Hechos insólitos de los juegos de Estocolmo
Estocolmo, mayo a julio de 1912.
Los V Juegos Olímpicos presentan una serie de sucesos que los vuelven únicos.
En la maratón, disputada bajo sol candente, el portugués Lázaro se desvanece en plena prueba, es llevado de emergencia al hospital y fallece al día siguiente a causa de una insolación.
No sucede lo mismo con él, por fortuna, pero también el austríaco Slavik cae víctima de una insolación. Cuando despierta, dos días después en el hospital, quiere incorporarse para entrenar con miras a la prueba. Es necesario mostrarle un periódico para que acepte que la maratón fue ya disputada y que él estuvo en peligro de muerte.
Cuando menos él pudo competir…
Porque John Drew es golpeado por la discriminación. De él se dice que es el hombre más rápido del mundo. Pero es negro. El único negro de los cinco finalistas —en total son seis— de la prueba reina de los Juegos Olímpicos: los 100 metros planos. Su entrenador está seguro de que su formidable equipo ganará la medalla de oro, así que el día
de la final encierra a Drew en su habitación e informa a jueces y periodistas que el atleta tiene lesionado un talón y no podrá competir. "Casi prefiero a un extranjero como ganador, y no a un negro, aunque éste sea de mi equipo", ha dicho a sus pupilos.
En semifinales de la categoría de peso medio se produce el combate más largo en la historia de la lucha grecorromana: El ruso-estoniano Martin Klein y el finlandés Alfred Asikainen se enfrascan en un duelo feroz al aire libre y bajo un sol inclemente. La batalla se alarga hasta las once horas
—se suspende brevemente cada media hora para que los contendientes puedan refrescarse— y, finalmente, Klein emerge como el vencedor. Pero termina exhausto. Tanto, que no puede presentarse a pelear la final ante el sueco Claes Johansson, quien gana el oro por default.
Ese día de las finales en todos los pesos se produce otro capítulo similar: en peso semicompleto se enfrentan el sueco Anders Ahlgren y el finlandés Ivar Bohling, quienes, coincidentemente, han ganado sus seis combates anteriores en menos de 35 minutos. Ahora luchan hora tras hora hasta sumar nueve. Entonces, un oficial detiene las acciones y
declara empate. Y como el reglamento señala que cada lucha tiene que tener un ganador, en ésta hay, prácticamente, dos perdedores. Se produce entonces la polémica decisión: no hay ganador de medalla de oro, sino dos de plata.
Si el teniente coronel Patton finaliza quinto en pentatlón moderno, en la prueba clásica de pentatlón su compatriota Avery Brundage ocupa la misma posición. Y si Patton será héroe de guerra, Brundage será presidente del Comité Olímpico de Estados Unidos y, en 1952, del propio Comité Olímpico
Internacional. No tendrá muchos adeptos; se le considera pro nazi y como titular del COI negará el reconocimiento a Jim Thorpe que reclamaba la historia.
Ottho Herschmann se convierte en el único miembro de un comité olímpico -presidente del austriaco- en ganar una medalla: bronce en sable por equipos.
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