Campeonato Mundial de 100Km, Winschoten, Holanda
Relato de un miembro del equipo argentino
Por
Mercedes Acuña
Buenos Aires, 6 de septiembre 2004. Después de tres meses de preparación (entrenamiento, charlas, discusiones, incertidumbres,
interminable intercambio de mails, llamadas, búsqueda de sponsors, etc.), llegó la fecha esperada: el equipo de ultramaratón argentino se embarcaba rumbo a Holanda a correr el Campeonato Mundial de 100Km organizado por la IAU. Primera vez en la historia del ultramaratonismo argentino que se presentaba el país en este evento: una gran
responsabilidad y un gran orgullo.
Un equipo (cinco hombres y cuatro mujeres) heterogéneo desde varios puntos de vista: distintos entrenadores, distintas experiencias en la distancia, distintas personalidades y expectativas. Aunque con algunos habíamos entrenado juntos, muchos no nos conocíamos las caras.
Con el pasar de los días se formó un espíritu de camaradería que probablemente sólo se da en estas circunstancias especiales.
En mi caso particular, el sólo hecho de que este sueño se estuviera cristalizando me resultaba increíble. Todo había comenzado allá por mayo cuando había recibido un mail de Rolando Catanzaro (al que sólo conocía por esa vía) contándome sobre la posibilidad de que
el país recibiera una invitación especial para participar en el mundial de ultradistancia…. A partir de ese primer mail nunca había dejado de trabajar en pos de esa causa, como si no fuera suficiente tener que “entrenar” para 100km, organizar un equipo –con todo lo que eso significa- es un trabajo hercúleo. Pero ahí estábamos, con
nuestros uniformes, nerviosos pero bien dispuestos. Rumbo a Holanda.
Holanda, 7 de septiembre 2004. En la noche del martes (la carrera largaba el sábado al mediodía) estábamos todos en nuestro lugar de destino. El lugar donde nos alojaron era más que agradable situado como a media hora de la ciudad de Winschoten, rodeado de verde y
una paz que nos hizo muy bien. La “agenda” del evento largaba el viernes así que los primeros días los usamos para relajarnos, entrenar muy suavemente, conocer un poco el circuito y alternar con otros equipos. Al lado del bungalow del equipo femenino estaban las mujeres de Taipei y un poco más allá los mexicanos. Veíamos pasar a los
canadienses, los americanos, japoneses. Parecía mentira, ahí estábamos.
Holanda, 10 de septiembre 2004. Y llegó el viernes, había que buscar los números, charla técnica, desfile de países y pasta party. Después de la charla técnica la tensión era algo palpable. Si bien 100km son 100km y después de la orden de largada todos sabemos
qué hacer, estar ahí entre los grandes, codo a codo, da un poco de nervios (para decirlo elegantemente). De todas maneras, nuestro objetivo era absolutamente claro y, creíamos, posible… queríamos clasificar (después de la carrera nos daríamos cuenta de que no era tan simple como parecía a juzgar por la cantidad de países que no lo lograron).
Hicimos “acto de presencia” en el pasta party… pero nos fuimos a comer “a casa”. Había tanto que hacer!!! Además de comer bien, descansar mucho y concentrarse, todo lo que el equipo iba a comer y beber teníamos que meterlos en una caja, encintarla, ponerle ARGENTINA bien grande arriba y entregarla al día siguiente a la mañana. Nada se
“improvisa” en este tipo de evento, todo es super profesional, como tuvimos la oportunidad de comprobar al día siguiente.
En la charla técnica nos habían avisado que, después de cuatro días de sol, se esperaba lluvia para el sábado. Miradas de desaliento pero resignadas. Y bueno, si había que correr así, ¡ni modo! ¿Qué le hace una mancha más al tigre?
Holanda, 11 de septiembre 2004. El día amaneció nubladito y un poco ventoso, aprovechamos que la largada era al mediodía para tomarnos las cosas con calma. Desayunamos bien, nos vestimos nuestros uniformes como quien va a la guerra, lenta y ceremoniosamente. ¡Se
sentía tan distinto a una carrera común! Acordamos salir alrededor de las 11 hs para entregar la caja, sacarnos fotos antes de la carrera …y estacionar cerca antes de que cerraran el tránsito en la ciudad.
