenos Aires.
El muchacho lo hizo en compañia de Héctor Zabala Bianchi, su tutor deportivo y con un equipaje nada agradable, un año de fumar y no entrenar.
Esta causa le deparó un mal debút, más su calidad se impuso y ganó la primera jornada del Trofeo Luisi sobre la distancia de 4.800 metros y con récord, bajó los 15:55 de Neri Aguiar a 15:29.
Un domingo más tarde escoltó a Ubaldo en la segunda jornada del mismo torneo sobre la distancia de 6.700 metros, sin olvidar ambos de derrumbar otro récord, el de Roger Cevallos de 21:18  llevandolo a 21:05 y 21:10 respectivamente.
El 8 de diciembre de 1934 Raúl gana la más importante de las carreras en la Argentina "El Maratón de los Barrios" y a partir de esa fecha ambos hermanos alcanzarían récords increibles.

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Historia de un récord mundial
Récord de 20 km en pista.

Esta nota fue extraida de la Revista El Gráfico Nº1145  del día 20 junio del año 1941.
 

En el historial de récords obtenidos por Raúl Ibarra hacia falta algo. Y ese algo era un récord mundial. 
Nadie con mas título que él para logralo. 
Demostrada su capacidad en el último sudamericano sin rivales en el continente deb¡a seguir su meteórica carrera atlética.
Y de ah¡ su tentativa. Los resultados no han hecho sino confirmar la pasta y la gran clase de este campeón. Ejemplo de disciplina, modesto, silencioso, fue al estadio de Gimnasia el sábado a la tarde, tarde plena de luz y sol, como si el tiempo hubiera querido esociarse a la magn¡fica hazaña que iba a cumplir el rnuchacho entrerriano.
Vestido con su buzo, salió a la pista llevando en el rostro enérgico una leve sonrisa que denotaba la propia confianza en sus medios. Sin alharacas, comenzó a paso menudo a dar unas vueltas para entrar en calor.
El público lo saludó con un aplauso estruendoso "Ibarra ­ Ibarra".
Bien merecia estas expresiones quien salia una vez más a la pista para prestigiar al deporte argentino. 
A LA CONQUISTA DEL RECORD 
Terminados los preparativos sonó el disparo que puso en acción los cronómetros contra los cuales iba dirigido el esfuerzo del atleta. Su paso desenvuelto comenzó a accionar firmemente desde las primeras vueltas.
Se trasuntaba entre los concurrentes la emoción que embarga los ánimos.
Empezaron los cálculos y conjeturas. Nadie dudaba que su tentativa sería coronada por el éxito.
Pero... había que esperar el dictado de los cronometros. Y estos empezaron a hablar con los tiempos parciales: 
3.000 metros en 9' 12"
5.000 metros en 15' 21" tres quintos
para llegar e la mitad de la carrera, 10 kilómetro en 31' 16" un quinto.
Se empezó a vislumbrar, no ya la caida del récord, sino un tiempo notable. Vuelta tras vuelta, minutos tras minutos, Ibarra seguía con su tren demoledor de marcas. 
El isócrono contar de las vueltas que faltaban indicaba la aproximación de la distancia de 10 millas una de las tres tentativas a realizar. 
Se anunció entonces 50' 55" empleados, y el primer récord sudamericano caia batido. 
El clamoreo del público cada vez más intenso, alentaba a Ibarra. 
Llegó la hora y con ello otro récord: 18.874,91 metros recorridos. Ya no quedaba duda, la marca mundial de los 20 kilómetros sería batida.
!Récord! era el clamor de todas las gargantas. Y se llegó al final de la prueba. Desbordó entonces el público, que en un ansia incontenible invadia la pista para presenciar la llegada.
La última vuelta fue recorrida por Ibarra acompañado de los espectadores, los que formaron una calle de honor en la recta final. 
En seguida el afán febril de saber la cifra justa. Tal era la seguridad del éxito que nadie preguntaba si el récord habia mejorado, sino que por cuanto había caido batido. 1 hora 3 rninutos, 33 segundos 1 décimo era la nueva performance mundial. Raúl lbarra entraba desde ese momento a figurar como el mejor corredor del mundo en la distancia de 20 kilómetros.
Y permitasenos enorgullecernos de ese triúnfo. Ligado a esta revista por su victoria en la primera Maratón de los Barrios organizada por El Gráfico sentimos cada jalón en su carrera deportiva como algo nuestro, y decimos: ­Muy bien, Raúl!... 
Y con este récord de Ibarra existen varios aspectos dignos de ser comentados y que mueven a extraer de los m¡smos algunas reflexiones.
En primer término constituyó una sorpresa el numeroso público que acudió a presenciar la prueba. Más de rnil personas se hallaban presentes, su entusiasmo, su vocerio alentando a Ibarra, son signos promisorios para el átletismo argentino. 
EI periodismo, representado por la gran cantidad de cronistas y fotógrafos que se dieron cita en Gimnasia y Esgrirna, hacia recordar los rnejores d¡as. 
Las crónicas y comentarios publicados despues confirmaron la importancia asignada al suceso. 
Todo ello me hace suponer que la indiferencia que rodeaba hasta ahora al atletismo tiende a desaperecer, se empieza a dar el primer paso hacia esa labor en pro del resurgimiento da este noble deporte. Me satisface comprobar que mi prédica en su favor encontrará en el futuro campo más propicio. Y me aliente a continuar con mayor ahinco mi modesta, pero bienintencionada tarea paro su difusión. 
De 50 personas a rnil va una diferencia muy grande en el espacio de pocos meses transcurridos entre los dos mejores récords de Ibarra. el de 10 y 20 kilómetros. 
Y esa diferencia habla de por si sola de un promisorio resurgimiento. 
Cada vez que se rnenciona un récord de Ibarra, implicitamente hay que unirlo al nombre da Alfredo Albónlco. Ibarra con sus piernas y Albónico con su cerebro constituyen el binomio que ha procurado las mayores satisfacciones al atletismo argentino. Y justo es consignarlo, los dos se complementan en todo. Uno con su disciplina y el otro con su prudencia. Juntos van escalando los lugares de privilegio. 
Es demasiado limitado ya para ellos el marco atlético sudamericano y en lógica superación abordan les marcas rnundiales. 
Ya poseen la primera y tengo la seguridad que a corto plazo seguiran deparandonos la satisfacción de ver colocado el nombre de un atleta argentino entre otras hazañas de las primeras figuras mundiales .
 
EL GRAFICO 20/06/1941

 

 

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    24/06/04   
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