REGALO DE NAVIDAD
20 de diciembre de 2003

MI ENCUENTRO CON DIOS
Ocurrió una noche de Septiembre mientras estaba compitiendo en una de las más hermosas carreras de Ultramaratón que existen en el mundo.

Mientras corría,... iba pensando que ya había pasado más de la mitad de la carrera y que las subidas que quedaban atrás habían sido lo más duro y difícil, pero todavía me aguardaba una sorpresa:  me faltaba escalar el Beys Lader, una cuesta empinada,... muy riesgosa,...con camino de cabras,... guiado por las cintas fosforescentes y el haz de luz de mi linterna que indicaban la ruta a seguir.

Iba yo disfrutando y escuchando el silencio de la noche, con una enorme luna que colgaba allí arriba de un hilo invisible y me iluminaba el camino, haciéndome sentir realmente feliz..., 
Pero también me sentía exhausto,... cansado,... y llegó un momento en que  creía que no podía más.

Comencé a ascender lenta y trabajosamente esa empinada cuesta,... delante de mí iban un atleta japonés y un francés,... en algún momento el francés se sentó y no quiso seguir más, traté de ayudarlo pero al mirar sus ojos noté su mirada extraña, no quería seguir,... me quité el chándal de lluvia que llevaba, lo arropé y lo dejé al pie de un árbol, le di unos caramelos y un trozo de chocolate, para que se alimentara hasta que llegaran de la organización a atenderlo, lo saludé y seguí,... mientras subía esa interminable pendiente le pedí a Dios que no me abandonara.

Comencé a pensar en Dios..., a pedirle que me ayude..., a sentirlo en forma intensa..., a rezar en voz alta.

En algún instante, tuve la impresión de que mi oración había pasado por si sola, por decirlo de alguna forma, de los labios a mi corazón.

Quiero decir que sentía, que mi corazón en sus pulsaciones, había comenzado a decir las palabras de mi oración en cada latido.

Dejé de rezar mis oraciones en voz alta...

Simplemente presté atención a lo que mi corazón decía...

Luego sentí algo así como... una sensación de dulce dolor en mi corazón y una fuerza intensa de amor en mis pensamientos hacia Él.

Era como si lo estuviera viendo,... me imaginaba a mí mismo abrazado a Él, besándole las manos tiernamente,...agradeciéndole con lagrimas de alegría, que hubiera permitido con su amor y su gracia hacia mí, lograr lo que me había propuesto,... correr y terminar esta prueba.

Sentí luego que llegó a mi corazón un calor misericordioso que me invadió todo el pecho,... y una sensación de paz me cubrió totalmente.

Cuando por fin llegué a la cima de aquella montaña, sentí una extraña sensación,... como una paz interior,... difícil de explicar.

Me pareció ver un brillo intenso muy cerca de mí, que envolvía una imagen borrosa... fue solo un segundo..., pero allí estaba.

Me pasé la mano por la cara para secar mi sudor pero noté que no estaba traspirando..., estaba llorando...

Mi respiración se hizo cada vez más acompasada,... poco a poco me fui tranquilizando,... en mi mente con más fuerza, estaba la seguridad de que una vez finalizado el descenso de esa ladera y llegar a NESTANI, que estaba muy cerca, ya nada podría detenerme y lograría finalizar la competencia.

Me sentía con una fuerza interior increíble...

Eran aproximadamente las 6 de la mañana cuando llegué a NESTANI, llevaba recorridos 175 kilómetros y hacía ya 23 horas que estaba corriendo,

Así fue mi encuentro con Dios...

En Grecia,... entre Nestaní y Tegea, en la cima del Monte Beys Lader,... en una hermosa noche del mes de Septiembre,... con la luna y las estrellas  como testigos,... mientras corría el Sparthatlon uniendo Atenas con Sparta, cubriendo 256 kilómetros,...cuando pensaba que no podía seguir más y había pasado ya el límite de lo humano.

Adalberto Maidana
(Ultramaratonista)
mumara@hotmail.com

 
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