|
MARIONETAS
-¿Te conté lo del asado del otro día? -. ¡No sabés lo que fue!-
Osvaldo ,como siempre, llevó esos chorizos con picante que después tenés que llamar a los bomberos.-
Este para mi que trajo esa costumbre del picante de cuando fue a visitar al hijo a Méjico.-
Dice que allá se comen los ajies puta parió con el desayuno-Para mi que exagera.Mirá si lo mandamos al Pedro para allá. Si. El Pedro. El que vive al lado de la herreria. El que siempre anda con las hemorroides. No se iba a poder ni
sentar el pobre.
Te imaginas que con semejante fuego en el estómago al rato nomás de empezar a comer la mesa parecía esas capillitas de la Difunta Correa que
hay al costado de los caminos llenas de botellas. ¡Lo que chupamos!. Al final se terminó el vino.¡Podes creer! . Al Luis casi lo matan. Si él sabe que siempre pasa lo mismo. ¿Por que no trae mas botellas?. Despúes de todo el gasto no es tanto. Antes ,cuando nos juntabamos todos los viernes,bueno ,vaya
y pase . Pero ahora ,que por la malaria hacemos un asado por mes que se deje de joder. ¿Sabés que jodido es terminar tomando con el asado jugo?. Si, ¡jugo de manzana de esos de los sobrecitos!. Un asco.
Con semejante chupi al final ya estabamos todos bastante alegres. Vos viste que al final siempre terminamos discutiendo de fútbol,política y hablando de minas. No. No pasó nada. Desde aquella vez que Boca le habia ganado a River y
el Mario se apareció con una gallina y Juan, chupao como para el horno, lo desparramó de un cross de derecha; ya todos se cuidan más de joder con las cargadas. No.
Acá el tema derivó para el lado de las minas.
Yo había salido un rato al patio a tomar aire. En eso viene Espinosa, el ferretero, y se sienta a mi lado.
- Estos hablan de minas y no se dan cuenta.- me dice-.
Me sorprendió. Porque vos viste como es Espinosa. No habla nada. Salvo que le preguntes algo de la ferretería, te contesta si o no. Buen tipo eh!. Pero es así, callado. Se ve que el tinto le aflojó la lengua. Sin que yo le preguntara de que “no se dan cuenta”, va y me
dice:
- Cuando nosotros vamos las minas fueron y vinieron dos veces Gutierrez- No se porque él no me tutea y yo tampoco.
- Yo le voy a contar algo que me pasó hace ya un montón de años- dice.
- Sería el año 51 ó 52. Yo vivía en Buenos Aires y trabajaba con mi viejo en la ferretería. Recién habia terminado el secundario y como no había querido seguir estudiando, mi viejo; que en paz descanse; me habia puesto a trabajar con él. Yo estaba saliendo con Alicia, una piba que vivía en
Quilmes. La había conocido en un pic-del día de la primavera el año antes. Yo la iba a visitar uno o dos días a la semana, y los domingos pasabamos el día juntos. Habrán pasado así tres o cuatro meses hasta que un día mi viejo me dice que había que llevar un pedido
al barrio de Flores. Agarré la camionetita Chevrolet y allá fui. Llegué al lugar que era una panadería que estaban agrandando. Entré al local y me atendió una gorda con el delantal sucio de harina.
-Espere que llamo a la hija del dueño- me dijo.
Me quedé mirando unas tortas de casamiento cuando en eso escucho una voz que dice
-:¿ Señor?.- Me di vuelta y la ví.
Mire Gutierrez; se lo estoy contando y la vuelvo a ver como ese día. Me mató. Era la cosa mas hermosa que había visto en mi vida. Imaginese, Gutierrez. Le estoy diciendo que yo tendría 18 o 19 años. Alcancé a balbucear el motivo de mi visita y fui hasta la camioneta a bajar el pedido. Sabía que dejaba las cosas que llevaba y no la vería mas.
