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Día de la bandera .......Una amistad de 12 kilómetros.
Es una mañana soleada en Rosario, soleada pero fría, muy fría.
Los corredores van arribando al monumento a la bandera desde todas las calles que lo rodean y el parque se va vistiendo de fiesta, una fiesta colorida y bulliciosa.
La ansiedad se siente en el aire a tal punto que nadie se viste de abrigo y todos lucen con orgullo la musculosa de la entidad a la que representan o alguna remera con el logo de otra competencia en algún lugar del país. Esperando la largada, el frío era ignorado, no existía.
Juan Carlos, un hombre de 1,78 de estatura, de tez morena y ojos marrones, luce un bigote con el cual , dicen sus amigos, debe haber nacido, vive en Rosario y se preparó para esta ocasión, durante 3 meses, era su segunda maratón y soñaba con bajar su marca anterior, había planificado todo desde el primer kilómetro, a tal punto que en la malla de su reloj, anoto todos los promedios
a los que debía pasar cada 5 kilómetros, pero también sabía que una vez que se largara la carrera, corría el riesgo de desbocarse como ya le había sucedido en otras competencias y tirar todo por la borda en los primeros 5 minutos, su cábala, era correr con los colores de su equipo de fútbol favorito: Newels Old Boys.
De carácter fuerte, nervioso y arrebatado, competitivo hasta para ver quien se pone la ropa primero, esperaba concentrado, alejado de todo el mundo haciendo ejercicios de elongación.
En otro rincón de una de las plazoletas estaba Hugo, que llegó tarde de Buenos Aires, lo hizo muy sobre la hora con su familia que lo acompaña a todos lados, y mientras él salía corriendo a retirar el número, su esposa le preparaba la ropa, la vaselina, las curitas y todos los elementos que un corredor con experiencia como él, sabe que no le puede faltar, ésta era su maratón número
20 y si bien quiere mejorar su registro, si no lo logra no lo va a tomar como un fracaso, por que enfocaba el viaje como turístico, como un paseo.
Como típico descendiente de italiano es bajo de estatura y de contextura física más bien robusta, de abundante cabellera enrulada, siempre usa una gorrita negra, con la cual ya perdió la cuenta de en cuantas carreras la tuvo de compañera, fana de los colores patrios, siempre se viste de celeste y blanco.
De fondo un anunciador avisa con su megáfono que faltan solo diez minutos para el comienzo, los atletas saludan a sus acompañantes y se apiñan detrás de la línea de largada, muchos todavía están desesperados por que no tienen alfileres de gancho para sus pecheras, mientras tanto el reloj muestra sin pausa, una cuenta regresiva que decrecía lentamente.
Juan Carlos era saludado por una infinidad de corredores que lo alentaban y le deseaban suerte, los que lo conocían le recomendaban que se controle, pero asentía con un movimiento de cabeza y los ignoraba. Por su frente caía la primer gota de transpiración, una transpiración fría, su estomago le recordaba que no había pasado por los baños químicos, pero, ya era tarde y tenía
que resignarse a correr con esa molestia.
Hugo, todavía no se había puesto en la largada y estaba con su hija más pequeña en brazos, apuraba a su esposa para que guarde todo en el auto, así podría ver la largada y fotografiar la gran masa de gente saliendo. Estaba muy tranquilo y sabía que todo estaría bien, ya que solo un problema físico le impediría terminar la carrera.
Últimos 15 segundos, ya todo estaba dispuesto, solo aquellos que estuvieron en una largada saben lo que se siente estar rodeado por 800 personas que sienten lo mismo, que palpitan lo mismo, que se emocionan con lo mismo, la mayoría había entrenado un mínimo de dos meses para correr esta carrera y estaban allí, listos, y cuando faltan 10 segundos todos gritan al unísono el 10, el 9,
el 8, el 7, sus manos están preparadas para poner en marcha el cronómetro y dan saltitos pequeños para aflojar tensiones, y viene el 6, el 5, el 4, la respiración se acelera, es el momento sublime de la largada y todos se empiezan a apretar hacia delante y el 3, el 2, toman una gran bocanada de aire y 1, una explosión de adrenalina se libera, se chocan, se apretujan, se empujan
hasta que prolijamente se van acomodando los que corren al mismo ritmo y ya no es tan incomodo correr entre tanta gente.
