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A Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar
Mucho más que una carrera, era un evento especial por demasiadas cosas que sucedieron desde mi decisión de participar en ella. Pasaron cosas y no muy agradables, como la duda de seguir corriendo o no, otra que realmente marco mucho y en cierta parte me decidió a correrla fue la muerte de mi abuelo, además una rodada en una escalera a tres
semanas de la competencia y todas estas cosas cobraron en mi, un bajón anímico que me mantuvo alejado del entrenamiento durante 15 días.
Era sábado y cuando menos lo pensaba, yo ya había decidido no correr más y aún mas alejada estaba la posibilidad de debutar en algo que rondaba mi cabeza desde el día en que finalicé el primer maratón en el año 1999, era el ultramaratón.
Me visita una persona, más que una persona un amigo, alguien que hoy por hoy, le debo muchas cosas, desde esas preguntas tontas sobre carreras de largas distancias, hasta los consejos sobre los últimos 20 minutos de carrera.
Esa visita me significó mucho, por que a pesar de todos mis males, me dió fuerzas para correr, sentí que no todo estaba perdido y no paré de pensar en la carrera hasta el día de la misma.
Cuando al fin la hora señalada había llegado, si bien estaba tranquilo de haber hecho las cosas bien, siempre hay nervios previos a una competencia y multiplicado por ser un debút, y en 60 kilómetros.
El no tener una marca anterior, me facilitaba las cosas, pero interiormente quería llegar en un tiempo respetable y sin dar lástima.
Dentro de es confusión que es una largada multitudinaria, cuando me quise dar cuenta ya estaba en final de la los primeros 15 km, la primer vuelta estaba cumplida.
Hasta el kilómetro 22.5 seguí el ritmo de un compañero de entrenamientos que corría la competencia de 30 km, prueba complementaria a la ultra. A la altura del km 26 logro alcanzar a otro atleta que corría la misma distancia, pero me dio la sensación que lo hacía a otro ritmo y lo deje ir unas 300 metros delante de mí, al llegar al 28.5
km lo vuelvo a alcanzar y lo paso, cuando llego al parcial del 30 y viendo que los síntomas de cansancio no aparecían, decidí aumentar el ritmo para alcanzar a dos corredores que iban delante de mi, cosa que logre concretar rápidamente, en el km 32 alcanzo a un compañero de entrenamiento que también debutaba, pero realmente me preocupó
por que su semblante no era bueno.
Intercambiamos un par de palabras de aliento y seguí hacia delante, lamentablemente, el había salido muy rápido y ahora lo estaba pagando caro.
A medida que pasaban los kilómetros, el circuito se iba haciendo cada vez más duro por varias razones, una de las más importantes, era que empezaba a aparecer el cansancio, ya estaba en el km 40, las subidas, que no eran muchas ya a estas alturas, pesaban más de la cuenta. En el km 53, opto por
correr con los ojos cerrados y lo hice durante un kilómetro y medio, con el peligro que eso representa, pero sirvió, fue un alivio ya que estaba saturado, a pesar de esto jamás se me cruzó por la cabeza la idea del abandono, la única orden de mi cerebro era seguir adelante.
En el kilómetro 55, estaba el puesto de hidratación y comida, me detuve a hacer una última parada, y entre el membrillo y una buena mojadura, logré arrancar hacia mis últimos 5 km, a esta altura ya la marca no me importaba, pensaba que realmente la gloria estaría en llegar.
Comencé a sentir un calor en mis piernas que me preocupó por que nunca me había sucedido, pero de algún rincón de mi mente recordé una frase, “únicamente ven los problemas gigantes, aquellos que viven de rodillas “ y que yo sepa estaba a solo 3 km de la llegada de mi debút en ultramaratón. Demás esta decir lo que sufrí y disfrute mis
últimos pasos, especialmente los los trescientos metros finales, donde desfilaban por mi cabeza, todos esos entrenamientos que me había comido, de las palabras de mi amigo que no habían sido en vano, no le había fallado.
Cuando cruzo la meta se me nubla la vista, lo primero que se me ocurrió fue golpearme el pecho, mirar hacia el cielo y dedicárselo a mi abuelo, estoy convencido que desde allá arriba me dio la fuerza necesaria para superar los momentos difíciles de la carrera.
Hoy más tranquilo, y después de analizar lo que es una carrera de larga distancia, solo me queda pensar que la mente humana no tiene limites, paradójicamente al cruzar la meta con el cansancio, los mareos, las ampollas de sangre, irritaciones por todos lados, en vez de serenarme y pensar en recuperarme, lo
primero que vino a mi cabeza era como prepararme para los 100 km de Azul en Septiembre.
Usted se preguntará, ¿se volvió loco? ¿Cómo puede pensar en el doble de distancia si llegó en esas condiciones?.
Si es así, lo lamento por usted, por que solo el que corre ultra distancia sabe lo que es esta mezcla de sentimientos y sufrimientos.
A aquellos que debutaron como yo en los 60 kilómetros de Cascallares, los desafío a pensar:
“ LO IMPOSIBLE SOLO EXISTE EN LA MENTE DE LOS DEBILES”
Solo me queda agradecer infinitamente a todos aquellos que me apoyaron y me ayudaron a hacer posible un sueño que tenía desde 1999 y hoy es un hecho.
Quisiera agradecer a Dios, por darme la fuerza.
A mi abuelo, que siempre esta en mi corazón.
Al doctor Cabrera, a mi entrenador Guillermo Roldan, a Fabio Herrera y a mi gran amigo y hermano Daniel “el loco" Giuliani.
Mis palabras finales son para contar el camino a mi nuevo sueño:
Cuando me conságre como corredor de ultra distancia al tocarle los pies a la estatua del Rey Filipides y beba el agua de los grandes. (26/07/2002)
___________________________________________________________Gabriel Fernández
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