EL CORREDOR Nº1232

En una pizzería de la zona de Adrogué, se desarrollaba la reunión que todos los viernes últimos de cada mes, habían acordado desde hacía ya un año.  
Eran 14 corredores que disfrutaban de buenas pizzas y cervezas a granel, tomada sin culpa una vez al mes.
Dentro del jolgorio que acompañaba la reunión, una de las razones que debía discutirse, era el alquiler de una combi para ir a participar del Maratón de la Ciudad de Buenos Aires que se correría en 3 semanas.
Entre las conversaciones se escuchaban frases ya muy conocidas como
-          Yo voy pero no estoy bien preparado, así que voy a dar la vuelta -.
Una de las mentiras más grandes en el mundo del maratón, alguna vez alguien dijo que no había nada más milagroso que una largada de maratón en donde todos pasaban de estar mal entrenados a salir a buscar tiempo y donde los enfermos se curaban instantáneamente.
Otro decía
-          Me mate entrenando, me sentía espectacular y esta última semana parece que me hubiera pasado un camión por encima -.
Eso en idioma simple y traducido al castellano es lo mismo que decir “tengo un cagazo bárbaro”.
-          ¿Y vos Julio que vas a buscar?- pregunto uno.
-          Yo me conformo con bajar los 2:44 que metí en La Plata, aunque sea por un segundo – 
Algunos se miran como diciendo - esta fanfarroneando -.
-          Ustedes hagan lo que quieran, yo tranquilo voy a correr lo más fuerte que pueda y les voy a romper el culo a todos, por supuesto no te digo que le voy a ganar a Julito, pero, si en bajar el tiempo proporcionalmente, les aseguro que voy a ser el que haga mejor diferencia.- 
Dijo irónicamente Juan María mientras dejaba el cigarrillo en el cenicero y agarraba el porrón de cerveza y le daba un trago fondo blanco, como si estuviera deshidratado al final de una carrera de 42 km en el Desierto del Sahara.
-          Anda a cagar, si con el tiempo de mierda que tenés con un cigarrillo menos que fumes, ya lo mejorás.-
Le dijo Claudio mientras todos se reian asintiendo el comentario.
-          Ustedes saben que yo no me voy a privar de nada, como también saben que corro para poder darme todos esos vicios, morfo como un condenado a muerte, fumo como el primer día y encima cada tanto me engancho una pende y, corriendo, limpio todo ese desequilibrio que hago.-
Todos reian pero sabían que hablaba en serio, salvo en lo de las pendes, Juanma era separado pero no era un playboy, tiene 52 años y era un tipo muy querido ya que animaba todas las reuniones.

Domingo siete de la mañana, todos se ven en Pasco y Brown, punto clásico de encuentro en Temperley, suben a la combi y se dirigen hacia el obelisco.
En el camino entre chistes y carcajadas, el clima era de lo mejor.
-          ¿Quién fue el sucio hijo de puta, que baranda a mierda? Grito Sergio.-
-          ¿Se comieron un sapo muerto? Ja ja ja ja  se escuchó.
-          Che acuérdense que el chofer no nos conoce y si se portan mal, cuando todos estemos corriendo se va a volver con todos los bolsos y nos vamos a tener que volver a pata.-
-          Fue el sucio de Juanma que esta asustado - dijo alguien.
-           Che loco todas las macanas las tengo que hacer yo, déjense de joder si anoche solo pude comer un asadito con chimichurri y un vinito blanco espectacular.
Mientras el se jactaba de ser un tipo fuerte y que se banca cualquier cosa, algunos apostaban cuando le iba a explotar el corazón y aseguraban que iba a abandonar esta competencia.
Llegan bastante justo así que seguidamente se van cambiando de vestimenta y los que van terminando salen a las apuradas a hacer el precalentamiento.
Cuando faltaban quince minutos comenzaban a acumularse los atletas detrás de la línea de largada, tratando de buscar un mejor lugar, para las aspiraciones de cada uno, la mañana se comenzaba a poner oscura y el clima empezaba a tener relevancia en cuanto a las marcas que todos querían buscar, despaciosamente el viento mostró su presencia, pero aún así la cuenta regresiva siguió su camino.

Entre la gente Juanma estaba preocupado y no se sentía bien, pero sabiendo que sería el centro de las cargadas si no largaba, no dijo nada.
