100 KM MAS BELLOS DEL MUNDO

En agosto de 1997, hojeando una revista americana para corredores, mi vista se detuvo en un artículo que me atrapó desde el primer momento. Era el relato de una carrera de 100 km (ultramaratón) en Italia contada por un corredor. Desde ese momento, los 100 km del Passatore se convirtieron en una especie de sueño que pude concretar casi cuatro años después cuando, el 27 de mayo de 2001 a las 2 y media de la mañana, crucé la línea de llegada en la ciudad de Faenza: casi 11 horas y media después de haber largado de la ciudad de Florencia … el día anterior.
¿Por qué 100 km? ¿Por qué el Passatore? Para la primera pregunta tengo una respuesta bien sencilla: porque soy fondista de alma (prefiero un fondo de tres horas a media hora de pista) y para mí, 100 km es un desafío más que atractivo. En cuanto a la segunda, lo atrapante de esta carrera en particular, además de lo folklórico (porque el Passatore era supuestamente un ladrón que robaba en una ciudad y corría los 100 km –cruzando los Apeninos- hasta la otra para no ser atrapado), reside en que se corre mayormente de noche. A diferencia de otras ultras que salen al amanecer (o un poco antes) para correr y llegar de día, el Passatore se larga a la tarde y se corre durante la noche (horario en que este personaje hacía su “fondo largo”). La idea de correr toda la noche fue lo que me atrapó definitivamente, imaginar la puesta del sol, la oscuridad, las estrellas, el silencio. En ese momento mi única experiencia en competencias de resistencia era una maratón (Adidas ´96) y lejos estaba de imaginarme que en los años siguientes iba a incursionar en las carreras de aventuras non-stop, en donde correr/remar/pedalear/caminar durante la noche es moneda corriente.
A fines de 2000, con seis maratones corridas y mucho kilometraje acumulado, había llegado el momento de convertir un sueño en realidad. Mi entrenador, Alberto Cabaleiro, me programó un entrenamiento compatible con mi trabajo full-time y mi “función” de madre de dos hijos que, sin diferir mucho del entrenamiento de maratón, incluía fondos progresivos de 4 horas, probando distintos tipos de alimentos e hidratación. Buscando un terreno parecido al de la carrera (con elevaciones), entrenamos en Tandil (4 horas con cuestas y mucho viento), y un apronte de 6 horas en Buenos Aires (con el apoyo de amigos que me esperaban para pasarme comida, acompañar un rato corriendo, etc.). Algunas sesiones de velocidad para “mover” músculos que no intervenían tanto en los fondos largos y cuestas, muchas cuestas.
La preparación incluyó también chequeos médicos como análisis de sangre, estudios cardiológicos, ergometría, composición corporal, nutrición (análisis y corrección de alimentación actual y suplementación necesaria), test de lactato y consumo directo de oxígeno.
El 22 de mayo partí rumbo a Florencia, Italia, con la seguridad del que sabe que hizo los deberes. Y con el convencimiento interno de que iba a llegar, y de que iba a llegar bien.
¿Cómo explicar lo que es correr una carrera en Italia? La largada fue casi como estar dentro de una “comedia tana”.  Eramos 1800 pazzi (“locos” en italiano, como llama la prensa local a los que corren esta carrera), en su mayoría italianos, también rusos, alemanes, franceses, etc.  pero el ruido equivalía al triple (el entusiasmo inicial se iría aplacando con los kilómetros y el pasar de las horas). ¿Cómo describir el paisaje de la Toscana, con sus villas y sus pueblitos medievales a quienes no lo conocen? No puedo ni intentarlo. En cuanto a la carrera, largamos como previsto desde la Plaza de la Signoria a las 3 de la tarde. Hacía calor y yo recordaba la recomendación de mi entrenador sobre hidratarme constantemente. Después de dar unas vueltas por Florencia, pasando por el Duomo, subimos (y cuando digo “subimos” me refiero a SUBIR) a Fiesole , y seguimos subiendo hasta el km 22. El resto del recorrido me lo sabía casi de memoria. Bajada hasta el Borgo de San Lorenzo (ciudad en el km 35) y de ahí tremenda subida (913 mts de altura) hasta la Colla de Casaglia (50 km), punto más alto de la carrera. En el camino habían quedado un par de barras (carbohidratos/proteínas), litros de agua y Cytomax. Antes de subir, había que abrigarse porque se hacía de noche y la temperatura bajaba mucho por la altura. La mayoría aprovechaba también para comer “en serio”, yo apuré un sandwich de jamón y queso mientras caminaba rápido para perder el menor tiempo posible. Alberto, que me seguía en auto, fue una ayuda invalorable, no sólo porque me pasaba comida y agua (y sabía exáctamente lo que necesitaba), sino por su apoyo moral y su aliento.
La noche sin luna en la montaña fue increíble, los faros de los autos iluminaban por momentos para dejarnos después en la oscuridad más absoluta, sólo interrumpida por las luces titilantes de los corredores que iban adelante. Y en el silencio las pisadas de los corredores terminaban teniendo cierto ritmo. De pronto un italiano cantando una canzonetta (o algo que sonaba así). Cada 5 km entrábamos a algún pueblito en donde la gente nos esperaba con comida (mortadela, pan, galletas, fruta) agua y jugos. Mucho ánimo (y en eso mi condición de mujer jugó a favor, me alentaban tanto hombres como mujeres) y por supuesto, a lo italiano, bien expresivo.

