|
Hay que tener genes para ser atleta olímpico
Por Kristen Philipkoski
Los atletas y los entrenadores llevan largo tiempo creyendo que los corredores talentosos fueron bendecidos con genes excepcionales. Ahora, los científicos han identificado un gen específico que, según se cree, podría hacer que un corredor cruce la línea que separa un
desempeño bueno de uno excelente.
Obviamente se necesitan más que genes para lograr un atleta de elite, pero los científicos cada vez descubren más datos sobre cuánto inciden los genes en el desarrollo de una capacidad atlética superior.
Un grupo de científicos australianos estudiaron atletas del
Australian Institute of Sport
(Instituto Australiano del Deporte) de Canberra, que es un centro nacional de entrenamiento de atletas olímpicos. Los investigadores descubrieron que hay un gen, llamado alfa-actinina, que puede hacer que los corredores tengan un mayor rendimiento en velocidad o en resistencia, según la versión del gen que tengan.
"Cada vez hay más pruebas que señalan que existe una fuerte incidencia de los genes en el desempeño atlético y que existe un 'trueque' evolutivo entre las características de rendimiento de las actividades de velocidad y las de resistencia", señalaron los investigadores
informe
publicado en el número de American Journal of Human Genetics del 23 de julio.
Observaron que los velocistas por lo general tienen una versión del gen, la alfa-actinina-3 o ACTN3, mientras que los corredores de larga distancia tienden a tener una versión diferente, la ACTN2.
La neurogenetista
Kathryn North
y sus colegas de la
Universidad de Sydney
, en Australia, también observaron que en la mayoría de los casos los velocistas de elite tenían no una sino dos copias del gen alfa-actinina-3. El ACTN3 crea el código necesario para una proteína producida exclusivamente en las fibras musculares de "contracción rápida" -que obtienen su energía a partir de la glucosa y que son
esenciales para lograr potencia y velocidad-.
"Esto indicaría que la presencia de alfa-actinina-3 incide positivamente en la función de los músculos esqueléticos en cuanto a la generación de fuertes contracciones a alta velocidad, y brinda una ventaja evolutiva gracias a un mejor desempeño en la carrera de velocidad", escribieron los autores.
Los corredores de resistencia, por su parte, muchas veces tienen dos copias del ACTN2, que es el gen que crea el código necesario para la producción de una proteína que se genera exclusivamente en las fibras musculares de "contracción lenta". Los corredores de larga distancia por lo general tienen músculos
de contracción lenta. En lugar de glucosa, los músculos de contracción lenta consumen oxígeno, y son los responsables del ejercicio sostenido.
Pero para aquellos padres o entrenadores que quieren saber qué futuro tendrá un niño en el deporte, la respuesta no es tan
sencilla como un análisis genético.
Las correlaciones entre los genes y la capacidad atlética, o cualquier otra característica física resultante, no necesariamente indican una relación causa-efecto, señaló
R. Alta Charo
, profesora de derecho y bioética de la facultad de medicina y la facultad de derecho de la Universidad de Wisconsin.
Por ejemplo, Charo señaló que algún día se podría llegar a la conclusión de que los pelirrojos tienen piel más joven, pero porque son más dedicados a la hora de cuidarse del sol y usar pantalla solar. Pero eso no quiere decir que sus genes sean los responsables de que tengan una piel mejor: eso es producto de su
comportamiento.
"También en este caso no sólo se desconoce el papel relativo de los genes, la motivación, el entrenamiento y la dieta, sino que todo el efecto de los genes podría estar relacionado solamente en forma indirecta con los resultados", señaló Charo. "Un entrenador estaría cometiendo un acto de estupidez
y falta de ética si utiliza esa información preliminar y limitada para hacer valoraciones tan delicadas como éstas".
No obstante, los investigadores y los deportólogos pueden aprender de la información genética relacionada con la capacidad atlética, según lo señalado por Claude Bouchard, que cada año actualiza su "mapa del genoma del fitness", una base de datos que contiene información obtenida a través de las
investigaciones realizadas en torno a la capacidad atlética de los seres humanos.
En lugar de estudiar las enfermedades, como sucede en el caso del
Proyecto Genoma Humano
, Bouchard y sus colegas del
Pennington Biomedical Research Center
(Centro de Investigaciones Biomédicas de Pennington), ubicado en Baton Rouge, Louisiana, recaban información sobre los genes del fitness.
"Esta reseña aúna en una misma publicación los hallazgos diseminados en más de un centenar de informes", señaló Bouchard. "Ayuda a los científicos que trabajan en otras áreas de la genética a tener un rápido aunque amplio panorama del estado actual de este campo de la ciencia".
Esta información es útil para aquellos investigadores que quieren saber cuál es mecanismo que les permite a los seres humanos adaptarse al ejercicio regular y porqué el entrenamiento atlético es más efectivo en algunos individuos que en otros, señaló Bouchard.
Los mismos genes que desempeñan un papel fundamental en el rendimiento deportivo en ocasiones también traen aparejados algunos problemas salud crónicos tales como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la osteoporosis, la obesidad, etc. El contar con mayor información acerca de estos genes podría conducir
al logro de un método de prevención y, con el tiempo, a un tratamiento efectivo contra estas afecciones, señaló Bouchard.
Hace 10 años Bouchard comenzó a trabajar en un mapa genómico de la obesidad, y hace tres años eso derivó en el mapa del fitness,
publicado
en el número de agosto de Medicine and Science in Sports and Exercise. Todas aquellas personas que estén suscriptas a dicha publicación pueden acceder a ese mapa.
Este año se incorporaron veinte genes nuevos al mapa, entre ellos genes asociados con la "intolerancia al ejercicio", un problema que hace que la persona no pueda soportar una determinada cantidad de actividad física sostenida. También se incorporaron distintos genes asociados con la fuerza muscular, el
rendimiento muscular y la resistencia cadiorrespiratoria.
Varios estudios se centraron en el gen de la enzima conversora de la angiotensina (ACE), del cual aparentemente también hay distintas versiones según se trate de un corredor de velocidad o de resistencia. La forma I de este gen es más común en los velocistas, mientras que la forma D de este gen está asociada con los corredores de larga distancia.
Este año, un investigador descubrió que los pacientes que padecen insuficiencia cardíaca congestiva y tienen dos copias de la versión I del gen de la ACE tienen una mayor capacidad de ejercicio que aquellos que tienen la forma D, según la información suministrada por
Genome News Network
, una publicación online para investigadores del área de la genómica que pertenece al
The Institute for Genomic Research
(Instituto de Investigaciones Genómicas).
En otro estudio que involucró reclutas del ejército británico se observó que aquellos soldados que tenían dos copias de la forma I del gen de la ACE respondían mejor al entrenamiento.
Esta información probablemente no conducirá a atletas hechos a medida, según lo manifestado por Bouchard, quien señaló que aquel que esté soñando con crear su propio Carl Lewis va a tener que esperar sentado.
"No es una posibilidad que se esté barajando en este momento. Puede haber padres y entrenadores que estén soñando con una capacidad como esa", señaló. "Sin embargo, lo cierto es que esa posibilidad sigue siendo pura ciencia ficción".
Nota extraida del Wired News escrita por
Kristen Philipkoski
|