Entonces se me ocurrio algo. Volví y le dije que por error se habían olvidado de cargar dos latas de 20 litros de pintura; pero que no se hiciera problema; que yo se las traia a la tarde. Me dijo que el padre tenía que ir para el lado de la ferretería y que en el auto podía traerlas. Me negué terminantemente diciéndole que de ninguna manera, que
yo a la tarde estaba ahí con las latas de pintura. A la tarde, con la excusa que iba hasta el taller porque la camioneta fallaba, salí de vuelta para Flores. En el camino paré en un puesto y compré un ramo de flores. Se lo cuento a usted, Gutierrez, porque usted es de mi época. Ahora los pibes no están en esas cosas. Bueno, para no cansarlo, le
cuento que le doy las flores, en disculpa por el error de la mañana y ahí nomás, era verano, la invito a tomar un helado.
-Cerramos a las ocho -me dijo-
Donde te habías metido-me atajo mi viejo al llegar de vuelta- Le conteste que el mecánico estaba muy ocupado y tuve que esperar o algo por el estilo.
Como le había contado yo salía con Alicia,la de Quilmes.Pero la carne es debil,Gutierrez. Graciela, la hija del panadero,me dio vuelta.Y enpecé a salir con las dos. Si. Me ayudaba la distancia que había entre mi casa y las de
ellas. En la semana yo trabajaba y no podía ir todos los días a verlas. Entonces me había echo un esquema de salidas. Los martes y jueves iba a lo de Alicia; miércoles y viernes visitaba a Graciela. La complicación eran los domingos. Pero es increible Gutierrez como se agudiza el ingenio para sostener
una mentira. Velorios repentinos de parientes lejanos; gripes fulminantes; inventarios recurrentes de mercadería.Todo prolijamente anotado en un cuaderno al efecto para evitar repeticiones delatoras. Asi fue transcurriendo un tiempo hasta que llegó ese domingo de junio. Como le decía Gutierrez, yo ya me había cebado y confiaba ciegamente en la
meticulosidad de mi accionar mentiroso. Entonces cuando me pidieron las dos que querían correr el domingo conmigo, primero intenté disuadirlas, pero despúes, el riesgo de juntarlas a las dos, en un mismo día y en un mismo lugar; actuó en mí como un desafio al ingenio traidor usado hasta ahí. Bueno, no le conté Gutierrez que a mi en ese entonces
me gustaba salir a correr. Acuerdese que en los primeros años de los 50 todavía se vivia el trunfo de Cabrera en el 48. Habia muchos corredores buenos y muchas carreras en la calle. Yo a veces me prendía y Alicia y Graciela le habian tomado el gustito y salian a correr conmigo de vez en cuando. Les dije que si. El domingo siguiente había una
carrera en la Costanera y ahí iba a estar yo y mis dos conquistas. De inmediato me puse a preparar el plan que me permitiera correr el menor riesgo posible. A las dos les dije que ese día fueran solas a la largada porque yo tenía que ayudarlo a mi viejo con el inventario de la ferretería e iba a llegar sobre la hora de largada. A Alicia le dije que
se pusiera en el grupo de atrás asi no corría el riesgo de que la atropellaran en la largada. A Graciela le dije que se pusiera bien adelante. Que lo que se pierde al principio después no lo recuperás mas. Y llegó el día. Usted piense, Gutierrez, que yo iba a poner a prueba mi ingenio de macho argentino que tiene dos minas y las cita a las dos en
el mismo lugar y a la misma hora. Una locura. Bueno, como le decía llegué justo sobre la hora de largada y entré a la montonera de tipos, listos para largar, por el fondo. La saludé a Alicia, a quien ya la relojeaban los tipos que tenia alrededor (en ese entonces no era tan común que las mujeres corrieran como es ahora); y le dije que iba a ver a
un muchacho del barrio que debutaba y debía estar mas adelante. Fui abriendome paso entre los tipos que saltaban impacientes y llegué hasta donde estaba Graciela. Le dí un beso y le dije que iba a ver si encontraba a un muchacho del barrio que debutaba y debia de estar atrás. Al llegar de vuelta a donde estaba Alicia se largó. Yo les había
prometido a las dos que las iba a acompañar, pero el inexistente amigo debutante me permitía dejar a una por un rato y acelerar o disminuir la marcha y estar un ratito con la otra. La distancia entre mis dos amores era de unos 200 metros y con alivio advertí que era imposible distinguir a nadie a esa distancia. El plan funcionó a la perfección hasta que Graciela empezó a cansarse. De a poco se iba retrasando y yo me daba vuelta con desesperación intentando distinguir a Alicia que estaba mas entera y se
acercaba. Pasada la mitad de la carrera ya la distancia entre las dos era de menos de cien metros. Imaginese Gutierrez mi desesperación. Si se llegaban a juntar estaba frito. Le dije a Gaciela que no aflojara tanto; que yo iba a ver que pasaba con mi amigo que se habia quedado. Esperé a que me alcanzara Alicia. Me sonrió y me pregunto como iba mi
amigo.
