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BAUTISMO DE FUEGO
100 kilómetros de Azul
Suena a algo bélico el título, pero de alguna manera, fue ganar una batalla, contra la distancia, contra el clima, contra los que no creian en mi y por sobre todas las cosas, contra mi mismo, hoy puedo contar que se hizo realidad el sueño de cruzar la linea de meta de un ultramaratón.
¿Como nace esta idea tan loca?
Allá por el 1999, acababa de meter mis mejores marcas en maratón, pero por la cabeza, me rondaba una idea muy loca: correr el Spartathlon de Grecia, había leido sobre dos argentinos que lo habían logrado y eso me motivaba aún más.
Sabía que para llegar hasta ahi, debería tener mucho miles de kilómetros en mi espalda, pero ya estaba decidido.
En enero del 2000 conozco a Gerardo Re, uno de los Espartatletas y después de que lo bombardee de todas las preguntas posibles y saque mis dudas, escribí a Grecia, los cuales me contestaron muy rápido, mandandome una lista de los requisitos que debería cumplir, uno de ellos, era tener un certificado de 100 kilómetros corridos en menos de 10 horas.
Después de mucho buscar, encuentro que se corría una ultramaratón de 100 km en Uruguay, iba desde Paysandú hasta un pueblito llamado San Javier.
El peso de un abandono
Después de seis meses de entrenamiento, las expectativas eran gigantes y lamentablemente la ansiedad también.
Largué la carrera con Re, que tambien la corría, parecia un fondo, iba muy contento y a medida que pasaban los kilómetros, crecía la expectativa y en vez de pensar en llegar, pensaba en bajar las marcas, habíamos calculado llegar en 8:20 , pero en la carrera ya había modificado los planes y quería bajar las 8 horas, todo era muy lindo, pero después de los 60 kilómetros se
empezaron a desmoronar mis castillos de arena, le dije a Re que no lo podia seguir y empecé a caminar, me sente en un puente, todo un verdadero desastre, aguanté hasta donde pude, aún con el esfuerzo de mi asistente, hasta que en el km 71 no pude más. Era mi primer abandono en cuatro años de correr todas las distancias, me decía a mi mismo y a los demás que había fracasado, y no
había palabras que me dijeran que me hagan sentir mejor.
Mi entrenador y mis amigos me insistían que fracasar sería si no lo intentara otra vez, y por más que no lo sentía, con la sangre en el ojo y sabor a revancha, me puse en campaña para vencer a los 100.
Los preparativos
Pasado el tiempo y con otro entrenador, decidimos encarar otra vez el desafío, mientras tanto corrí el maratón de Mar del Plata, luego fuí invitado al equipo de Los Matuastos, para hacer el Cruce de los Andes, donde salimos campeones, después me preparé para el Maratón de Santa Rosa, La Pampa y cuatro semanas antes tuve un desgarro en la cintura, por el cual en la carrera
tuve que abandonar.
Estuve siete semanas sin correr, solo bicicleta y el día que empece de vuelta me quedaban 6 semanas para los 100 km de Uruguay u 8 semanas para los 100 km de Azul, en Buenos Aires, toda una locura, asi que me decidí para la de Azul.
Entrené un promedio de 130 km por semana y hacia un fondo largo todos los domingos y es asi como llego, a todo o nada.
Los 100 de Azul
Día 19 de agosto del 2001.
Recorrido: 4 vueltas de 25 kilómetros.
Objetivo: Llegar.
Tiempo : No importa.
Posición : Último, pero llegar.
Con estos tres pilares largo la carrera, junto a dos apoyos de fierro, que sabían que arrastrandome, pero tenía que llegar, serenando mi ansiedad, olvidandome del reloj, el cardio-tacómetro, los kilómetros que faltan, largue muy sereno, dejando que los demás se alejen sin importarme.
1ª vuelta:
Un recorrido por toda la Ciudad de Azul, con un circuito totalmente llano y un sol radiante (hasta el día anterior se llovio todo), acordandome de los errores de Uruguay iba guardando sin exigir, recién en el km 16 surge una primera complicacion un tramo de 5 km con un viento en contra que en esa vuelta no seria problema pero despues........
Cuando estoy por terminar la primer vuelta, siento una pequeña emoción, pero todavia faltaba mucho.
