Peliculas
El Abrazo Partido - 2003
Idioma original : Español
País de origen : Argentina
Director : Daniel Burman
Productor : BD Cine
Autor : Daniel Burman y Marcelo Birmajer
Duración : 99 minutos - Apta para todo público - Drama
Protagonistas : Daniel Hendler, Adriana Aizenberg, Sergio Boris,
Jorge D´Elía, Rosita Londner, Diego Korol, Silvina Bosco, Melina
Petriella, Atilio Pozzobón, Salo Pasik y Norman Erlich.
Resúmen
Una pelicula que relata la historia de un muchacho dentro del submundo que
es dentro de la Ciudad de Buenos Aires, el Barrio Comercial de Once.
Un lugar en donde conviven comunidades de diferentes partes del mundo en
donde predominan los judios, los coreanos y en menor cantidad otras
colectividades.
Nos vamos a limitar a la escena en la que tiene que ver nuestra
recomendación.
Las colectividades judias y las colectividades coreanas se preparan una
vez al año para una carrera, entrenan cada cual a su carrero estrella
(persona que lleva cajas de un lugar a otro con su carro). Ramón
representará a la colectividad judía y "El Peruano (un oriental) a
la colectividad coreana.
Lugar de encuentro Tucumán esquina Uriburu el domingo a las 9 de la
mañana.
Una carrera disputada con uñas y dientes en donde deberan recorrer una
distancia acompañados de sus carros con una carga que será equilibrada
por un juez (con balanza y todo).
Largada en bajada ambos con remeras con número. La finalidad : APOSTAR.
Simpática y divertida, mucho fervor de
parte de los que van a presenciar la competencia.
Muy buena pelicula, un poco lenta como es habitual en el cine argentino,
que trata de mostrar la realidad de mano de alguna historia pequeña en
particular.
Vale la pena escuchar la maravillosa voz de la actriz que hace de abuela
del personaje, Rosita Londner, una cantante que a pesar de su edad no a
perdido el brillo y lo demuestra en el cierre de la pelicula.
Comentario de una revista especializada
¿Qué significa ser joven, judío y nieto de inmigrantes en la
Argentina de hoy? ¿Cómo se construye, ya pasada la barrera de los 25 años,
la figura de un padre que abandonó a la familia cuando el hijo era apenas
un bebe para combatir en el ejército israelí? ¿Es un idealista al que
hay que comprender en su lucha por un objetivo "mayor" o un
cobarde que nunca regresó y lava sus pecados enviando un mísero cheque
mensual? ¿Es posible conservar y reafirmar la identidad en medio de la
crisis social, de la falta de oportunidades, del éxodo masivo, con la
culpa y la ausencia clavadas en el pecho?
Estos y otros interrogantes son los que
plantea "El abrazo partido", el cuarto y mejor largometraje de
Daniel Burman hasta la fecha. A los 30 años, el director de "Un
crisantemo estalla en Cincoesquinas", la promisoria "Esperando
al Mesías" y la fallida "Todas las azafatas van al cielo"
construye una película que mixtura con naturalidad, convicción y
bastante armonía situaciones disparatadas y melodramáticas para
convertirse en "el" exponente del tragicómico y agridulce humor
judío, una extraña rara avis del nuevo cine argentino que combina
llegada popular por la indudable emotividad de sus historias y una
sofisticación en la puesta en escena que puede convencer incluso a los
cinéfilos más exigentes.
Comparada -seguramente de manera
exagerada- con el cine de Woody Allen y de Nanni Moretti durante el
reciente Festival de Berlín (donde se consagró al ganar el premio
especial del jurado y el de mejor actor), "El abrazo partido" es
una exploración personal -por momentos visceral- que Burman y su
coguionista, el cotizado escritor Marcelo Birmajer, transformaron en un
conjunto de lúcidas y reconocibles miradas, viñetas y reflexiones sobre
la Argentina posterior al gobierno de la Alianza.
En el micromundo de "El abrazo
partido" (una decadente galería del barrio de Once con sus locales
que parecen anclados en el tiempo, su locutorio, su peluquería, su bar y
sus oscuras oficinas) conviven los exponentes de una Buenos Aires
cosmopolita y multicultural: judíos, italianos, "gallegos",
coreanos e inmigrantes latinoamericanos con sus costumbres, sus rituales,
sus pequeñas solidaridades y -también- sus patetismos y miserias a
cuestas.
Allí, en medio del ruido, el caos y el
agobio de la avenida Pueyrredón, aparece Ariel Makaroff (Daniel Hendler),
un joven que se debate entre ayudar a su conflictuada madre (Adriana
Aizenberg) en la penosa lencería femenina de la galería o conseguir el
pasaporte polaco que le permita emigrar a Europa.
Ariel está en medio de una crisis
generacional, familiar e íntima: las relaciones con su madre, su hermano
Joseph (Sergio Boris), su amigo Mitelman (Diego Korol), su amante (Silvina
Bosco) y el reencuentro con su ex novia (Melina Petriella) no hacen otra
cosa que amplificar el desconcierto, la melancolía y ese vacío
existencial cuyo eje es el omnipresente fantasma del padre que lo dejó y
que amenaza con volver en cualquier momento. Su único refugio parece ser
la figura de la abuela (un regreso a lo grande de ese mito de la canción
judía que es Rosita Londner), que no sólo le ofrece los papeles para que
consiga La nacionalidad polaca, sino también unos cuantos consejos y anécdotas
que pueden servirle para enderezar el rumbo.
En medio de un film intenso, honesto,
sensible y generalmente consistente, la decisión artística más
cuestionable de Burman surge a la hora de retratar el patetismo de los
fugaces encuentros sexuales del protagonista. Esos excesos costumbristas
(al borde de un grotesco que remite a los shows televisivos de Alberto
Olmedo) y la exageración de algunos diálogos y ciertos gags poco tienen
que ver con el tono más contenido del resto del relato.
Hendler -a estas alturas convertido en
indudable alter ego del director- encarna con su habitual apuesta por la
contención y por los pequeños matices al querible antihéroe de "El
abrazo partido", mientras que el notable trabajo de iluminación y cámara
-generalmente en mano- que ofrece Ramiro Civita (habitual colaborador de
Burman, Daniel Rosenfeld y Marco Bechis) tanto en las escenas de
interiores como en los superpoblados exteriores de Once es otro de los
picos de una película de indudable solidez formal.
Corrosiva y entrañable, accesible y
sutil a la vez, "El abrazo partido" es un film que sintoniza
-como pocos- con las sensaciones y el estado de las cosas en estos tiempos
tan cambiantes y contradictorios. No se trata, por cierto, de un logro
menor.
Recomendación para el espectador: no
deje de mirar antes de los créditos finales. Hay una pequeña sorpresa al
final que merece ser disfrutada.
IMAGENES DE LA PELICULA
Gerardo
Re
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