Es todo un tema ver los distintos equipos, tratar de adivinar de qué país se trataba por los colores de su ropa, empezar a reconocer caras que uno vio en las revistas!!! Faltando 20 minutos nos vamos caminando a la largada. Daniel había propuesto agarrarnos todos de las
manos en la largada pero la propuesta, además de haber sido abucheada por varios en su momento, fue absolutamente olvidada con los nervios y el apretujamiento típico de este tipo de largada. Durante la cuenta regresiva mi pulso estaba arriba de 100 lpm. Miro a mis compañeras, Silvia Díaz y Andrea Ramos, debutantes en la distancia y las veo tensas
pero tranquilas, ¡qué ídolas! Julio, tipo tranquilo si los hay, sonreía con una paz tal que decidí ponerme cerca como buscando protección.
LARGAMOS
La largada me tomó por sorpresa! Había estado llevando la cuenta con los demás (ten, nine, eight …. one..) pero evidentemente no registraba lo que pasaba. De pronto estábamos moviéndonos para adelante. Salimos de esa especie de galería (en realidad era un edificio con
dos entradas por donde se pasaba en todas las vueltas y se registraba el parcial con el chip que llevábamos y empezamos a recorrer el circuito por primera vez. La gente –mucha gente- aplaudía y gritaba a los corredores que iban pasando. Los kilómetros nos llevaron por esa ciudad totalmente volcada a la calle, para vernos pasar sentados en sus
sillas al frente de sus casas, todas pintorescas, cuidadas, sin rejas, de puertas abiertas. Íbamos cambiando de barrio y pasábamos por calles cruzadas por líneas de banderines de colores, carteles de aliento, gente cantando y alentando. Corríamos juntas Andrea, Silvia Díaz y yo y no nos daban los ojos para mirar a todos lados. La organización
había repartido entre los vecinos unos folletos en donde figuraban todos los corredores inscriptos con sus números y el país al que pertenecían. Se imaginan nuestra sorpresa cuando escuchábamos nuestro nombre seguido de gritos de aliento “Silvia Diaz, Argentina!”. Difícil dominar la emoción … y más difícil aún no acelerar el paso con
toda esa adrenalina dando vueltas. Por suerte, Silvia iba tomando los tiempos. “Más tranqui, chicas, bajemos un poco…” , pero no podíamos. De todas maneras tampoco íbamos desbocadas y sabíamos que los kilómetros nos iban a poner en nuestro lugar rápidamente.
En el km 4,3 y en el 9,2 estaban las dos “refreshment zones”, unos 400mts en donde estaban las mesas de agua de los países y único lugar en donde podíamos recibir alguna “ayuda” de nuestro equipo de apoyo (Francisco, compañero de entrenamiento que no pudo
correr por una lesión y Laura, la esposa de Rolando). Decidimos que estuvieran los dos en una sola mesa (la del km 9,2) para agilizar el trámite (éramos muchos para atender), con lo cual, cuando pasábamos por la primera zona la mesa de Argentina se veía desolada con su cartel y sin nada encima. Por suerte, la gente de los otros países nos
alentaba cuando pasábamos.
Si la primera vuelta fue “exploratoria”, la segunda fue para “asentarnos”. De alguna manera me sentía responsable por mis dos compañeras que debutaban en 100km, pero mirándolas de reojo me daba cuenta de que se las arreglaban muy bien! Silvia, concentrada, con la
solidez y seguridad que la caracteriza. Llevaba los parciales, dueña absoluta de la situación. Andrea … Andrea era otra cosa, parecía deslizarse por los kilómetros sin ningún esfuerzo, como pez en el agua, siempre con su sonrisa y sus comentarios graciosos. Una auténtica RR.PP. atraía naturalmente las miradas del
público.. y de los corredores! Corrimos las tres juntas las primeras vueltas, la gente nos alentaba y gracias a la nueva princesa holandesa, las argentinas estamos “de moda” (¡gracias, Máxima! Es mucho más lindo que nos griten tu nombre al consabido “Maradona”). Por orden de mi compañero de entrenamiento -devenido en Team Manager
debido a su lesión- tomé un gel en el kilómetro 9, me pareció prematuro pero no quise discutir con mi equipo de apoyo tan temprano. Cada vez que pasábamos por la mesa recibíamos nuestra barra, gel, papas fritas, o lo que sea que habíamos decidido comer… o que habían decidido que comiéramos! Siempre nos llevábamos una botellita para el resto
del camino (podíamos tomar agua en una mesa general en la mitad del recorrido pero con el calor que hacía eso era escaso … y además eran vasitos con lo cual la mitad iba a parar al piso). La orden de la mesa era “traigan la botella de vuelta”… primera diferencia con los equipos más profesionales que tenían botellas especiales para llevar,
nuestras botellas eran las comunes de agua mineral que fuimos tomando los días previos y juntando; no alcanzaban para ir tirándolas por el camino, había que volver a llenarlas!