2ª vuelta:
El cielo se empezó a cubrir de unas nubes grices y negras, de esas de frío y el viento en esa recta cada vez era más fuerte, mis acompañantes me iban alimentando cada 3 a 5 kilómetros con frutas disecadas, secas, Power Bar, turrón, Coca Cola y variando para no cansarme.
Al paso del tiempo, los kilómetros acumulados crecian y una emoción contenida me invadía cada vez que llegaba a completar la vuelta, pero recién estaba en la mitad de la carrera.
3ª vuelta:
Sin duda la vuelta más dificil, aqui me esperaban dos viejos conocidos de Uruguay; los bajones producidos por el cansancio y el monstruo interno del 71.
El bajón lo tuve en el 56 pero camine unos pasos, oriné y pude seguir sin problemas.
Para colmo de males, sabia que el km 71 estaba en esa dichosa recta de viento en contra, que, para acompañar a este monstruo soplo más fuerte que nunca, cuando estaba a 500 metros del 71, le dije a mi acompañante:
-Quiero caminar un poco -
A lo cual me respondió con un rotundo:
-"NO" hacelo dentro de 2 o 3 kilómetros-
y le hice caso.
Hoy me doy cuenta, que en ese momento había quedado disuelto en los tuneles de mi memoria ese monstuo que me acompaño durante 55 semanas.
Ya se veia el cartel de llegada, pero ojo, faltaba una vuelta y se sentia mucho el cansancio, pero interiormente sabía que este era mi día y no podía fallar..
4ª y última vuelta:
Destaco el sacrificio de mis acompañantes que celosos de los detalles y poniendo toda su energia me empujaban para llegar a la meta.
En el 80 caminé 200 metros, en el 86 otros 500, pero estaba muy tranquilo, se sentian unas gotitas de lluvia, pero ya nada me importaba, en mi imaginación tenía a todos los seres que me quieren y veia a mi hija "Sole" haciendo fuerza conmigo, gritandome "FUERZA PAPA, QUE LLEGAS" .
Despues del 90 llegamos a la parte del viento y me decian:
-Esta es la última vez que pasamos por aca-
Cuando faltaban los últimos 4 km, pregunto cuanto tiempo había pasado y me dicen:
-Ya pasaron 9 horas y 38 minutos-
-¿Intentamos bajar las 10 horas?- les digo.
-¿Qué son cuatro kilómetros?- me respondieron.
Trate de aumentar la velocidad y cuando faltaban los últimos 500 metros no lo podia creer, sabía que cuando diera la vuelta de la esquina y viera el cartel de llegada, no era una vuelta más, si no que seria realmente la llegada.
Esos últimos metros, trate de poner todo lo muy poco que me quedaba y por fin cruce la meta.
Después de cruzarla, paré unos 40 metros más adelante y me largué a llorar y llorar y llorar y me abracé con Fabio, Oscar, Gerardo, Marcelo, Raul y parece que fue contagioso por que todos estaban tan contentos como yo.
Reflexiones:
Al final, mi marca fue de 9:59:29 hs (baje las 10) y ahora me voy a tomar unos días para saborear esto, que para mi, fue la mayor alegria que me dió el atletismo.
Con respecto a lo de Grecia, tendra que correr mucha agua debajo del puente, seran varias carreras de 100 km o de 24 horas, por lo menos comprendí que una carrera de 100 kilómetros no tiene ni punto de comparación con 42 kilómetros.
Me gustaría saber algún día que esta experiencia, volcada en esta página, sirva para alguien que quiera correr "los 100".
También me gustaría que entiendan el titulo de "Bautismo de Fuego", es por que siento que a partir de esta carrera fui bautizado de ULTRAMARATONISTA.
Quiero agradecer a aquellos que me acompañaron en este desafío, a mi primer entrenador Guillermo Roldan, a mis asistentes y amigos de fierro; Fabio Herrera y Oscar Libano, a Antonio y Raúl , a mi actual entrenador; Oscar Ojeda del Club Velez Sarsfield y a Gerardo Re y Marcelo Spinelli dos corredores que me apoyaron en todo, por último un agradecimiento muy especial,
para quien me empujó durante toda la carrera, mi hija Soledad.
Daniel Giuliani
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