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Correr
es un arte
Dedicada a todos los seres sensibles que practican este fino arte.
¿Qué
es correr?
Algunas de las respuestas típicas a esta pregunta son:
Correr es un gesto natural: luego de aprender a caminar, aprendimos a
correr.
Correr es una habilidad motriz específica: es muy diferente correr en
forma atlética que hacerlo sólo para desplazarse más rápido.
Correr es un deporte cíclico: el gesto se repite una y otra vez a lo
largo del tiempo.
Para mí, en cambio, correr es un
arte.
Las siguientes son algunas
definiciones de el término arte
que encontré en algunos diccionarios:
“Ejercicio de las cualidades humanas no improvisado, sino preparado por
la asimilación de experiencias anteriores.
“Conjunto de normas y preceptos acumulados por la experiencia de varias
generaciones respecto de cualquier actividad humana.
“Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien alguna cosa.
Algunas teorías destacan el componente lúdico, no utilitario,
irracional, gratificador en si mismo del ejercicio artístico”.
Podemos ver como correr encaja
en cualquiera de estas definiciones. Personalmente me quedo con cuatro
conceptos de la última.
Lúdico: correr es como
un juego.
No utilitario: En el idioma japonés existe una palabra: mushotoku,
que significa sin afán de logro, libres de intención, sin espíritu de
provecho. Creo que esa es la forma más pura de correr. Cuando buscamos un
resultado, lo importante termina siendo el resultado y no lo que hacemos.
Cuando nos libramos de buscar la recompensa, el corredor se transforma en
un artista. Las marcas personales son sólo alimento para el ego. El
desprendimiento del ego, ese estado de “ausencia del Yo”, es la
experiencia más sublime para cualquier artista.
Irracional: ¿alguien se puede imaginar algo más irracional que
correr 42 Km?
Gratificador en sí mismo: así como un artista disfruta de la
ejecución de su obra, el corredor disfruta el correr por el simple hecho
de hacerlo, expresando lo mejor que tiene adentro.
Erich Fromm en su libro El
Arte de Amar menciona que para aprender un arte se necesitan 4 cosas:
Disciplina, concentración, paciencia y práctica. Para el arte de correr,
valen los mismos preceptos.
Disciplina:
obviamente se trata de una disciplina autoimpuesta. En las artes marciales
se emplea un término muy adecuado para ejemplificar dicha disciplina: shojin,
que significa el esfuerzo permanente, continuado, infinito. Sho
significa no mezclar ninguna ocupación en lo que uno está haciendo, es
decir concentración total. Jin
significa progreso, sin volver atrás, sin mirar a los lados, yendo
derecho.
Concentración: es una concentración en movimiento, siendo conscientes de cada gesto.
Cuando corremos, corremos.
Paciencia: “la paciencia es amarga pero su fruto es
dulce” reza un viejo proverbio oriental. Los progresos, si bien llevan
tiempo, vienen inexorablemente si le damos al entrenamiento la continuidad
adecuada.
Práctica: Práctica y repetición, como se aprende cualquier cosa.
Poniendo el cuerpo día tras día, para que cada célula de nuestro
organismo aprenda. Aristóteles en su libro Etica a Nicómaco dice: “somos
lo que hacemos día a día, por lo tanto la excelencia no es un don, sino
un hábito”.
Yo agrego una quinta:
Un maestro: Es casi
imposible aprender cualquier arte sin alguien que nos guíe. Los Sufis,
esos buscadores de la verdad, sostienen: “La
acción no puede tener lugar sin conocimiento. La acción es conocimiento
en operación. La acción correcta proviene del conocimiento correcto. El
conocimiento correcto se obtiene a través de un maestro”.
Por
otra parte. correr es una maravillosa oportunidad de ser íntimos con
nosotros mismos. Cuando corremos somos nosotros y nuestro instrumento, que
es nuestro cuerpo. También puede ayudar a tranquilizar la mente. Una parábola
oriental dice que la mente es como el agua, que cuando está en
movimiento, es decir saltando del pasado al futuro, sólo nos permite ver
imágenes difusas, en cambio, cuando se calma, vemos todo con gran
nitidez.
Correr no se trata sólo de dominar una técnica, ni sólo de estado físico,
sino ante todo puede permitir lograr armonía entre
el cuerpo y el espíritu. Cuerpo y espíritu formando una unidad, como una
hoja de papel donde cada cara es diferente de la otra pero no se las puede
separar.
Raúl Amil
25 de noviembre del 2002
Gracias Raúl por
compartir.
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