A unas horas de la largada sale el sol rajante. Anteojos, gorras, esponjas, todo lo que aliviara un poco el calor y el rayo del sol venía bien (¿y qué había sido del pronóstico de lluvia?). Kilómetro 7 del circuito, un cartel escrito en español alentando al equipo de
España, no nos “correspondía” pero era un placer leer algo en nuestro idioma. Anoté en mi cabeza el detalle para la próxima. En el kilómetro 8,5 del circuito, dos personajes hacían sonar sus matracas cada vez que pasábamos. En la primera vuelta nos habíamos preguntado si iban a aguantar ahí toda la carrera … en la última, en la
oscuridad … seguían ahí, cada vez más eufóricos!!!!!
Kilómetro 40, mi peor momento. Aproximadamente a esa altura de la carrera empiezo a sentir un problema fisiológico que me aparece en algunas carreras (no en todas, increíblemente) y que no pude encontrarle todavía causa. Es una especie de cistitis fuerte que
aparece en carrera y desaparece a las pocas horas de terminarla. El tema es que si bien este problema empieza tímidamente, sé por experiencia que evoluciona en un dolor y malestar que no me deja correr ni un kilómetro seguido. Angustia y pánico. ¿Qué voy a hacer? Lo hablo con nuestro apoyo al pasar por la mesa y sin poder darme una solución lo
dejo preocupado y sigo. Un poco más adelante me entero del abandono de Silvia Novakoski. ¡Peor imposible! Sí o sí teníamos que llegar las tres que quedábamos. Por unos segundos me ví terminar la carrera caminando y sobre el filo del tiempo límite. Justo yo! La que tenía más experiencia, la que tenía que guiar de alguna manera al resto … no
podía ser. Y de pronto lo vi claro. Esto lo tenía que dominar con la cabeza. Iba a ignorar la situación, iba a seguir corriendo como si nada, no iba a sucumbir a mi necesidad de parar cada diez minutos. Si era capaz de correr 100 km tenía que ser capaz de dominar mi cuerpo. Era lo único que podía hacer … y era lo único que no había probado en
carreras anteriores al aparecerme este problema. Tenía que funcionar, no quedaba otra.
Y funcionó. Al principio fue difícil pero se fue suavizando y seguía dando las vueltas con regularidad, corriendo sin parar y ganando en seguridad. Todo estaba bien. Silvia venía conmigo y Andrea avanzaba sin problemas. De los chicos no tenía muchas noticias salvo
que iban bien y al único que habíamos cruzado era a Sergio Tello quien corrió cerca nuestro un tramo.
Empezaba a anochecer, ya no hacía calor pero amenazaba la lluvia. De pronto, dejó de ser una amenaza para concretarse en un chaparrón cerrado que no daba tregua. La sal de la cara se me metía en los ojos, la gente seguía alentando bajo la lluvia y cantando algo que
sonaba como una canción alegórica (sobre la lluvia), me parece que a esa altura había más de un “alegre” entre el público… los chops de cerveza se contaban por miles!