Primeros metros y se llega a un túnel larguísimo, por ahora es todo diversión y charlas y hay poca preocupación, ya los nervios pre-largada han desaparecido y se empieza a buscar lentamente, la concentración..
Juan Carlos acertadamente, pasa los primeros 5 kilómetros en el tiempo establecido y eso lo llena de alegría y confianza, al llegar al primer puesto de agua, lo pasa sin agarrar el vaso que las chicas auxiliares le ofrecían, un poco más adelante y casi al mismo ritmo, Hugo avanzaba a paso firme, aún llevaba el vaso en la mano y protestaba con un corredor que iba a su lado, por la
mala idea de los organizadores de dar vasos de agua con tapa, las cuales al sacarlas, mojaban los guantes de lana. Esta situación lo llevo a acelerarse un poco más de lo debido, pero lo corrige enseguida.
Al llegar a la marca de los 10 kilómetros, todo seguía normal, a Juan Carlos que no quería hablar con nadie, se le pone al lado un corredor de los llamados popularmente “pesados”, cosa que no le gusto mucho.
- ¿Es tu primer maratón? Le pregunto el pesado.
- Es la segunda que corro.- le contesto para no ser descortés.
-Hu que bueno, yo es la primera y hasta ahora me parece que va fácil, pienso después de los 30 acelerar y terminar lo mas fuerte que pueda- comentó.
Interiormente Juan se reía, sabía que este novato no tenía ni la menor idea de lo que estaba diciendo y que lo único que estaba logrando era desconcentrarlo.
-Che que lindo es Rosario- le decía.
-Que buen circuito, que subida dura que es esta, pero es la única ¿no?-. volvía a insistir.
Al pasar por una feria callejera, con gran gusto los corredores pudieron ver y sentir, aunque más no sea, durante el paso por el frente, una orquesta de señoritas, que alegraban el trayecto.
Mientras tanto este hombre no descansaba y seguía hablando sin recibir respuesta, todo continuó así hasta llegar al final de la primer vuelta, lugar donde notó que su ocasional acompañante comenzaba a callarse y a forzarse cada vez más para seguir a su lado.
Aprovecho esta situación y dio un pequeño cambio de ritmo para sacárselo de encima, situación que tuvo un buen resultado, rápido para sus aspiraciones, pero que lo llevo a descontrolarse en el ritmo, y como se sentía bien, se sentía fuerte, no lo corrigió, estaba surgiendo ese ser interior que temía tanto.
- Me siento bárbaro – pensó buscando una razon para auto convencerse de que podía mantenerlo.
- Siento que hoy es mi día y no lo tengo que desaprovechar, total son cinco segundos más rápido que lo previsto, si me siento, mal aflojo un poco y a otra cosa -
Se dijo a si mismo y comenzó a ir para adelante, pasando gente una atrás de la otra, ya que un grupo de corredores había largado como si fueran de elíte y ahora se estaban cayendo a pedazos.
Al llegar al retome del Parque Independencia donde estaba la marca de los 30 km se pone a la par de Hugo, a quien venia observando por que le daba la sensación de ser de la misma categoría y si lo pasaba era un puesto más.
Hugo que venia bien, nota la presencia de este corredor que lo seguía y para demostrar que no se estaba quedando, da una pequeña acelerada, pero Juan estaba decidido a darle caza y se pegó.
Mientras lo miraba desde atrás, se decía a si mismo
- No te vas a escapar, te voy a presionar desde atrás hasta que aflojes y vas a tener que bajar el ritmo.-
Hugo que sentía la molestia de tener ese corredor detrás, pensaba,
- Que rompe pelotas este tipo, yo venía tranquilo y me viene a querer sacar de ritmo-
Al llegar al kilómetro 31, Hugo, ya muy presionado y en el momento de la única cuesta difícil del recorrido, se queda unos metros atrás, dejando que Juan se le escape, sentía que por culpa de este, la pared de los 30 lo había agarrado desprevenido y de estar perfectamente bien en el 30, pasaba el 31 pidiendo la hora.
- Lo cagué lindo –.