La estrategia de carrera que había planteado mi entrenador era salir despacio, caminar las subidas muy empinadas y largas y ahorrar fuerzas para la segunda mitad (vale aclarar que nunca había corrido más de 60 km en un entrenamiento). Como mi intención era llegar, “cumplí” estrictamente con el plan y los 50 km me encontraron con mucha energía … y en bajada. La cosa había cambiado, si en los primeros kilómetros veía como muchos corredores me pasaban por al lado y se alejaban, me había llegado a mí el turno de ganar posiciones y eso me llenó de entusiasmo. Porque me sentía muy entera y porque sabía que iba a bajar el tiempo que me había propuesto. Mi cabeza descontaba kilómetros y recuerdo perfectamente cuando pensé “ahora sólo quedan 42 km: una maratón. Y esa es una distancia que ya la completé varias veces. No puedo no llegar”. Me sorprendió a mí misma darme cuenta que los kilómetros pasaban y mi ritmo de carrera se mantenía parejo. “¿Estás bien? preguntaba Alberto. “Todo perfecto”, “Bueno, entonces adelante, a 3´, tenés dos mujeres …”  No necesitaba más aliciente.
En el km. 80 apareció un dolor bastante fuerte en el cuádricep derecho, cerca de la cadera, pero lejos de entrar en pánico, creo que aceleré “para acortar la distancia” lo más rápido posible. Más adelante (km 90) se veían unas luces muy alto en la montaña. Sí, había un edificio iluminado. “¿No nos harán subir hasta ahí?” me pregunté. No, por suerte, al  castillo de Brisighella lo pasamos bastantes metros más abajo, pero fue una de las imágenes que me quedaron grabadas en la memoria (tanto que al día siguiente volví, en auto, para visitarlo …a pesar de las protestas de mis cuádriceps doloridos ante la cantidad de escalones que no hubo más remedio que subir).
La llegada a Faenza fue increíble. Entrábamos  a la ciudad unos kilómetros antes de la llegada por un boulevard y, obviamente, no había nadie en la calle (plena noche).Ahí estaba: la Tierra Prometida. Ya no sólo miraba los carteles de los kilómetros, sino también los mojones chiquitos, cada 100 metros! De pronto, un resplandor a la distancia que no podía ser otra cosa que la Piazza del Poppolo iluminada, y atrás de una curva -a 200 o 150 mts- la llegada. Las piernas seguían haciendo el mismo movimiento pero yo iba como flotando, la vista en la llegada y se escuchaba el griterío (bueno, no tanta gente, pero después de tanto silencio ...) foto, aplausos, la gente gritando Bravaaaaa!!!
En los últimos años de mi vida crucé varias veces la línea de llegada y algunas de las carreras fueron mucho más largas, pero esta tuvo, sin dudas, un sabor muy especial. Comprobé que más allá del entrenamiento físico, la fuerza mental es el factor fundamental. En una ultramaratón hay mucha más soledad, hay mucha más concentración de energía propia y sobretodo, un increíble ejercicio de paciencia, tanto para entrenar para esta distancia como para correrla.
Hay mucho más de increíble en dar el último paso de 100 kilómetros.

ESTADISTICAS
Largaron aproximadamente 1800 corredores.
Cruzaron la linea de llegada  881 corredores.
TABLA DE POSICIONES

1

Alexei Kononof

07:02:01

Rusia

14,2 km/h

2

Mario Fattore

07:09:39

Italia

13,96 km/h

3

Andrea Bernabei

07:11:55

Italia

13,89 km/h

4

Valeri Siniouschkine

07:27:12

Rusia

13,42 km/h

5

Livio Tretto

07:40:24

Italia

13,03 km/h

6

Giuseppe Isaia

07:45:10

Italia

12,90 km/h

7

Fabrizio Baldis

07:50:54

Italia

12,74 km/h

8

Sergey Ichmoulkin

07:56:13

Rusia

12,60 km/h

9

Secondo Giglietti

07:57:50

Italia

12,56 km/h

10

Ludwig Brunner

08:00:55

Italia

12,48 km/h

 

 

 

 

 

185

Mercedes Acuña

11:35:21

Argentina

8,63 km/h

186

Francisco Gatto

11:35:40

Argentina

8,82 km/h

Fuentes consultadas

Relato extraido del boletín Nº38 de FCMAX  :  www.fcmax.com
Resultados extraidos de la web : www.100km.dinamica.it
Fotos : Mercedes Acuña

 

 
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