FREDRICK LORZ

EL PRIMER GRAN FRAUDE OLíMPICO:
En 1904 por primera vez en la historia, las olimpíadas cruzaron el Oceano Atlántico.
Para demostrar que en America se podían hacer las cosas mejor que en Europa, se monto un circo gigantesco entorno a los juegos, pero hubo muchos escandalos, entre ellos el que protagonizaron varios corredores de maratón.
Fredrick Lorz, un americano de Mohawk, Nueva York, representaba a los EE.UU.
Corria el 30 de agosto, eran las tres de la tarde de un día húmedo y caluroso, por las calles polvorientas de Saint Louis, cuando se larga el maratón con 31 atletas.
Cuenta la historia que al entrar al estadio fue ovacionado por el público presente con mucho fervor ya que ganaba un compatriota.
Los jueces miraban con asombro como el hombre después de correr 42 kilómetros en un día como ese, había llegado tan fresco a la meta.
Llegado el momento de la coronación, en el que la hija del presidente Thedoro Roosevelt, Alicia Roosevelt, iba a colocarle la corona de laureles, no pudo resisitir su sentimiento de culpa y admitió haber subido a un camión en el kilómetro 15 y haberse bajado faltando cuatro kilómetros, solo atinó a decir como excusa que lo hizo como una broma.
Los jueces olimpicos no se rieron de su broma y lo suspendieron de por vida de las competencias oficiales.
Después de un año, fue perdonado y autorizado a correr el maratón de Boston de 1905, de entre 78 corredores de buen nivel que largaron, Fredrick Lorz gana con un contundente 2:38:25.


Un escritor mexicano dedicado a relatos sobre acontecimientos en maratón, Carlos Chimal, escribió:
San Louis 1904.
-El viento se quedo en casa hoy-
Le dijo Fred Lorz al hombre de ojos azules, barba gris y sonrisa bondadosa. Este manejaba al volante por que era corto como un ziper y mascaba una bola de tabaco como una esfera de billar. Volteó y lo miró un instante. Regresó a lo suyo. Lorz no podia ocultar el rictus de dolor por el músculo acalambrado. Los más duros le llevaban apenas cinco minutos de ventaja.
- La humedad es ahora del 77% - dijo el conductor.
- Probablemente, aumente en las próximas horas -.
Hizo una mueca y escupió una flema ambarina y dijo :
- Ande, suba de una vez, que no tengo su tiempo -.
Mientras el camion avanzaba, Lorz se acordó de las caricias de su Maria y comenzó a darse masajes en la zona afectada; sintió alivio, casi como cuando la tenía finalmente en sus brazos, pero entonces el vehículo tosió y se ahogó.
- Hasta aqui llegamos mi buen...-.
Dijo el chofer.
Días más tarde, el camionero testificó algo que el mismo Lorz, atormentado, había terminado de confesar ante la presión de un estadio delirante y la mirada escuadriñadora de algunos jueces:
- Me prometió que solo regresaría al estadio por sus cosas personales. Cuando la prensa publicó al día siguiente la noticia de que había ganado el maratón de San Louis, me dije: ¡Bravo, chico, lo hiciste!. Pero luego me di cuenta de que me había usado, no para alabar al señor, sino para hacerse famoso, y eso me encolerizó. Por eso estoy aquí, para testificar que Fred Lorz hizo trampa-.



Largada, Fredrick Lorz es el cuarto de la izquierda

 
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