Se alentó Juan viendo de reojo como se iba quedando su contrincante y sentía que ya nada lo podía parar.
Mientras tanto y mirando solamente el piso para encontrar la concentración que había perdido, Hugo, a lo largo del siguiente kilómetro fue normalizando su pulso y comenzó a sentir de nuevo buenas sensaciones, sabía que tenía la experiencia para superar el mal momento y así lo hizo.
Al llegar al 35 ya le había dado alcance y a partir de allí comenzaría una nueva carrera para los dos.
- Ya te tengo –
Se alentó, y al ponerse a la par niveló el ritmo para poder descansar un poco.
- Ahora no te escapás más, te voy a seguir a muerte – pensó.
Mientras tanto, no se daba cuenta de que la situación lo había desbordado y ya no era el corredor pensante que medía la carrera y estaba arriesgando más de la cuenta.
Por el lado de Juan Carlos era todo una confusión, su sorpresa al verlo a su lado, lo puso en una situación, por primera vez en la carrera, incómoda.
- ¿Y este de donde salió?-
Se preguntó mirándolo directamente a los ojos, en una demostración, mezcla de provocación y sorpresa.
Comenzó a sentir que una puntada en el lado izquierdo del vientre, que lo preocupó por que tendría que bajar el ritmo, sabía que venían fuerte, pero no quería aflojar.
Al pasar la línea del 36 Juan ya no podía seguir a ese ritmo y sabía que tenia que bajar el ritmo o de lo contrario podría no terminar la carrera.
Resignado afloja un poco.
- Y bueno, me ganaste la pulseada – pensó.
- Anda nomás, ya te voy a agarrar en otra carrera-
Y con mucho fastidio, comenzó a bajar lentamente el ritmo.
Era el momento critico para los dos, por que Hugo ante el esfuerzo para alcanzarlo, también sentía que necesidad de bajar el ritmo y en el momento en que pensaba hacerlo, Juan afloja y aprovecho esta situación para hacer lo mismo sin quedar él como el que proponía el descenso.
- Epa ¿que pasó?- se asombró Juan.
- Parece que venís herido como yo – se dijo.
En ese momento se acerca un ciclista conocido de Juan que se acerca para abastecerlo.
-Vamos Juanca que venís a un ritmo espectacular y tu amigo el hincha de Rosario, al que le querías ganar esta tirado por allá atrás en el Gigante hecho mierda, así que no te hagas problemas – le dijo haciendo referencia a un corredor con el cual ya había librado un par de batallas.
- ¿Qué querés tomar Juanca, tengo agua, Coca, y Gatorade y si querés comer algo tengo una barra y
caramelos de miel – le ofreció.
- Dame agua nomás-
Bebió un trago del preciado liquido y este, en un acto de solidaridad, le ofrece a Hugo.
- ¿Querés? – le dijo acercándole la botella.
- Es agua sola, dale toma, ya que estamos compartiendo una carrera, compartamos el agua –
- Gracias ¿Cómo venís ?- le preguntó Hugo.
- Me estoy empezando a quedar y se esta poniendo duro el circuito y todavía falta la parte del
empedrado.
- Yo estoy igual que vos, vamos, vamos a seguir tirando, no te quedes ahora que faltan solo cinco kilómetros.-
Increíblemente los dos corredores de ser contrincantes, a causa de esta pequeña charla, pasaron a ser un equipo, llegaba el kilómetro 38 y los encontraba alentándose mutuamente, un recorrido céntrico por una avenida con boulevard llena de palmeras, y algunos ocasionales espectadores que
alentaban a los atletas que cruzaban exhaustos en el ocaso de la carrera.
- ¿De que categoría sos ?- le pregunto Juan Carlos que no quería quedarse con la espina.
- Tengo 42 años ¿y vos?- le respondió Hugo con una respiración agitada.
- De la misma, tengo 41 y quería entrar bien en la categoría – sonrió.
- Igual no te hagas problema que hay una banda adelante nuestro, así que no vamos a figurar-.
- No creas, siguiendo a este ritmo entramos bastante bien y todavía puedo llegar a mejorar mi marca-
le dijo Juan muy convencido de lo que decía.
- Entonces vamos a darle duro- alentó Hugo contagiado por animo de su compañero.
