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Cascallares - Moreno - Buenos Aires
Domingo 27 de Octubre de 2002.
Un domingo memorable
Cascallares es algo así como La Meca del atletismo bonaerense. Se realizan allí innumerables pruebas en el año. Un circuito bien medido y un sobrio servicio de avituallamiento, completan el panorama.
El domingo 27 de octubre de 2002 quedará en la historia grande del atletismo cascallarense. Se disputaron los 75 kilómetros con la presencia de la elite de la ultradistancia. Simultáneamente se desarrollaron pruebas sobre quince y treinta kilómetros, mal llamadas complementarias, ya que son un clásico por si mismas.
A la hora señalada, mas bien un rato después, La Tribu se hizo presente. Como ya viene siendo habitual en las pruebas de fondo, las huestes del Tucu aportan un porcentaje importante de los participantes.
Los setenta y cinco convocaron al legendario Raúl Amil y a dos aficionados buscando emociones fuertes: Hipotenusa Massera y El Pingüino Toubes. Era emocionante ver la alegría que emanaba del Tucumano al ver a estos dos gladiadores del asfalto en sus últimos aprestos rumbo a la gloria eterna.
Hecha esta introducción nos disponemos a largar con la muchachada, que, en un conmovedor gesto se despiden de Toubes con emocionado semblante, absolutamente seguros de que esta será la última de sus aventuras.
Concentrémonos en los setenta y cinco kilómetros. Sólo trece participantes, tres de ello miembros de La Tribu. Cada uno con realidades diferentes y enfrentando por primera vez esa pavorosa distancia. La presencia de los familiares más cercanos de Gabriel Massera y Ernesto Toubes dio lugar al rumor de que estaban disputándose la herencia de los dos legendarios atletas, ya que se daba por descontado que sería el fin de sus gloriosos días.
Desde el instante mismo de la largada pudo comprobarse la arriesgada estrategia de Toubes, quien impuso un vertiginoso ritmo desde el último lugar, obligando a sus ocasionales rivales a acelerar el paso, sacándolos completamente de ritmo y de quicio.
Amil comenzó a construir su triunfo a partir del kilómetro cuarenta, en donde se alejó de dos rivales que podían hacerle sombra (no nos referimos a Massera y a Toubes). Gabriel Massera se conformó rápidamente con el cuarto lugar mientras Toubes abandonaba el último puesto con la idea fija en abandonar lisa y llanamente. Pero el ex-cóndor comprendió que debía brindarse por el equipo y esperó pacientemente a que Amil le sacara una vuelta. Aprovechando que era en un tramo con viento en contra le sirvió de cortina durante cuatro segundos en los cuales Raúl recuperó valiosas fuerzas de cara al final de la competencia. No conforme con ello, le sirvió luego como
alfombra durante dos segundos más pues fue literalmente pasado por arriba por el extraordinario Raúl.
Sorprendido e indignado, Toubes descubrió que varios de sus competidores imitaban su exclusiva táctica de caminar largos tramos de la carrera. Este hecho le quitó toda posibilidad de ser el único en dar lástima al numeroso público que se hizo presente en el lugar, aunque con otros fines, ya que a la carrera no la estaba mirando nadie.
Afianzado cada uno en su respectiva posición, solo bastó dejar transcurrir plácidamente las horas para finalizar la participación en esta bonita prueba.
Raúl Amil empleó discretas cinco horas y cincuenta minutos para ganar sin oposición y Gabriel Massera defendió el cuarto lugar en opacas siete horas y treinta y un minutos.
La nota destacada la brindó una vez mas Ernesto “Cara de Piedra” Toubes, quien mejoró la marca establecida por el planeta Urano en una órbita en torno al Sol y se dio el lujo de quebrar la mítica barrera de las diez horas estableciendo asombrosas nueve horas y cincuenta y seis minutos.
El Tucumano, mudo de la emoción, no alcanzó a articular palabra; pero diversos epítetos se le adivinaban en el brillo de su mirada.
ÚLTIMO MOMENTO: Trascendió que, en el último tramo de la prueba, Toubes habría sido víctima de un secuestro extorsivo, ya que su demora en completar los últimos quince kilómetros no admite otra explicación racional. Según una fuente que prefiere mantenerse en el anonimato, la agrupación habría accedido a pagar diecisiete patacones serie “B” por su liberación, una vez que los secuestradores cedieron en parte su exigencia inicial de trescientos mil dólares estadounidenses. Al requerirse alguna aclaración al respecto, en el entorno de Toubes reinó un profundo hermetismo.
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