-          No va a pasar nada, cuantas veces te sentiste mal y fue un buen día para la competencia, es más, tus mejores marcas fueron días en los que te sentiste peor que hoy- 
Se decía a sí mismo como un loco para el Borda tratando de convencerse de que no había de que preocuparse.
Largaron los corredores especiales y la multitud rugía la cuenta regresiva, mirando el reloj fijamente quito sus preocupaciones de la cabeza y cuando el grito de tres, dos, uno, terminó, ya solamente pensaba en la carrera.
Era un solo circuito y se habían inscripto casi 3.000 personas, había grandes figuras y desde países como Kenia, México, Brasil, Uruguay, Ecuador y España se acercaron a participar corredores de muy buen nivel.
Rápidamente el pelotón de punta lo conformaron los atletas extranjeros con un grupo de 3 argentinos.
Cuando Juanma llega al puesto de agua del kilómetro cinco su malestar se había agravado, se detiene y agarra un vaso de agua, camina muy despacio y decide sentarse al costado del camino apoyado contra un árbol de Palermo.
Sentía un fuerte dolor en el pecho como si lo estuvieran comprimiendo de todos lados y unas gotas de transpiración helada bajaba por su frente.
Mientras su respiración no aflojaba, su preocupación tampoco y por primera vez en su vida pensó en el abandono y eso lo hacía sentir peor.
En un momento se le cruzó por la cabeza la infinidad de cargadas que debería soportar a la llegada y que jamás podría seguir con su postura de correr para limpiar los desarreglos, por que ya nadie le creería, ya nadie lo tomaría en serio.
Cuando volvió a la realidad, se dio cuenta que se sentía mejor y que ya no estaba agitado, tenía gente alrededor vestida de blanco, pero los ignoró, se levanto y salió corriendo como si no hubiera pasado nada.
Se sentía de una manera que nunca lo había hecho  y las sensaciones eran de no tener peso, de cómo si el cuerpo fuera liviano como una pluma.
Miró su reloj, pero este se había detenido.
-          Que cagada no sé cuanto tiempo perdí en la parada que hice, espero que no sea mucho, igual me siento tan bien que si puedo en la segunda mitad de la carrera acelero y mejoro la marca.- Pensó.
-          Voy a tener que ir al médico urgente, bah, cuantas veces pensé lo mismo y después me hago el boludo y no voy – se criticaba.
Mientras estaba concentrado pensando en sus cosas no se había percatado de que su ritmo era muy rápido y que estaba pasando mucha gente que era más rápida que él. Cuando lo hizo se aceleró un poco más.
-          ¡Epa que está pasando! Soy un avión, ese que acabo de pasar era Gutiérrez el de Lanús al que nunca le pude ganar, esto se esta poniendo lindo, ¿Me habré descarbonizado cuando me descompuse? ¿A cuanto iré? Puta madre este reloj de mierda.-
Por dentro estaba muy feliz, y ya hacía números para ver si bajaba la marca, pero como la única referencia cierta era los corredores que pasaba, buscaba caras conocidas.  
-          Estos pibes que estoy pasando son muy jóvenes, para que los pase un viejo como yo, haber, ese que viene ahí lo conozco, es es es, si es Sergio y va con el Chino y el Braca, que boludos, se ve que salieron muy fuerte y se fundieron los tres, cuando los pase los voy a verduguear -.
Aceleró el paso y en el momento en que los sobrepasa les dice:
-          Che miren al viejito inútil que hace todo mal-
Pero ninguno le contestó, ni siquiera lo miraron, sus caras de concentración lo molestaron mucho y de bronca aceleró la marcha para dejarlos atrás.
-          Que boludos, está bien que les esté yendo mal pero que saluden aunque más no sea, esta bien que, que los esté pasando yo ya debe ser una castigo lo bastante grande como para que no me hablen -.
-          Haber ahí viene la marca, por lo menos quiero saber en que kilómetro estoy, si ahí lo veo es el kilómetro 25, que bronca no pude saber a cuanto pasé los 21.
¿Que poca gente tengo alrededor?
Se ve que estoy andando más rápido, que bueno como voy a gozar esto, espero poder terminar a este ritmo.
Los kilómetros pasaban y estos no hacían mella en el físico de Juanma, la sonrisa no se le borraba de la cara y sin darse cuenta cada vez iba más rápido.
Antes de llegar al kilómetro 35, ve a alguien conocido.