Y salieron a dejar todo lo que les quedaba, iban al limite de la lesión, cuando llegó la parte fatídica de empedrado, salvo por dolores en los tobillos, no hubo percances mayores, ya que un sector era posible hacerlo por la vereda de una plaza, cuando uno se quedaba, el otro lo empujaba y gracias al esfuerzo conjunto seguían pasando
corredores, que al ser sobrepasados, miraban con asombro y envidia el ritmo que llevaban.
Ultimo kilómetro, es de empedrado, la mitad en bajada y el final totalmente plano, ambos saben que tienen que cruzar la meta y no quedarles nada en el tintero, aprovechan el desnivel del principio y alcanzan un ritmo impensado por ellos para los metros finales, las pulsaciones superaban todas las barreras lógicas, los gemelos y los cuadriceps parecían explotar, y no aflojaban, ninguno guardaba nada y ya nadie esperaba a nadie, pero, no se sacaban ni un centímetro de ventaja, mostraban los dientes como dos leones a punto de atacarse y la gente, que notaba el esfuerzo que estaban haciendo, los recibe en los últimos 300 metros como se lo merecían, como dos gladiadores,
a esta altura ya no eran responsables de sus movimientos, solo iban hacia adelante, solo veían el cartel de llegada y solo oían el rugir de la gente que los alentaba, por esas cuestiones que nos plantea la vida, el público no quería ver un ganador, los quería ver cruzar la meta juntos.
Entraron por una galería humana eufórica y cruzaron la meta, tan juntos que ni un photofinish podría definir un ganador, tan juntos que de perfil eran uno solo.
Juan Carlos se deja caer sobre un auxiliar que detuvo su marcha, ya que sus piernas no podían sostener su peso, Hugo volcado hacia adelante apoyado sobre sus rodillas trataba de encontrar el aire que parecía no querer entrarle en los pulmones y aún con sensaciones de vómitos, extendió su mano para saludar a Juan, pero este estaba tan
adolorido y tan confundido que no se dio cuenta.
Algunas personas los rodearon para felicitarlos entre ellos amigos de Juan y la esposa y los chicos de Hugo.
Mientras cada cual era abrazado por sus acompañantes, ambos se buscaban por encima del tumulto para encontrarse, para saludarse, pero se separaron.
Cuando la euforia había sido aplacada cada uno fue a buscar su medalla a un pequeño trailer detrás del arco de llegada, casualmente, al mismo tiempo.
Al encontrarse frente a frente, Hugo se sonríe y le estira la mano, pero Juan que todavía estaba muy sensible, lo abraza muy emocionado.
- Cuanto te agradezco, hermano, el esfuerzo que hiciste para que bajara la marca y gracias a eso la
baje 8 minutos, que es mucho más de lo que pensaba, me duele todo, pero estoy muy satisfecho y tengo la felicidad más grande de mi vida -.
- No creas que solo vos podés dar las gracias, cuando te pusiste a la par no tenia ni media esperanza
de bajar la mía y sin embargo, lo hice en 25 segundos, gracias a que fuiste un toro y te lo bancaste-.le comentó Hugo.
- Fue un gusto correr al lado tuyo-
- Y para mi fue un honor el haber compartido estos 12 km finales.
Mientras retiraban su premio, sin que ninguno lo proponga se intercambiaron las medallas de un modo simbólico y se despidieron con un abrazo final y con la alegría de haberse conocido.
Cuando se retiraban a Buenos Aires, la esposa de Hugo, le pregunta después de escuchar la historia de la carrera,
- ¿Y como se llamaba este muchacho?-
Hugo se sonríe y después de hacer una pausa le responde,
- Vos podés creer que no le pregunte –
Y siguió viaje a Buenos Aires analizando la que era tal vez la carrera más emotiva que había hecho, y lamentándose de no poder conectarse con un amigo que había tenido durante 12 kilómetros, pero sabía que en algún lugar, en alguna carrera se volverían a encontrar.
Mientras sus chicos gritaban y jugaban en al asiento trasero del auto, su mujer escuchaba una y otra vez la historia de la carrera mientras cebaba unos mates, la noche iba cayendo sobre la autopista y el auto se perdía entre el tránsito que se dirige a Buenos Aires.
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