FRANCISCO
RAFFA
Nacido
el 30 de diciembre de 1939, en un hermoso pueblo de Italia, perdido entre las
montañas, llamado Zungoli. Ya a los doce años viene a la Argentina y se radica
en Isidro Casanova, provincia de Buenos Aires, donde desde hace 50 años vive con
su familia.
Sus
comienzos deportivos, no fueron en el atletismo, sino en el ciclismo, mas tarde
ingresaría en el mundo de las carreras pedestres, donde hasta la fecha, tiene
contabilizadas la asombrosa cantidad de 480, de las cuales, 53 fueron hechas en
el 2000, eso significa, que corrió 1 por semana.
Su característica principal: es una persona pausada, tranquila y al hablar,
contagia su personalidad. Es decidido y aventurero, ya que es capaz de meterse en
competencias sin saber de que se trata.
¿Qué
te hizo cambiar la bicicleta por las zapatillas?
Hubo una época,
cuando trabajaba en la Borgward, empezaron a hacer competencias de fútbol, y en
los partidos me daba cuenta de lo bueno que era corriendo y de lo malo que era
jugando, porque iba muy rápido, pero me olvidaba la pelota.
Un día, estaba en una canchita frente a mi casa y escuchaba en la radio, a José
Maria Muñoz hablar de las Fiestas Mayas, y me dije a mí mismo – Yo me voy a
preparar, vamos a ver que es esto -.
Empecé a trotar en la canchita y apenas daba 2 vueltas de 300 metros seguido, y
me llevo 3 meses dar 10 vueltas seguidas.
Cuando les dije a mis amigos y vecinos que me iba a anotar, hice tanto bombo que
me prepararon un equipo deportivo y cuando me fui a anotar y descubrí que eran
22.600 metros me quería morir, que hago ahora, y bueno, dale que va.
Ya el día de la carrera, en los últimos kilómetros, iba caminando y vino mi
sobrino y me acompaño, tarde 2:20 y llegue en el puesto 1822, creo que fue la
edición del año 1988.
¿Y tu primer maratón?
El primero, fue
el Adidas del año 92, como en todos los deportes, me dije: vamos a probar. Me
acuerdo que largábamos de Libertador, después íbamos por 9 de julio, bajábamos
por Alberdi, San Juan, llegábamos a San Pedrito, pegábamos la vuelta y seguíamos
por San Juan, después 9 de Julio, Figueroa Alcorta hasta la cancha de River y
volvíamos. Llovía tanto que la 9 de julio era una cancha de water-polo.
Me acuerdo que en el kilómetro 30 me pasa un muchacho que me alienta diciéndome:
-dale, dale que ya llegamos a los 30, ya hicimos la carrera- fue tan insólito,
porque a los 3 kilómetros, lo encuentro tirado en el piso, no sé podía mover.
Tenia 52 años en mi debut en maratón y metí 3:43, fue en el año 1992 y no
estaba entrenado.
El único percance que tuve, fue que le pedí a mi sobrino que me alcance algo
de dulce en la carrera, pero con la lluvia no apareció ni el loro Martín. Por
supuesto que estas carreras no se pueden comparar con las del gordo Muñoz, en
esas, tenias un sendero de gente durante todo el recorrido y te alcanzaban
frutas, caramelos, agua, todo lo necesario. El calor de la gente en esas
carreras no se va a ver nunca mas, digamos que lo más cercano es el de las Tres
Ciudades de Chubut.
Y
tu mayor satisfacción en este deporte ¿Cuál fue?
No me vas a
creer cuando te la cuente.
Un día me fui de viaje a Italia, a mi pueblo, Zungoli, que hacia 46 años que
no iba y como fuimos en el mes de fiesta, nos encontramos con un festejo
diferente todos los días, cosa habitual en Italia, oh casualidad, uno de los días
sé hacia una carrera
de 8 kilómetros y
como no iba a ser menos, la corrí, por supuesto no esperaba nada y mucho
menos después de 1 kilómetro y medio, ya me habían sacado 400 metros, pero,
es en la montaña y se empezaron a quedar y los empecé a alcanzar y cuando
hicimos el retome arriba dimos la vuelta, alcanzo al primero y lo paso, recuerdo
que se me voló el numero, no miraba el reloj, para no perder el tiempo y lo más
lindo de todo, es que llegue primero, por primera vez en la historia, gane una
carrera y en Italia.
Después
de tantas carreras ¿qué se le dio por fallar a tu corazón ahora?
Lo
que tuve en realidad, fue una fibrilación de la aurícula aguda, que te hace
perder el equilibrio y el habla, pero no perdes el sentido.
Había salido de trabajar, y me había ido al banco a cobrar un cheque, me pongo
en la cola y de repente siento dentro de mi cabeza, como un terremoto, era como
un panal de abejas muy fuerte, pierdo el equilibrio y me quería agarrar de la
gente, pero todos se alejaban, la única persona que me ayudo fue una viejita,
que nunca supe quien fue, me alcanzo agua y se ve que entre mi balbuceo entendió
mi teléfono y llamo a mi familia, mientras tanto los del banco, y la gente, no
me daban ni cinco de pelota, nadie se metió.
Estuve dos horas tirado en el piso, cuando llega la ambulancia no era de
traslado, así que tuvieron que llamar otra, me acuerdo que mi esposa llega en
el mismo momento que la otra ambulancia, me subieron y le preguntan a ella como
llegar, ni siquiera sabían ir al hospital y para colmo no trajeron un medico.
Mientras estaba siendo trasladado de golpe se corto el ruido en mi cabeza y lo
único que deseaba era descansar, fue una sensación de alivio hermosa.
Después en el hospital me hicieron todos los estudios habidos y por haber y no
se encontró nada de nada y hasta el día de hoy seguimos haciendo estudios y
nada. Solamente encontraron la fibrilación.
Hoy por hoy, me estoy cuidando, pero, preparando para el maratón de Chubut por
lo pronto ya corrí unas cuantas carreras y duatlones.
Estuve parado un tiempo, donde engorde como ocho kilos y nunca se me había
ocurrido en que debía dejar de correr.
¿Y
si te hubieran dicho que tenias que dejar?
Y que le voy a hacer, con
el corazón no se jode. Y si tengo que dejar aprovechare para ver todas las
carreras que pueda ya que por correr uno se pierde de ver todo lo demás.
Lo que pasa es que uno se encariña tanto con todo lo que rodea las carreras, el
entrenamiento, uno se enamora del ambiente y eso no lo podría abandonar.
Mate de por
medio, he visto el orgullo en los ojos de Francisco al mostrar sus trofeos, las
fotos del cruce de los Andes, la ultra maratón de las nubes en Salta y su mayor
alegria, la carrera de Zungoli, a su vez note también el orgullo de su esposa
por los logros de su marido.
Gerardo Hector Re
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