FIESTAS MAYAS 2004

Veinticinco de mayo, día de escarapelas, tortas fritas, locro, empanadas, acto escolar y Fiestas Mayas.
Fiestas Mayas. Fecha patria del atletismo argentino.
Digan lo que quieran del gordo José María Muñoz, con él las Mayas tenían otro sabor.
En mis épocas mozas, desde la radio AM de mi vieja camioneta Dodge con motor Perkins cuatro cilindros, su voz estentórea me invitaba a salir a correr por avenida Pavón rumbo a Lomas de Zamora.
Linda camioneta, había sido de un zapatero de la avenida Acoyte.
Y me quedó el bichito del atletismo adentro.
Pasaron los años y mil desengaños, hoy vuelvo a encontrarte mi vieja pared.

Año dos mil cuatro, muchos años después nos volvemos a encontrar.
Las Mayas y Ernesto Toubes, nuevamente frente a frente.
Carrera devaluada, diez pesitos para la birra vieja.
Un pesito por kilómetro.
La entonación del himno antes de la largada fue el único rasgo distintivo que intentaba expresar que no se trataba de una carrerita más.

Atleta desvencijado, las huellas de más de cien batallas mellaron mis fuerzas y mi entusiasmo juvenil.
Fiel a mi mismo, me ubico en la última posición para la largada.
El comienzo es vertiginoso. Un minuto y cuarenta y siete segundos después de la orden de partida atravieso el arco de largada.
El acto del veinticinco, escuela primaria en La Paternal, yo deseo el papel de Belgrano o de Juan José Paso.
Paso era vehemente. mi paso es cansino. Siete minutos el primer mil.
¿Qué te pasa Toubes?
El pueblo quiere saber de que se trata. Se trata de recorrer la distancia en el menor tiempo posible.
Se trata, no siempre se logra.
El segundo kilómetro a seis treinta. Esto va tomando color. Color oscuro.
- Empanadas calientes, para quemarse los dientes - pregona una compañerita con el rostro embetunado. 
El sol del veinticinco viene asomando. Espero que no me toque bailar el pericón.
- Las once han dado y sereno - a este paso no llego ni a las once.
Juan José Paso, Mariano Moreno, Castelli. De Moreno o de Castelli no me gusta hacer porque llevan en sus
conciencias el fusilamiento de Santiago de Liniers. Y yo, a Liniers lo quiero.
Kilómetro cinco. Paro a tomar agua. Han pasado ciento noventa y cuatro años. La revolución se ha impuesto.
¿Se ha impuesto?
Ya recompuesto, reanudo mi camino.
Oid mortales el grito sagrado, libertad, libertad, libertad.
Trotar genera una sensación de libertad. Hoy no quiero correr, prefiero saborear un trotecito lento.
- ¿Cuándo corriste? ¡Caradura! - me increpa Mariano
Moreno ofendido por mis cuestionamientos a su figura.
Discutimos hasta el kilómetro siete, él se va a tratar de bajar la hora y a buscar su bronce para toda la  eternidad, yo me quedo enmadejado en mi tranco lento.
Al fin llego, otro año más queridas Fiestas Mayas.
¡Qué mal que nos vemos!
Una vez más me tocó el papel del Virrey Cisneros.

Todo transcurrió en una hora, tres minutos e interminables veinticuatro segundos finales.

Ernesto Toubes     

 
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