EL DESENLACE
Al finalizar la séptima vuelta (km 80) me sentía muy bien, corríamos con Silvia Díaz con un ritmo bien regular. El paso era cómodo y a esa altura lo que uno se plantea es terminar la carrera sin “sorpresas”. De pronto Silvia se da cuenta de que me estaba “sobrando”
un poco, según ella, me iba para adelante y me quedaba esperándola. Yo no me daba cuenta, pero con una muestra de espíritu de equipo y generosidad personal admirable, me dice “Andá, Mercedes, tratá de descontar minutos”. No llegué ni a procesar la idea: hice un cambio de ritmo y empecé a alejarme. Al pasar el km 90 y empezar mi última
vuelta, miré el reloj y se me ocurrió la idea de bajar las 10hs. Un poco jugado, es difícil pensar que se puede correr los últimos 10km de 100km más rápido que casi todos los anteriores, pero decidí también, en un impulso, intentarlo.
Ahí empecé una carrera absurda contra el reloj, lo absurdo era que no estaba intentando bajar ningún récord personal en 10km, el ritmo hubiera sido considerado lento en cualquier otra circunstancia, pero en ese momento era una empresa difícil. Bueno, vamos a intentarlo.
Paso por al lado de Rolando quien, a pesar del malestar físico que sentía, me anima a correr rápido. Una sonrisa en mi cara, de pronto siento al resto del equipo como parte de mi familia. Miro el reloj en el kilómetro cuatro de la vuelta… un poco ajustada la posibilidad. Subo un poco el ritmo, paso al lado de Horacio, lo saludo al paso mientras
le grito que voy a buscar bajar las 10hs, ánimo y aliento de su parte, aparentemente doy una imagen confiable. Paso las mesas de agua sin mirar, no hay tiempo!! En el kilómetro seis me veo con alguna posibilidad más, kilómetro siete la cosa pinta aún mejor. ¡Vamos, todavía! No veo el cartel del km 8 pero a 500mts me encuentro con los locos
de las matracas y la entrada al parque que marca la vueltita final. Rápido, rápido. Paso a unos que corren postas que me miran sorprendidos. Está medio oscuro y no veo los charcos que dejó la lluvia y me meto de lleno en uno, no importa, doblo la curva que me deja de frente en la recta de las mesas de agua. De lejos le hago una seña a nuestro
apoyo para que se abra: NO pienso bajar la marcha, desde lejos le grito lo que intento hacer y que ya a esa altura no parecía demasiada hazaña puesto que tenía tiempo sobrado que había ido a juntando con el dolor de mis cuádriceps en los kilómetros anteriores. Imperturbable, nuestro team manager me saca una foto, corre al lado mío y me
pasa la bandera de Argentina para que entre con ella. Me sentí un poco antipatriótica cuando pensé “espero que la bandera no me saque velocidad!”. La enrollé un poco y la llevé en una mano, ya iba a tener tiempo para desplegarla. Más rápido. Paso a alguien que resultó ser un mexicano, doy la anteúltima curva a 100mts de la llegada y paso a
una mujer del equipo de Taipei, ¡la cereza del postre!
Última curva y de cara a la llegada muy iluminada y llena de gente. Despliego la bandera para que la vean todos y se me cruzó si sería gracioso ver llegar a alguien con esa cara de velocidad a casi 10hs de carrera … un sprint de 10km … para una carrera de 100km!!! Creo
que no se lo aconsejaría a nadie, pero qué placer que se siente al darse un pequeño gusto dentro de un objetivo mil veces más importante como es clasificar para tu país.
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ACUNA, MERCEDES
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ARG
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9:57:26 a.m.
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Buenos Aires, 14 de septiembre de 2004. Hoy estamos de vuelta, el Campeonato Mundial de 100km 2004 es de alguna manera, historia. Pero, más allá de que va a ser un recuerdo imborrable en cada uno de nosotros, el gran desafío es que esta experiencia no quede en
un hecho aislado, en un puñado de corredores extremos que decidieron viajar a ver qué podían hacer como equipo. El desafío es que este primer equipo se continue con otros, que la presencia argentina en competencias internacionales siga existiendo. Que se concrete la formación de una asociación para ultramaratonistas que de impulso a este deporte
y ayude a mejorar el nivel de los corredores argentinos. Es difícil, va a ser un proceso largo, va a demandar mucho esfuerzo … pero en el fondo … ¿no es ésa nuestra especialidad?