-          No lo puedo creer, alcancé a Julito, esto es histórico, que me importa que se haya fundido, ganarle a este va a ser la gloria, es el más rápido del grupo, me van a tener que aguantar -.
-          Me le voy a poner a la par de sorpresa para darle aliento y que se prenda conmigo -.
Acelera para alcanzarlo y se le pone a la par.
-          ¡He Julito!
-          Te alcancé guacho, esto no te lo esperabas ¿he?.
Julito miró su reloj, y ni siquiera lo mirò, venia corriendo con cara de mucho esfuerzo y de mucho cansancio pero, con mucha satisfacción.
-          He ¿qué te pasa que no me das bola? Le gritó Juanma ofuscado.
Este siguió sin mirarlo, ni contestarle.
-          Anda a cagar vos también – se dijo y aceleró alejándose paulatinamente de Julio.-
-          Kilómetro 35, que bueno ya se termina, me siento bien, reviso todo mi cuerpo y esta bien, hasta creo que puedo acelerar un poco más-
-          Y lo voy a hacer, ¡Huia! Esos que veo adelante son los punteros. Que carajo me esta pasando, estoy alcanzando a los punteros y me siento bárbaro y distendido.
-          Esta puede ser la oportunidad de mi vida.
-          Pero ¿cómo? Si soy un jovato.
-          ¿Que hago acá? Y que importa, vamos a darle para adelante.
-          Este por la ropa debe ser el español y el de al lado debe ser el mexicano, impresionante como estoy hoy.
Infinidad de cosas se le cruzaban por la cabeza y ya se ilusionaba con ganar, a pesar de que algo le decía que no podía ser realidad y que estaba soñando y que cuando se despertara seria solo eso, un sueño. 
Pero que más da, a disfrutarlo.
-          Estos dos negros de amarillo deben ser los keniatas ¡qué feos que son estos negros! y el de remera Argentina es, si es el campeón, no lo puedo creer, kilómetro 40 y estoy pasando a los punteros y uno de ellos es mi ídolo esto es fantástico.-
-          Me siento bien, me siento que vuelo, como si no tocara el piso, no sé por que me acuerdo en este momento a Juan Salvador Gaviota.
-          En el fondo veo el cartel de llegada y ya me los saque de encima, como se van a poner los muchachos, si yo el viejo fumador ganando la gran carrera de mi vida.
-         ! Che vamos alienten¡ – 
Gritó a la gente que observaba en los costados de la calle.
-          Aunque sea sáquenme una foto, estoy ganando- reflexionó.
Últimos metros, el cartel cada vez más cerca, y ya no le importaba la gente ni nada, solamente cortar la cinta de llegada, su diferencia con el resto de los corredores era muy grande.
Faltando 100 metros levanta sus brazos y lloraba tanto que sus lagrimas no lo dejaban ver el camino.
Llegando a la meta ve el reloj que marcaba 2:04:12 y su confusión aumentó, pero estaba disfrutando demasiado el momento como para ponerse a pensar en un récord mundial  y no le dio mayor importancia.
-          Lo estoy logrando- 
-          Y llego, y llego, y llego y terminé.- 
Se gritó a sí mismo cuando cruzó la meta, pero nadie se le acercó, en sus ojos estaba el gesto de sorpresa más grande que haya existido, y gritaba:
-          ¡He che acá estoy acabo de ganar!, terminé, che nena dame la medalla, un doctor, algún organizador me va a dar bola, ¿qué mierda esta pasando?
Lo ve al organizador y se le acerca
-          He Domingo, ¿qué pasa? gané y nadie me da bola –
El organizador estaba hablando por handy 
-          Hola  Carlos, decime como van las cosas- le pregunto al auxiliar.
-          Mira  el tipo estaba muerto cuando lo levantamos, aparentemente un paro cardíaco, ya lo llevaron para el hospital, pero no había nada que hacer.
-          Decime el número de la pechera.
-          Era el 1232.
Esto sonó a golpe en el mentón a Juanma, su estomago se hizo un nudo y todo se le puso de repente más claro, mientras caminaba entre los arboles como un zombie hacia ningún lado, la gente victoreaba la llegada del argentino sobrepasando a los keniatas en los últimos metros, pero ya nada le importaba, se sacó la remera y la tiró, empezó a correr y correr y correr.
Su remera había quedado extendida con el número hacia arriba, el número 1232.

 
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