-Bien ,esta bastante mas adelante. Pero vos vas muy rápido, afloja un poco que todavía
falta- le dije mientras advertía con deseperación que 50 metros mas adelante Graciela daba vuelta la cabeza buscándome. Para que no sospechara me puse a alentar a un grandote de camiseta roja que me miró extrañado, sin saber que se había transformado en un debutante amigo del barrio.
Cuando faltando muy poco para llegar, la distancia entre las dos era de unos diez metros. Mi cerebro buscaba con desesperación alguna salida. Mi plan me fallaba si llegaban a juntarse. Me imaginaba llegando los tres juntos y a Graciela y Alicia abalanzarse una de
cada lado para estamparme un beso. Era el adiós definitivo a mi ilusión de Jeque árabe con un harén incipiente.
Adrede, me pisé el cordón de la zapatilla faltando doscientos metros y le dije a Alicia que siguiera, que después la veia. Desde lejos observé como la distancia entre las dos seguia acortándose, y las ví cruzar la llegada con
Alicia unos pocos metros adelante.-
Enseguida me escabullí por la vereda; entre el público que miraba sin entender como un tipo abandonaba la carrera ya sobre la llegada.-
Usted se preguntará , Gutierrez, como pensaba zafar despúes de la llegada. Le cuento. Les había dicho a Alicia y a Graciela que apenas llegaran fueran rápido a abrigarse. Yo había tenido la precaución de ir con dos bolsos con
ropa. Había dejado uno junto con el de Alicia y otro con el de Graciela. Uno lo dejamos a la vuelta de la esquina del otro; asi que era imposible que una me viera con la otra.
Fui hasta donde estaba Alicia; nos dimos un beso y me despedí; ya que como les había dicho a las dos tenía que volver urgente a seguir ayudando a mi viejo con el inventario del negocio. Despúes hice lo propio con Graciela.-
Ahí me tendría que haber ido, Gutierrez. Pero vio como es uno. Me picó la curiosidad de ver como habian clasificado Alicia y Graciela.
Como le dije al pricipio, en esos años, las mujeres que corrian eran pocas y algo me decia que seguro que iban a ganar algún premio. Y así fue. Cuando anunciaron por el altavoz la clasificación de las damas Alicia estaba quinta.
Sentí un poco de pena por Graciela y me dispuse a ver la entrega de premios medio escondido atrás de un kiosco de diarios. Ese fue mi error Gutierrez. Porque si hubiera seguido mi plan y me iba no habria visto lo que ví. Y como dice el dicho ojos que no ven corazón que no siente.-
Le cuento. Los cinco primeros subian a una especie de tarima donde les entregaban unas lindas copas. El locutor les hacia decir unas palabras a cada uno y todos agradecian al entrenador; le dedicaban el premio a la familia y esas cosas
que siempre se dicen en estos casos. Hasta que le tocó el turno a Alicia. Mire Gutierrez; han pasado una punta de años y lo recuerdo como si fuera hoy.
Yo espiando de atrás del kiosco. Mi orgullo de amante latino que se salía por los poros.
Y va Alicia, agarra el microfono y dice:
-Gracias. Quisiera compartir este premio con una persona muy querida a la cual invito a subir al podio.-
Lo que siguió no me lo va a creer, Gutierrez
.-
- Esta es mi amiga, Graciela- dijo.- Mi mejor amiga..Y quiero compartir este premio con ella porque con Graciela compartimos todo. Las dos dieron vuelta la cabeza y mirando hacia donde yo estaba me tiraron un beso con la mano.-
Yo me quedé sin saber que decir. El también se calló y cuando lo miré, advertí que seguia ahí, atrás del kiosco; cincuenta años atrás.-
Hasta que de golpe va y me dice
:
- Por eso Gutierrez, estos que estan adentro no saben nada.¡¡ Somos marionetas Gutierrez,marionetas!! . Los piolines los
manejan las minas.-
Héctor Hugo Marchén
Mar del Plata
|